Y llegó el gran día; 21 de septiembre de 1997. ¡El día en que María descendió al Santuario Ciudad! Era un domingo fresco y con aroma a lluvia. Una llovizna tenue que refrescaba el alma… para que luego saliera tímidamente el sol, quizá por temor a importunar la presencia radiante y deslumbrante de ¡Nuestra Madre en toda Asunción!
Pero antes de seguir con el relato de ese día recordemos dos lemas que nos llevaron hasta ese día preciado, el del año 1996 que rezaba “Familia por tu santidad descienda María al Santuario Ciudad”. El trabajo fue arduo y la audacia única, ¡soñamos en grande y se nos dio en grande! Y el que correspondía al del año 1997 también apuntaba directamente a lo que vivimos ese 21 de setiembre hace 24 años: “Familia, por tu amor a María y a Cristo Eucaristía florezca una primavera de santidad”.
Todos ya estábamos de pie bien tempranito, corriendo de un lado a otro, nuestras hijas prestas para formar parte del coro y nuestro hijo mayor; vestido como para ir a una boda, a un encuentro importante y solemne. Salimos presurosos de la casa, ansiosos por llegar a la cita.
Nuestros corazones latían con mucha intensidad, sabíamos que no era un día cualquiera, que íbamos a volver a vivir algo solo igualable a la bendición del Santuario de Tupãrenda. Y percibimos que se nos volvía a dar la bendecida oportunidad de volver a tocar el cielo con nuestras manos.
La Celebración Eucarística se realizó en el local de Diesa (hoy Tigo en Mcal. López y San Martín), una vez terminada la ceremonia fuimos en peregrinación hasta el predio del Santuario Joven.
La MTA en andas, conducida por los jefes de la Juventud Femenina y la Juventud Masculina.
Un ramillete de jóvenes formaban el cordón de los 200 metros y María una vez más peregrinó sin dudar de la mano de éstos jóvenes que se atrevieron a soñar y a soñar en grande.
Luego de un sencillo y emotivo acto frente al Santuario Joven (en la explanada) y antes de entronizarla; levantan los jefes el cuadro de la MTA como queriendo elevarla hasta el cielo, el revoloteo de los pajarillos que anidaban en ambos árboles de frente al santuario y el canto de los mismos nos daba a entender que “había ángeles volando en ese lugar, en medio del pueblo y junto al altar”.
Vivir ése momento fue quizá el más sublime y conmovedor de toda la ceremonia en sí; llegó el momento de pedirla a Ella que descienda y lo hicimos entonando la canción: “Madre desciende”:
Madre desciende Reina del mundo ven Madre, ven
Toma morada entre tus hijos
desciende Madre, Reina fiel
Entronizaron a la MTA: Rocío Frutos (jefa de la JF) y Riki Rodríguez (jefe de la JM).
Acompañados de todos los sacerdotes celebrantes de tan memorable acontecimiento.
En nuestro corazón no cabía tanta gratitud por el gran regalo de un Santuario Joven en la ciudad, presto a acoger a partir de ese día con los brazos abiertos de norte a sur y de este a oeste a todos los jóvenes que se acercaran a él.
Al recordar éste hito en nuestra historia de Amor aún resuena en nuestros oídos y en nuestro corazón la emblemática canción que continúa así:
Mira a tus hijos quienes te aman
Ven Madre, ven
Danos a Cristo, fuente de vida
Desciende Madre, Reina fiel
Ven con nosotros, ven Victoriosa
Ven Madre, ven
Mándanos Reina a la conquista
Desciende Madre, Reina fiel



