¿Y por qué no dar mi vida por esto?

Ramón Vergara tiene 22 años y es la segunda vocación del Santuario Terruño de Ciudad del Este. Nos cuenta su testimonio y cómo fue el llamado de Dios en su vida. 

Lo más interesante de un llamado es siempre quien llama. Esto se puede ver en la vida de Simón al ser llamado por Jesús a ser un pescador de hombres. Dios es aquel que nos conoce perfectamente, con nuestros talentos y debilidades, con nuestras riquezas y pobrezas, nos llama a grandes cosas a pesar de la infinita pequeñez nuestra.

Esto es exactamente lo que paso en mi vida, no creo que exista algún momento clave en mi vida sino toda una historia entretejida de gracia que me fue guiando durante el peregrinar, por eso me gustaría narrar nuestra historia (la de Dios conmigo) valiéndome del evangelio donde Jesús llama a Simón.

Este pasaje evangélico empieza con un Simón bajoneado, que luego de la larga noche de fracasos, ve a un montón de gente que se reunía para escuchar a Jesús. Creo firmemente que así fue en mi vida, cuando entré a Schoenstatt en 2013, ahí descubrí un hogar y una familia que se reúne para escuchar a Jesús.

En Schoenstatt conocí a tantas personas que tenían la vida traspasada por Cristo y por su amor. Ellos fueron testimonios claros de que Dios sigue llamando y sigue actuando con nosotros y en nosotros. Podríamos citar al P. Kentenich, a José Engling, a la Mater y también podemos ver esta realidad en la vida de personas que lo dieron todo por el Reino como Hugo Romañash o Luis Alvarenga (ellos nos siguen acompañando con su capital de gracias desde el cielo) y no menos importante, vemos esta realidad en la vida de Lucas Zelada y la Hna. María Felicia.

Estos fuertes testimonios de amor a Schoenstatt, a la Mater y a Dios, fueron calando en mi corazón y fueron también preparando el espíritu para encontrarme con Jesús en mi historia de vida y en cada eucaristía; y así descubrir que Cristo nos llama a ir por encima de la chatura de lo cotidiano. Él le da un nuevo sentido a ir mar adentro (cosa que Pedro hacía constantemente) y ahí en la rutina de todos los días va obrando milagros, a partir de ese punto (el de descubrir a Dios en la vida de uno) todo cobra un sentido nuevo.

DESCUBRIR A DIOS EN LO COTIDIANO
Según este pasaje los peces eran tantos que las redes se rompían y entonces hizo seña a otros que estaban ahí para que lo ayuden y se llenaron las dos barcas. Esto nos enseña que la gracia de Dios en nosotros fue hecha para compartirla con los hermanos, compartirla en los ambientes de trabajo, en la JM, en el colegio, en la facultad, en la familia.

Este ir descubriendo a Dios en lo cotidiano y compartir la alegría de su presencia con todos me fue llenando de asombro y obviamente frente al «¿Y por qué no dar mi vida por esto?» Me llené de temor, la respuesta clara a esta pregunta es la misma que la de Simón. Una respuesta que deja bien en claro nuestra pequeñez, frente a la inmensidad de Dios, un completo «aceptar nuestra realidad». Sin embargo, la cosa no termina ahí para el cristiano… María nos enseña que «aceptar nuestra realidad» es algo necesario y también está el «aceptar la realidad de Dios» en nuestras vidas.

Todo este proceso me llevó mucho tiempo y en esto tuve un año de misión en Austin, donde pude descubrir la realidad de Dios en mi vida a lo largo de toda mi historia y descubrir que desde siempre me estuvo llamando. En ese momento la decisión era mucho más fácil… no desaparecieron los miedos ni tampoco las miserias pero ahora la mirada y el corazón estaban puestos en aquel que dice «no temas» ahí la cosa cambia. No estoy solo y el que me llama, busca sacar lo mejor de mi para compartirlo con todos, busca regalarse en mi vida a todos.

LA MISIÓN DE DIOS EN MI VIDA
Las palabras de Jesús «yo te haré pescador de hombres» nos muestra que Dios no nos llama a ser como otros o a seguir «esquemas de vida» Él, nos invita a una misión tan grande, nos llama a ser la «mejor versión de nosotros mismos».

Y ahí donde el aceptar nuestra realidad se confronta con el aceptar la realidad de Dios con nosotros, nuestra vida se transforma en la alegría de seguir a aquel que todo lo puede… la alegría de seguir a Jesús, quien nos llama y nos sigue llamando a ser Santos y así hacer presente a Dios en todos lados.

 

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