«Siento que mi vínculo con Ella se afianzó con los años y más aún a partir del profundo dolor que tuve que atravesar»
La Mater se hizo presente en diferentes momentos de mi vida. Sin ser consciente de Su llamado ella estaba ahí, buscándome como Su aliada, queriendo conquistar mi corazón. No era cercana al Movimiento cuando la conocí, aunque siempre tuve muy presente en mi vida a la Virgen Santísima como Madre de Dios y Madre nuestra.
Con el correr del tiempo y ya formando una familia fuimos invitados, mi marido y yo, a formar parte del Movimiento Apostólico de Schoenstatt. En ese entonces no supe bien qué responder, pero mi esposo sin dudar me impulsó a que diéramos el “sí” pensando también que nuestra hija Sofía pudiera crecer con un ambiente espiritual más sólido. Desde entonces formamos un grupo de matrimonios con quienes nos sentimos realmente una familia y pudimos desarrollar vínculos fraternos.
Ya siendo parte del Movimiento nació nuestra segunda hija, Gianna, creció así nuestra familia en integrantes, en fe y amor a la Mater.
El 2017 fue un año difícil para mí y mi familia. Mi mamá estuvo aquejada por una enfermedad que nunca se determinó cuál fue, ella se internó y en cuestión de horas fue derivada a la unidad de terapia intensiva con diagnóstico reservado.
Estando en la sala de espera, llena de interrogantes sin respuestas, nos encontramos con una imagen de la Mater Peregrina, eso no fue una casualidad, Ella estaba ahí haciéndose presente con un propósito, fortalecernos en medio del dolor, darnos consuelo, y pude sentir que me decía “yo estoy aquí, no te preocupes”. Fue así como en esa espera tan difícil ella nos sostuvo y de manera especial acompañó a mi mamá. Le pedí una y otra vez que no la dejara sola, que la tomara de la mano todo el tiempo en medio de su sufrimiento, ya que físicamente ni yo ni mis hermanos podíamos estar cerca de ella. En esas horas de espera interminables; y con el transcurrir de las mismas pude sentir una carga muy pesada sobre mis hombros, pesada como una cruz, llevando el dolor y sufrimiento de mi mamá sobre mí. No dejé de pedir que se cumpla la voluntad del Señor en su vida -rezando la oración de confianza- y puedo dar fe que la Mater la acompañó hasta su último suspiro, llevándola en sus brazos al encuentro con el Señor.
En medio del dolor me fue difícil encontrar fortaleza, pero la presencia de la Mater marcó ese momento de mi vida y para siempre, Ella nos regala esperanza en medio del sufrimiento, nos reconforta, nos auxilia, nos acompaña. Siento que mi vínculo con Ella se afianzó con el paso de los años y más aún a partir de esta experiencia de profundo dolor que tuve que atravesar.
La partida de mi mamá fue muy dura, pero la acepté con el corazón confiado y aliado a la Mater, a quien tomo más que nunca como mi Madre y es a ella a quien acudo en los momentos que vivo día a día. En Ella en donde busco ser escuchada ante la ausencia física de mamá. De Ella aguardo esa palabra de aliento que mamá siempre me daba y sobre todo la fortaleza para seguir adelante, sembrando en mi familia esa fecunda semilla que puso en mí y en mis hermanos.


