Compartimos una amena charla con Susana Espínola, orgullosa madre de la hermana Kathia y del padre Pablo Martínez.
Mi familia pertenece a una familia cristiana y mariana de tradición; bisabuela, abuela, mi mamá; y también yo, siguiendo la misma tradición. Mi abuela que vivió 105 años, pidió todos los días por vocaciones sacerdotales y consagradas, después siguió mi mamá, que vivió 93 años; y el resto de mi familia siguió esa misma tradición.
Mi abuela tuvo 16 hijos, 12 varones y 4 mujeres, y esperaba que alguno de sus hijos saliera sacerdote; ella expresaba: “Si mis hijos no salieron sacerdotes, saldrá de mis nietos o de mis bisnietos”. Tenía siempre esa esperanza, y seguía rezando. Lo mismo pasó con mi mamá, que tampoco le salieron hijos sacerdotes, tiene un hijo, que es diácono consagrado, mi hermano Pablo y padrino de mi hijo Pablo David, así que cuando él se ordenó, mi hermano estaba más emocionado que el padre.
En realidad, que eso lo hacían personalmente, nunca le dijo a mis hermanos, háganse sacerdotes, pero nosotros sabíamos que en casa se rezaba por las vocaciones sacerdotales y consagradas, es decir, Si Dios quería manifestarse llamando a alguno de ellos, estaba la disponibilidad interior y de la familia de acoger el llamado sin dramas.
Infancia feliz
Mis hijos crecieron todos en Schoenstatt, ellos no conocen otra cosa que la Mater, el Santuario; crecieron todos haciendo oraciones en el Santuario Hogar, pero en forma muy sencilla, no había obligaciones de hacer las oraciones en casa, se hacía, se invitaba, pero no se obligaba, a tal punto que los chicos decían, “Cortito nomás mamá, por favor, cortito nomás”; y a veces decíamos, “Hola Mater”, nos consagrábamos y ahí terminaba toda la oración. Así crecieron, escuchando que nosotros, sus papás, rezábamos, leíamos el evangelio.
Ellos eran muy amorosos, con la Mater, los cinco, porque tengo cinco diamantes, 4 varones y una niña. El mayor se llama Néstor José, el segundo Hugo Miguel, el tercero Fernando Daniel, la cuarta, la hermana Kathia y el quinto el padre Pablo. Ellos eran amorosísimos con la Mater, encontraban una flor y ya le traían, una piedrecita que era linda y les gustaba, “aquí te traigo Mater”, todo lo que encontraban era para la Mater y esa expresión sencilla de niños, yo creo que era agradable también a la Mater.
Teníamos en nuestra casa, un santuario especial, dónde era solamente para rezar y cantar, entonces, los chicos podrían expresarse cómo querían ahí y en tiempos de fiesta, como adviento, navidad, dormían junto al pesebre, ponían sus almohadas y dormían junto al niñito, al levantarse, sabían cualquier cantidad de villancicos, cantaban, rezaban a su manera y nosotros, quedábamos encantados, porque era sin obligaciones, eran expresiones espontáneas.
La vida en Schoenstatt
Como nosotros pertenecíamos a la obra familiar, los chicos cuando tenían 11, 12 años estaban en los grupos de chicos, la juventud masculina, la juventud femenina, después ya se encargaban de otros grupos, haciendo también apostolados; Schoenstatt era la vida de ellos, de los cinco, claro que, después cada uno tomó sus caminos; la primera en tomar su camino, fue la hermana Kathia, ingresó a la Universidad, para seguir licenciatura en Matemática, hizo hasta el segundo año y después me dijo: “Mami, yo no quiero seguir la universidad, yo quiero ser hermana de María”; a mí me costó mucho, porque ella era mi única nena, me costó mucho y costó mucho a sus hermanos también, pero bueno, siempre les dije a ellos que no me interpondría en la decisión vocacional que ellos tomarán, que estaría para apoyarles siempre.
En el 2002, el primero de mayo, ella inició su camino para ser hermana de María, con 19 años. De eso ya hace 16 años, y así pasó el tiempo, se casaron algunos de mis hijos. Pablo estaba haciendo la secundaria y eran muy compañeros con la hermana Kathia, conversaban muchísimo, eran muy amigos, con todos sus hermanos en verdad; ella era la que recogía todas las barbaridades y bromas que hacían los hermanos, con quién festejaban, si le gustaba o no le gustaba, todo dependía de si le gustaba a su hermana; porque ella siempre dijo y sus hermanos también, que ella era la princesa de la casa; en verdad sus hermanos la mimaban tanto que todo lo que ella quería, tenía que hacerse. Cuando se fue a la comunidad de las hermanas dijo: “Yo ya tuve familia hasta el fin de mi vida, con papás y hermanos que llenaron toda mi vida, llevo eso para siempre, sin que me haga falta absolutamente nada”.
“¡Qué vas a ser vos sacerdote!”
Pablo seguía en la secundaria y terminó en el 2004, en el colegio San Cristóbal, un chico muy dedicado al estudio, a los compañeros, obtuvo Medalla de Oro de su promoción y lo mismo la hermana Kathia, brillante los dos como estudiantes.
Un profesor le dijo a Pablo, “Yo creo que vos tenés que seguir ciencias económicas porque tenés pasta y me parece que vas a ser un buenísimo profesional».
Pero en el último día de clases se notó esa atracción por cosas diferentes, debían ir disfrazados, y él se vistió de sacerdote, tenía un alba de monaguillo, se puso una bufanda negra y llevó una biblia de casa, que había montones y así recorrieron todo el barrio. Y sus compañeros se mataban de risa, y le decían: “¡Qué vas a ser vos sacerdote!”.
Entre tanto, había sido conversaba con su hermana, entre ese 2004 y 2008, en que él empezó su noviciado, ellos conversaban sobre su vocación, yo no estaba enterada; por supuesto, yo muy respetuosa en ese sentido, les dejaba con mucha libertad.
Él ingresó a ciencias económicas, sin ningún drama, se matriculó me trajo su inscripción y me dijo: “Mirá mami, a mí no me cuesta ingresar a la universidad, pero no es esto lo que a mí me gusta, yo quiero ser padre de Schoenstatt”. Eso fue en el 2007, en el 2008 se iba a iniciar el noviciado y yo solo recuerdo cuando lo llevé a presentar en el santuario de Sión en Buenos Aires, el 24 de febrero del 2008, eran 9 jóvenes de la región del padre, entre ellos, él y otro chico que se llama Bruno Vaccotti que fueron de Paraguay, el resto era de Argentina; con el tiempo quedó él solito de Paraguay y de esos 9, quedan solo 3, que ya son todos sacerdotes.
Revisión de su vocación
Yo creo que habrán pasado muchas cosas en esos diez años de preparación al sacerdocio, tuvieron la gracia y el regalo que todo su curso fue de terciado a Schoenstatt en el 2014, el terciado es un tiempo especial de revisión de su vocación y de estudios especiales que hacen, entre 5 y 6 años, a él le tocó, justamente en el 2014, se fueron toditos para los primeros días de enero pero como era el centenario de la Alianza, se quedaron hasta octubre trabajando, él siempre dice que ese tiempo marcó totalmente su vida.
La hermana Kathia, también tenía su terciado en el 2014, pero era en agosto, sorpresivamente, cuando ella tenía todo preparado para venir, le llama la superiora y le dice, “Hermana, usted se va quedar hasta octubre”; así que se quedó trabajando también en Schoenstatt, ayudando mucho a los peregrinos, porque ella ya hablaba bien alemán y español.
Ambos, la hermana Kathia, el Padre Pablo, tuvieron encuentros en Schoenstatt y en Roma, en esos días tan especiales, hubo momentos muy gratos, muy lindos, que ellos tienen guardados en fotos.
La ordenación
En verdad, toda la familia acompañamos la ordenación de Pablo, felices en mi familia, nadie dijo qué lástima; todos estaban felices y agradecidos de que en la familia tuviéramos un sacerdote que justo se ordenó el 24 de junio de este 2018; así que tiene mucho a quien seguir; se llama Pablo, seguir a San Pablo como el máximo de los apóstoles del señor; se llama David, el predilecto de Dios, el rey David; se consagró sacerdote, el 24 de junio, el día de San Juan, el precursor del Señor, así que como diría yo, tiene muchos protectores para seguir al señor y asemejarse a él.
En la actualidad
El Padre Pablo actualmente está en la parroquia San José de Tucumán, todo el año 2018 va culminar trabajando en la parroquia con un párroco que se llama Jesús. La hermana Kathia trabaja aquí en Paraguay, es la asesora nacional de la juventud femenina, así que recorre todo el país, viendo un poco cómo anda la juventud femenina en el país, que ha crecido muchísimo, no se queda nunca.
Suele decir la hermana Kathia: “Donde Dios quiere tenerme, allí es donde estoy bien, trabajando y haciendo lo que conviene a la iglesia” y el padre Pablo lo mismo.
Gratitud inmensa
Puedo terminar diciendo que tengo una inmensa gratitud con el Señor, con la Mater, con el Padre Fundador, con toda la familia de Schoenstatt que acogió a la hermana Kathia, a la comunidad de los padres de Schoenstatt que acogió al padre Pablo David y entrego mi oración diaria por todos ellos.
No tengo otra cosa que hacer, solo agradecer, desde donde sale el sol, hasta el ocaso y por si fuera poco, desde el ocaso hasta donde vuelve a salir el sol, porque hay regalos que ni siquiera uno pide, son regalos que vienen del cielo, pura gracia, puro don, qué tenemos, que no hayamos recibido, y en este caso, si bien tengo lo que más quiere una mamá, cinco hijos sanos, grandes ya, tengo cinco nietos también, pero que haya llamado a dos de mis hijos a la vida consagrada no tiene precio, no tiene una palabra para agradecer, sino agradecer siempre, y de todas las maneras que uno puede porque si bien siempre pedí, vocaciones sacerdotales y consagradas, no era mi expectativa que yo tuviera una hija hermana de maría de Schoenstatt y un hijo sacerdote padre de Schoenstatt.
Cuando decidieron por la vida consagrada yo le dije a la Mater, bueno vos le estás llamando con Jesús, ya no quedan a mi cargo son total responsabilidad de ustedes, y a medida que se iban consagrando, solamente le pedí a la Mater y a Jesús que esa vocación sea plena y que sea para amar y servir a Dios y al prójimo y que sean lo más posible parecidos a ellos, a la Mater y a Jesús. Rezo por su fidelidad, perseverancia y por su alegría en la entrega, porque quién quiere hermanas o padres de cara larga, no van a atraer absolutamente almas para el Señor y para la Mater.


