Homilía en la Misa correspondiente al Domingo XII durante el año y en el Día del Padre (Santuario Joven, Domingo 20 de Junio 2021) Queridos Hermanos: hoy celebramos este Día del Padre en Paraguay.
No es una festividad litúrgica, pero de todas maneras quería decir unas palabras por el Día del Padre. Se trata de una fecha que despierta en nosotros muchos sentimientos, emociones, recuerdos, vivencias…
1) En primer lugar los quiero invitar a que demos gracias. La Santa Misa es una gran oración de “acción de gracias”, eso significa la palabra “Eucaristía”. Queremos agradecer en primer lugar al Padre Dios, “de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra”, como nos dice San Pablo (Cfr. Ef 3,15). Queremos agradecerle porque Él nos creó y nos dio la existencia, queremos agradecerle porque Él nos dio su tesoro, su regalo más grande: su Hijo Unigénito. Jesús es el don del Padre que nos vuelve a dar en cada santa misa. El Padre Dios nos provee de todo lo necesario para nuestra vida, nos alimenta, “con el Pan de cada día”, que es sobre todo Jesús, el Pan Vivo, la Palabra hecha carne. Le agradecemos al Padre Providente porque nos bendice cada día, porque cuida de nosotros, con ternura, con misericordia.
Como nos enseña Jesús en el Evangelio: ¡Si hasta de los pajaritos más ínfimos el Padre se preocupa y está pendiente! ¡Mucho más de nosotros que somos sus hijos amados! (cfr Mt 10,29-31; y también Mt 6,26-27). Estas palabras de Jesús, en estos tiempos de pandemia en que estamos preocupados, vivimos con miedo, nos invitan a la confianza. Lo mismo nos dice hoy en su Palabra. Nos invita a no tener miedo, a tener una fe que sea mas grande que nuestros temores: “¡No tengan miedo! ¿Cómo no tienen fe?” (Mc 4,40). Jesús nos vino a enseñar y manifestar un Padre que nos cuida y nos ama infinitamente.
2) Queremos agradecer hoy también por nuestros propios papás… (los invito a pensar brevemente en ellos en este instante…). Queremos agradecerles por habernos engendrado, por habernos dado su amor, su entrega y ejemplo, por habernos educado, por habernos transmitido la fe…queremos agradecer por todo el sacrificio que hacen y han hecho (y harán) por nosotros. El 4º mandamiento nos manda honrar, amar, respetar a nuestros padres. A los que tienen sus papás aún en esta tierra (seguramente lo habrán hecho ya hoy)… ustedes les habrán expresado el cariño y la gratitud con un regalo, un gesto, un abrazo, una llamada… ojalá que esto sea mucho mas frecuente que una vez al año y que nunca sea tarde para expresarle a papá lo mucho que lo queremos y le debemos…
– Para los que tienen ya el papá en la eternidad (pienso en este año de pandemia ¡Cuántos han perdido a sus propios padres!); este día es una ocasión para rezar por ellos, -y la misa es la oración más importante- para recordarlos, y para agradecer por el tiempo que los pudimos tener con nosotros en esta tierra, por todo lo que nos dieron y amaron… Sabiendo, como cristianos que somos, que nos espera, confiando en la Gracia divina, un reencuentro definitivo con ellos en el cielo. La muerte es un paso, doloroso sí, pero no es lo último ni lo definitivo.
– Ahora, también queremos agradecer por aquellas personas que en nuestra vida han ejercido un rol paternal: abuelos, tíos, maestros, sacerdotes, educadores, médicos. En la hermosa carta del Papa Francisco, Patris Corde, dedicada a San José, ejemplo y modelo de paternidad, nos dice el Papa: “nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él” (PC pág. 37).
– Seguramente, al recordar o pensar en nuestros padres, en alguno de ustedes, pueden surgir sentimientos encontrados: dolor, tristeza, rencor, ira… (quizás algunas heridas que tenga dentro mío, sean fruto y consecuencias de la mala relación que he tenido con mi papá o de la falta de relación, de su ausencia). ¡Cuántos casos tenemos en nuestro país de niños/as que nacen y crecen sin padre. Ellos los engendran y luego se olvidan de ellos de por vida… Ninguno de nuestros padres es santo, y seguramente han cometido errores, pecados, se han equivocado, como nosotros también… En un día como hoy queremos también rezar y pedir por ellos… queremos también pedir la gracia del espíritu santo para que podamos perdonar y comprender. Sabemos que el perdón y la reconciliación tienen una fuerza sanadora muy grande.
3) Para todos aquellos que están acá y que ya son padres -además de felicitarlos- los animo a que den gracias al Padre Creador por el don de ser padres. Es un regalo de Dios y una maravilla del milagro de la vida poder ser “papá”. Pero, como repetía el P Kentenich, “los dones son también tareas”, son responsabilidades. Ser padre hoy en día es un gran y hermoso desafío, pero también una gran responsabilidad. Por vocación, ustedes están llamados a ser un “reflejo” de la Paternidad de Dios, nada más ni nada menos. Deben ser un “transparente”, un “instrumento” de la Bondad del Padre Dios.
Por eso, su tarea, no se limita solo a darles a sus hijos lo necesario para que puedan vivir y desarrollarse en la vida. El amor del padre implica esa entrega cotidiana también para servir, escuchar, educar, formar, corregir, estimular, acompañar, a sus hijos… y su tarea de ser papás no se termina cuando sus hijos sean grandes y se vayan de casa. ¡Uno no se jubila nunca de ser papá! ¡Es para siempre! Esta vocación es hasta el final de la vida… y es más, hasta el cielo… la meta última es poder reunirnos todos en la casa del Padre Dios para siempre… recién ahí podrán decir: “misión cumplida”. Por eso, la tarea de ser padres, implica también “engendrar” a sus hijos en la fe y para Dios, para la vida eterna.
4) Nuestro Paraguay necesita urgente tener verdaderos “Padres”. Vemos tantos niños sin papás… tantos niños abandonados, víctimas de violencia, abusados… criados por abuelas, por madres solteras… por madres adolescentes. Hay demasiados progenitores… personas que engendran…pero son pocos los Padres, que amen en serio, que se hacen cargo de sus hijos, que los eduquen, que se esfuercen en ser ejemplos de vida para ellos, que sean fieles, que mueran a sí mismos por sus hijos.
Necesitamos también que los que gobiernan y conducen el país sean verdaderos “padres”: que no se aprovechen del pueblo, que no esquilmen a las ovejas y las usen para sus fines egoístas, sino que les den vida, que sirvan desinteresadamente, que nos cuiden. Necesitamos políticos, funcionarios, legisladores que no usen el poder para enriquecerse, sino para servir a los demás, en especial, para los que más sufren y están peores condiciones en este tiempo de pandemia. Tampoco queremos políticos “padres ausentes”. Ayer el Papa Francisco declaró “venerable” (un paso anterior a ser beatificado), a Robert Schuman, un político francés, uno de los 4 “padres” que fundaron la actual Unión Europea. El vivió su vocación política como una verdadera paternidad y entrega por su pueblo. Asimismo, el año pasado, se declaró venerable a Enrique Shaw, empresario y padre de 8 hijos, ejemplo de esposo, padre y profesional… Son estrellas, futuros santos laicales que nos marcan el camino…
– El Papa Francisco, en la Exhortación “Gaudete et Exsultate” nos recuerda que la paternidad es un verdadero camino de santidad: “¿Sos padre, abuela, abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renuncia a tus intereses personales” (GEnº14). Vivir, ejercer la paternidad/maternidad es un verdadero camino de santidad, de crecimiento, para poder de esa forma hacerte cada vez mas semejante a Jesús, que no “vino a ser servido, sino a servir y dar la vida” (cfr. Mc 10,45) y que nos mostró con su amor incondicional el rostro del Padre: “Quien me ve a mi, ve al Padre” (Jn 14,9).
En este contexto, en este año de San José, creo que es bueno tomarlo a José como modelo y ejemplo de “padre”. Si bien él no engendró biológicamente a Jesús ni tuvo otros hijos biológicos, por su opción por una vida casta y virginal con María para toda la vida, vivió una verdadera paternidad incluso hacia todos nosotros. La paternidad espiritual es muy fecunda. Asimismo, como schoenstatteanos, queremos hoy agradecer por la persona de nuestro padre y fundador el Padre José Kentenich, elegido por Dios para ser “padre” de una gran familia que está en muchos países del mundo y padre para todos nosotros. Con sus palabras, digamos juntos: “A Dios, el Padre, de quien proviene toda paternidad en el cielo y en la tierra, le damos honor y gloria, por los siglos de los siglos”.
Amén.


