“Cuando el Esposo me invite a las bodas y en el cielo me colme de amor; cuando la Madre con orgullo guíe hasta el Padre a su hijo, que en la tierra le causó a él tanta alegría, entonces mi alianza suscitará todas mis fuerzas diciéndome: ¡Ha llegado la hora de tu amor!” (Hacia el Padre estrofa Nº 599).
Estas estrofas escritas por nuestro querido Padre Fundador se hacían realidad hace 52 años atrás… Inmediatamente después de celebrar la Eucaristía, que es un anticipo en la tierra de las bodas eternas, el Padre caía desplomado en la sacristía de la Iglesia de la Adoración. Había llegado su última hora, la hora del amor definitivo, la hora de partir a la eternidad después de una larga, probada, santa y fecunda vida sacerdotal.
Las palabras tan hermosas que escuchamos en el Evangelio de hoy (15 septiembre 2020, Santuario Joven), “ahí tienes a tu Madre”, “ahí tienes a tu hijo” (Cfr. Jn 19,25-27) seguramente, Jesús se las dirigía a María y al Padre José personalmente en el Cielo: ¡Para siempre juntos, después de haber vivido en Alianza de Amor durante toda la vida en la tierra!
Hace semanas atrás, como todos sabemos, salieron en los medios, falsas acusaciones referidas a nuestro Padre, que manchan su integridad y su reputación. Ya sabemos que eso mismo él tuvo que sufrirlo en vida. Y ahora nuevamente, después de tantos años de su muerte, su persona, y también su obra y su familia son puestos en tela de juicio injustamente. Todos sabemos las repercusiones y lo que hemos vivido y estamos viviendo como familia internacional con todo esto. Por eso mismo, hace semanas atrás, como Central Nacional de Asesores, en conjunto con la Presidencia Nacional, decidimos congregarnos en este día 15 de septiembre como Familia Nacional para celebrar juntos la Eucaristía y hacer un acto de compromiso.
Si bien, aquí, por causa de las medidas sanitarias, somos pocos, hemos hecho la invitación a todos los hermanos en la Alianza de todo el país, y sabemos que están aquí espiritualmente y nos siguen por medio de los medios de comunicación. Aquí, en el Santuario, la Mater, nuestra Reina, nos reúne; aquí también, el Padre nos reúne: hoy especialmente somos “Cor Unum in Patre”, “Un solo corazón en el Padre”, miembros de las diferentes comunidades, estamentos, ramas que representan a todos los hermanos del país. Hoy, como familia del Padre, hermanos y hermanas en la Alianza, nos congregamos en esta celebración.
Queridos hermanos, tanto la Santa Misa como el acto que haremos luego quiere ser un acto de compromiso con nuestra Madre y Reina de asumir la misión del Padre. Al término de la misa, haremos una cadena viva alrededor del santuario (en ella están escritos los nombres de numerosos hijos del Padre, no solo de aquí de Paraguay, sino también de otros países del mundo que han querido hacerse presente en este acto de compromiso de la familia paraguaya).
Este gesto simbólico, se ha hecho en numerosas ocasiones en la Historia de la Familia desde 1939 que fue la primera vez. Es un gesto que pone de manifiesto nuestra entrega y fidelidad a la Mater y a la Misión. El Padre decía en 1950: “¡Sean mis guardianes de honor, más exactamente, sean guardianes de honor de mi pequeño santuario! ¿Qué es lo que la Madre de Dios espera de ustedes? ¿Están dispuestos a incluirse en las filas de aquellos que están rodeando el Santuario? Así está ante nosotros el alto ideal; el ideal nos une a todos: estar juntos eslabón en eslabón, como guardianes y guardianas de nuestro Santuario… Como un anillo sagrado hemos rodeado el Santuario. El hecho nos recuerda espontáneamente la guardia del Santuario de aquel año. Todos aquellos que en tiempos y generaciones venideras rodeen el Santuario, quieren entregar todo a fin de que la alianza de amor se propague, se haga vida en el mundo. Así queremos terminar nuestro pequeño acto con la promesa de fidelidad: Quedamos en eso.
Queridos hermanos en la alianza. El gesto, la cadena viva en torno al Santuario que haremos hoy, tiene un profundo valor simbólico:
a) Queremos expresar que nos comprometemos a poner nuestras vidas a disposición de nuestra Madre y Reina. A Ella le hemos consagrado nuestras vidas. Le pertenecemos en el tiempo y en la eternidad. Somos sus instrumentos y estamos dispuestos, como decía el P.J.K, a “entregarlo todo para que la Alianza de Amor se propague y se haga vida en el mundo entero”. Y lo hacemos desde aquí, desde el Santuario, que es el lugar donde recibimos las gracias que necesitamos para vivir con magnanimidad la Alianza de Amor.
b) Queremos expresar también, que somos familia, que somos hermanos. Todo lo que estamos viviendo con nuestro Padre nos hace tomar conciencia que todos, con la propia originalidad y vida de las comunidades, conformamos esta rica y fecunda familia del Padre. El hecho de hacer una cadena viva en torno al Santuario y de comprometernos a asumir la Misión, nos hace crecer en la conciencia que somos verdaderamente hermanos; que estamos unidos los unos a los otros; que somos responsables y solidarios los unos por los otros; que juntos, colaborando todos, asumimos la gran misión del Padre. Dentro de unos días, el Papa Francisco publicará su nueva encíclica, que se llamará “Tutti fratelli”, “todos hermanos”. Hoy, con esta cadena viva, con este acto de compromiso, más que nunca nos alegramos de ser familia y nos comprometemos con actos concretos a serlo cada vez más. ¡Con unum in Patre! Como corazón de América, estamos llamados a vivir una fraternidad cada vez mas concreta y cordial e irradiar esta calidez del corazón a todos.
c) Queremos expresar también con este acto que deseamos liberar al Padre, queremos que sea “rescatado” nuevamente. El decía en 1945: “mi tarea aún no está concluida. Tiene pues un sentido dejarme rodear en el Santuario …aún falta mucho para que sea pagado el precio de rescate… rodear el Santuario tiene un sentido, aún no ha cumplido su misión”. Queremos “rescatar” a nuestro Padre de estas falsas acusaciones y sombras, con nuestra propia vida de santidad, con nuestro testimonio de vida, como hijos espirituales de él. Es más urgente hoy, que años atrás cuando nos los dijo San Juan Pablo II, el llamado y el desafío a “canonizar” al Padre con nuestra coherencia y santidad de vida, según el estado y vocación de cada uno de nosotros. Queremos rescatar al Padre entregando y compartiendo su carisma tan rico, su espiritualidad, su pedagogía y su mensaje profético para el tiempo de hoy.
d) Con este acto, con esta cadena viva, queremos expresar también que asumimos la misión de nuestro Padre de amar a la Iglesia. En su tumba, él quiso que se coloque la frase: “Dilexit Ecclesiam” (Ef 5,25) Es la frase de San Pablo en la que él habla de Jesús que amó a su Iglesia hasta dar la vida por ella. El Padre nos mostró con su vida el amor extraordinario a la Iglesia de Jesucristo. Un amor que lo llevó hasta la cima de la cruz, como es todo amor verdadero. La Iglesia es nuestra Madre, y estamos llamados a amarla, a enriquecerla, servirla, hacerla crecer con la originalidad y riqueza del carisma de nuestro fundador. Por eso, decimos: ¡Sí Padre, vamos contigo.
e) Queremos expresar también nuestro compromiso por evangelizar, por misionar, por llevar la fuerza transformadora del Evangelio de Cristo por todas partes. Nuestro Padre fue un gran apóstol de María. Desde el Santuario, que es un Cenáculo para nosotros, queremos comprometernos a ser los misioneros y apóstoles que la Mater necesita hoy.
f) Con este acto de compromiso, finalmente, queremos expresar que estamos dispuestos a ser constructores y forjadores de la Nación de Dios. En una parte de la oración del rito de compromiso dice lo siguiente: “Como Familia de Schoenstatt del Paraguay, y unidos espiritualmente a todos nuestros hermanos a lo ancho del mundo, queremos renovar nuestro Sí a la misión de Schoenstatt, tal como nos la confías a través de nuestro Padre y Fundador. Unidos a él, siendo un solo corazón en el corazón del Padre, renovamos nuestro compromiso en la construcción de la Nación de Dios”.
Sí, nos comprometemos a ser instrumentos, en la manos de nuestra Reina para que Ella pueda forjar un Paraguay que sea Nación de Dios. Estamos viviendo momentos difíciles, por la pandemia del covid-19 y también por la situación social que atravesamos. Hay muchas cosas que nos duelen y preocupan, nos interpelan. Como esa antigua oración, queremos pedirle a “María y Jesús que desciendan a los caminos de nuestra Patria, para que siguiendo sus huellas, encuentre la paz duradera y estable” (cfr. HP nº 628). Pero para ello, María necesita que nos entreguemos a ella como instrumentos, para poder ser agentes de cambio y constructores de un nuevo Paraguay. Ella necesita que le demos el corazón sin reservas. ¡La Mater necesita de cada uno de nosotros! ¡El Padre nos necesita!
En el rito que haremos luego, renovaremos la Alianza con la Mater y le diremos también a nuestro Padre, todos juntos, como su familia: ¡Sí Padre, vamos contigo! ¡Contá con nosotros! Tu misión, es nuestra misión. Y cantaremos todos juntos:
Neike pa’i José! (Vamos padre José)
Ore pytyvo ha orembo’e (Ayúdanos y enséñanos)
Toromopu’a yvate (Para levantar en alto)
Petei Paraguay Pyahu (Un Paraguay nuevo)
Omimbipane akoiete Kuarahy jajai ha mborayhu (Donde resplandezca por siempre el sol y el amor)
¡Neike Pai Jose! ¡Si Padre, vamos contigo!


