Uno con Cristo

El viernes 21 de junio comenzamos rezando en la capilla en Florencio Varela, como todos los días de nuestro retiro con los padres y seminaristas.

A los pocos segundos de entrar me di cuenta que la foto de James, como le decíamos a Christian Abud, estaba en el altar con una vela encendida. Esto no era raro, desde que le diagnosticaron leucemia tres años atrás, en muchas de nuestras casas solía haber alguna foto de él para recordarlo en la oración.

Me alegró verlo en el altar, porque el día anterior nos enteramos de que al día siguiente iba a realizar su Consagración Perpetua a nuestra comunidad. Sin embargo, mi alegría por la consagración se apagó al escuchar a un padre decir: los invito a rezar por el alma de nuestro amigo James que partió a la casa del Padre.

No lo podía entender, se suponía que no era el momento. Si bien, una semana atrás James había vuelto a su país, Chile, para recibir cuidados paliativos, no me imaginaba un desenlace tan pronto y antes de la anhelada consagración.

No hay teología ni estudio que explique el misterio, porque justamente eso es la partida de un ser querido. Simplemente llorar… como Jesús cuando murió su amigo Lázaro. Era lo único que hacia sentido frente a tantas preguntas que surgen queriendo entender y expresar el enojo frente al dolor. ¿Por qué tenía que ser él que pintaba ser un gran cura? ¿Por qué si hace tres años no dejamos de rezar por él? ¿Por qué si faltan tantos curas? ¿Por qué no se pudo sanar?

Me daba cuenta que estas preguntas no me llevaban a ninguna parte. Al finalizar la oración, un Padre que estaba al lado mío al verme triste me preguntó si era muy cercano. No supe que decirle, la verdad es que no éramos de los más cercanos ni amigos, alcanzamos a vivir juntos 6 meses en el Colegio Mayor antes de su enfermedad, y sin embargo James tenía esa capacidad de hacerte sentir su amigo. Lo mismo dijeron muchísimas personas que estuvieron aquel sábado en su funeral a la misma hora que iba a ser su Consagración Perpetua y que evidentemente hizo de modo pleno.

Algunos tenían la pregunta de por qué no se ordenaba sacerdote, siendo que está contemplado esta posibilidad en seminaristas con enfermedades de este tipo. Me admiró escuchar lo que él pensaba al respecto y creo que refleja mucho de lo que llevaba en su corazón y su vocación: Simplemente que no estaba en condiciones de servir y así entendía la razón de ser del ministerio, para los demás.

Nos une la generación y compartir el anhelo de un sacerdocio para el tiempo de hoy, que refleje a Jesús sencillo, cercano, alegre. Nos unió la cruz de tu enfermedad, tres años de lucha, de oración y capitales de gracias.  Nos une el ideal de Sión. Gracias James por tu testimonio de amistad con Jesús que nos dejas. Estoy seguro que desde arriba con Jesús, nos vas a acompañar para que cada día nos unamos más con Él.

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