Una misa de dos años

Los novicios que se encontraban en Tupãrenda van culminando sus estudios luego de dos años. Este es el testimonio de uno de los tres paraguayos en el noviciado que seguirán sus estudios en Chile, para él este tiempo fue como una gran misa y nos explica por qué.

Este periodo de noviciado que vamos culminando lo hemos iniciado en el año 2017. El primer tiempo  fue marcado por el paso que significó partir de nuestras casas, de nuestras patrias y para algunos viajar por continentes,  el primer signo concreto para responder al llamado de seguirlo a Jesús en la comunidad de los Padres de Schoenstatt.

La gran procesión inicial fue el punto de partida, donde uno se encuentra acompañado por muchos hermanos y se dirige hacia el inicio de una gran celebración, en mi caso una procesión no muy distante, a diferencia algunos hermanos que tuvieron que venir de otros países o inclusive cruzaron continentes, pero sin dudas a un lugar marcadamente distinto del origen.

El inicio del noviciado al igual que al inicio de la misa empezó tomando un lugar y desde allí, nos encontramos ante el rostro de María, ante su presencia, con la certeza de saberse cobijado y  la alegría por su incondicional compañía, Ella me va a guiar en cada paso que dé.

Los siguientes meses fueron un tiempo de descubrir de manera muy concreta la misericordia de Dios, de sentir su predilección y dejarse revestirse por Él, una gran misa donde cada uno se presentó con el deseo de encontrarse con Dios y con el corazón lleno de intenciones y anhelos para lo que se vendrá.

El tiempo de escuchar la voz del Señor nuestro Dios. En el desarrollo de esta etapa y de esta gran misa que fue el noviciado, fue tarea central para cada uno de nosotros, encontrar y escuchar donde se lo oye a Dios, reconocer su voz, afinar los oídos del alma para junto con Él ir descubriendo su voluntad, ir escuchando el evangelio de nuestras vidas, contemplar al igual que los discípulos de Emaús su presencia en todo nuestro caminar, descubrir al igual que María su paso de amor por nuestra historia personal y pronunciar un “sí” alegre, que expresa disposición total e indivisa.

El tiempo de presentar nuestros dones fue la práctica social, indudable periodo de ofrecimiento, de acercar nuestros dones al altar a través del servicio concreto a determinadas personas con distintos tipos de situaciones. Asilo de ancianos en Ciudad del Este (Paraguay) y Santa María (Brasil), hospitales pediátricos en Resistencia y Mendoza (Argentina)  hospitales regionales en San Luis y Mar del Plata (Argentina) fueron nuestros grandes escenarios para entregar y ofrecer a Dios y a la Mater todo nuestro esfuerzo cotidiano y el de quienes nos acompañaron en este ciclo.

Permanecer ante la presencia de Dios, estar en constante comunión con Él, sentir su cercanía, reconocer su voz, discernir su voluntad, recibir y regalar la paz que proviene del encuentro con Jesús y María, reconocerlos en los hermanos de curso y en la comunidad, fueron las dinámicas de esta gran misa que fue la etapa de noviciado.

Como buenos hijos de María esta gran misa concluyó con una consagración a Ella, la reina de nuestra vocación y de nuestras vidas, volviendo a mirarla y dando un paso adelante, disponiendo todo nuestro ser en sus manos diciendo como al inicio un fuerte y claro ¡Aquí estoy!

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