El pasado mes de julio, tuve la oportunidad de escuchar una charla del Padre Alberto Eronti en un Retiro de Mujeres Profesionales, en Florencio Varela y en el posgustar me pareció interesante compartir algunas ideas que me llamaron la atención, muchas de ellas haciendo un paralelo con el momento de la Anunciación.
Para hacer más amena la lectura, organicé en 5 ideas centrales, las cuales marcarían un “ritmo” personalísimo para cada quien:
1) Las vibraciones de nuestro corazón
En el mundo que llevamos hoy, donde se presentan innumerables sucesos con personas, cosas o situaciones diariamente, a veces resulta difícil poder encontrar o identificar la voz de Dios.
Entonces, nos preguntamos: ¿Cómo sabemos que Dios nos habla?
“…María se turbó”. No le dio igual el saludo del ángel. María sintió una vibración diferente en su corazón, esa diferencia de compases que debemos respetar, meditar y “bailar” en nuestras vidas.
2) La armonía de María
Para diferenciar vibraciones diferentes, debemos estar atentos y entrar en la frecuencia de oración de María. Sin oración, es casi imposible decodificar los mensajes.
“…María meditó”. Ella guardaba todo en su corazón y meditaba, no era atolondrada!
Los procesos llevan tiempo, su tiempo. De ahí la importancia de mantenernos en armonía con cada ¡Hágase! que pronunciamos, sabiendo escuchar, preguntar con inteligencia (le hizo preguntas al ángel) y luego tomar una decisión.
3) El que armó el lío, que lo solucione
No siempre entendemos la voluntad de Dios. Pero en cada ¡Hágase! permitimos que Dios se haga vida en nosotros.
Se trata de abrirnos a la incomprensibilidad y confiar. Es estar seguros de que Dios tiene un plan perfecto y en sus tiempos y a su modo resolverá mucho mejor que nosotros todos los temas (y a veces es muy creativo ¿verdad?)
Es decir ante cada situación: “No te entiendo, pero digo sí”.
4) El amor lleva tiempo
Al igual que priorizamos nuestra agenda para estar con nuestros seres queridos, empaparnos de Dios no puede existir sin dedicarle tiempo.
Es darnos tiempo para serenarnos, para meditar y rezar, para hablar conmigo mismo y con él para irradiar algo de Dios. Pero, además, es caminar con él durante todo el día, como decía San Agustín: “Yo te buscaba fuera y tú estabas dentro de mí”.
5) Los ritos son necesarios (como diría El Principito)
Cada quien tiene una manera personal de llevar su Alianza y acercarse a la Mater y a Dios. En este proceso, es importante tener algunos ritos que nos sirvan de seguros para garantizar nuestra fidelidad. En este sentido, la gama es variada, desde momentos de oración de la mañana y noche, la eucaristía, reconciliación, como los medios de autoeducación que nos legó nuestro Padre Fundador. Cada quien pone su toque.
Finalizando, Dios nos habla, nos “anuncia” todos los días, a través de las voces del ser, del alma, de los tiempos. Pero Dios respeta nuestros tiempos, nuestros ritmos.
La clave estará en desarrollar una sensibilidad personal y un “kit” de seguros para reconocer cuando Dios habla en mi vida y como en una gran orquesta, saber “entrar” en los tiempos de Dios, viviendo nuestra vida al ritmo de la Alianza, como lo hiciera María.
Aprendamos a sintonizar nuestra vida a la voluntad de Dios y así vivir al ritmo de su amor.


