Desde que comenzamos a conocer la historia del Movimiento de Schoenstatt nos cuentan que la antigua capillita, que en 1914 se convirtió en lo que los schoenstattianos llamamos el Santuario Original, estaba dedicada originalmente a San Miguel Arcángel. En este texto te queremos contar más al respecto.
A más de uno le habrá llamado la atención que entre los símbolos y santos conquistados para el santuario original, o los santuarios filiales, se encuentre la imagen de San Miguel, el arcángel que vence al demonio representado por un dragón. No caben dudas de que se trata de nuestro protector ante el enemigo, pero la explicación de su presencia va más allá de ser una “coincidencia” o algo que simplemente quedó allí sin explicación.
En el libro “Héroes de Fuego, ardieron hasta consumirse” del padre Jonathan Niehaus se menciona detalladamente este hecho particular. Se explica que el entonces director espiritual de los jóvenes seminaristas, P. José Kentenich, buscaba una capilla u oratorio que genere vínculos. La primera afiliación a la nueva congregación mariana fue la capilla de la casa, pero a los ojos del director espiritual la misma “no encajaba en el sano organismo de la juventud”. El joven sacerdote quería algo que a largo plazo pueda ser el punto central de una comunidad. “Los muchachos quieren algo que les pertenezca solo a ellos”, decía.
También probaron la capilla de la enfermería, pero al encontrarse dentro de la “Casa Nueva”, como llamaban al edificio del seminario, otros podían escuchar todo lo que se decía, fue por eso que se decidieron por la pequeña capilla que se encontraba en desuso en el valle. Esa capillita era antigua y estaba siendo utilizada como depósito de herramientas de jardín.
PROPUSIERON DEMOLER LA CAPILLA
El P. Kentenich pidió al provincial de los palotinos, el Padre Kolb, que le permitieran utilizarla para la naciente congregación mariana a su cargo, pero había muchas objeciones por el estado desatendido que tenía y por la lejana ubicación. El P. Kolb incluso recuerda que hubo gente que propuso derrumbar dicha capilla por el estado calamitoso, pero que él mismo se negó a hacerlo por la devoción a su santo patrono: San Miguel. Y debido a que dar permiso de restaurarla iba a generar un cierto honor a su patrono, lo permitió.
LA PRESENCIA DE SAN MIGUEL
En el mismo libro que citamos también se menciona que la pequeña capillita tenía un sentido específico y explica porqué fue edificada en honor al arcángel. Su historia se remonta siglos atrás porque la actual fue erigida sobre los cimientos de una capilla del viejo claustro en el lugar. El espacio que tenía alrededor se debía a que estaba ubicada en medio del cementerio del claustro y era en honor a San Miguel porque “fiel a la tradición alemana, el cementerio estaba adornado con una pequeña capilla dedicada a San Miguel, patrono de las almas que partían”, es decir, cumplía la misión que en la tradición paraguaya cumpliría la cruz mayor de un cementerio durante el último adiós a los difuntos.
LA ESTATUA SE ESTRELLÓ CONTRA EL SUELO
El 18 de octubre de 1914 solamente la estatua de San Miguel y un comulgatorio, que luego fue integrado al altar, eran los elementos originales de la antigua capilla que fueron testigos de la primera Alianza de Amor en ese lugar. En 1915 la Mater fue instalada en el centro y la imagen de San Miguel permaneció desde ese día a la izquierda del altar. Lamentablemente la estatua original de San Miguel que era de yeso se hizo añicos el 25 de agosto de 1984 cuando un clavo que sostenía a la misma cedió. La actual fue replicada por un artista palotino a fines de octubre de 1985 para permanecer en el mismo sitio que la original. La nueva se diferencia de la antigua por la armadura de San Miguel que actualmente están pintadas de plata y oro.
NUESTRO GUARDIÁN
Fue así que San Miguel estuvo en el Santuario de Schoenstatt antes de que se convierta en el Santuario de Schoenstatt y es testigo y “guardián del misterio de María”, como lo explica nuestro padre fundador en el libro Abba José: “Me imagino que San Miguel está ahí para decirnos que ninguna mano enemiga ha de atreverse a tocar el misterio de Schoenstatt, el misterio de María (en Schoenstatt)”


