Un fin de semana en comunidad

Durante el retiro anual de la Federación, uno de los puntos tratados fue la “Comunidad” y como fortalecerla. Entre los ejemplos dados por nuestro asesor, a cargo del retiro, el P. Alfredo; varios escuchamos: “campamento anual de curso”.

Sin duda a más de alguno nos captó la atención, pero fue una hermana de curso, ex jefa scout, quien de manera particular; motivada obviamente por la Divina Providencia, quiso concretar la idea del campamento. En espíritu comunitario armó un equipo de trabajo para organizar todo de la mejor manera.

La idea era darle un espacio principal a nuestros hijos, un lugar en donde ellos fueran los protagonistas.

Ya de entrada, fue difícil hallar la fecha ideal, en la que todos los hermanos pudiéramos estar. Esto ocurre cuando llega fin de año, más aún si se trata de todo un fin de semana. Medio que democráticamente, y no tanto, se decidió por el sábado 30 de noviembre al 1 de Diciembre, en que la mayoría podía.

El equipo organizador se reunió un par de veces, y se asentaron los lineamientos bases, tales como: costo austero; respeto a los horarios y llamados; espíritu colaborativo; cuidado de los hijos.

EN CAMPING

Fuimos llegando el día y a la hora establecida con una alegría diferente, que se sentía mientras todos nos ayudábamos en el armado de nuestras carpas. La Mater y el Padre José también tuvieron su rincón propio, así como un capitalario preparado especialmente para la ocasión.

Oficialmente se inició con la explicación del cronograma de actividades, izamos el pabellón patrio al son de la melodía de guitarra eléctrica del himno nacional y una espontanea oración comunitaria, agradeciendo y consagrando el fin de semana a la Mater.

Hasta ese momento, el clima para nada era una preocupación; era un hermoso día soleado, caluroso. Habíamos podido empezar con algunos bailes y juegos, y aprovechamos para refrescarnos en la piscina jugando marco-polo.

Como es Dios, que en su sabiduría siempre nos quiere enseñar alguna cosa, y también en la vida sabemos que las cosas pueden cambiar de un momento a otro, así también el sol se puede nublar y dar lugar a una tormenta.

Y es lo que ocurrió al llegar la noche; las carpas fueron puestas a prueba, de las seis instaladas solo una no se alagó por dentro!. Corrimos, ayudándonos todos, moviendo a nuestros hijos y nuestras cosas, para resguardarlas del viento y la lluvia. Vaya tormenta que se vino, y con ella se fue la energía eléctrica.

Pero a pesar de todas estas vicisitudes, el espíritu se mantenía intacto; el fuego del fogón junto a los cantos, chistes, sketch y demás, elevaba y mantenía el espíritu altivo. Nadie se quejaba, y todos nos ayudábamos unos a otros. Sentir ese espíritu comunitario de manera tan viva, fue algo único y un verdadero regalo de Dios; quien nos muestra que cuando lo tenemos presentes en nuestras vidas, no importa las tormentas que tengamos, podremos superarlas.

Finalmente la tormenta pasó, y como es sabido, luego de la tormenta llega la calma. Aunque eso fue ya bien entrada la noche, y sin posibilidades de volver a nuestros campings alagados, la mayoría opto por dormir todos juntos en el piso de la sala de un caserón que menos mal había en la propiedad en que estábamos. Aunque hubo una única familia valiente que se animó a dormir igualmente en su camping, y esta fue recompensada con el aire fresco y la calma de la intemperie.

La Mater y el Padre José no fueron olvidados, también su rincón fue trasladado dentro de la sala del caserón. En todo momento estuvieron cuidándonos, cobijándonos. Nose si por ello, o el cansancio, que a pesar de los mosquitos, dormimos todos como angelitos. Es más: ni siquiera ronquidos se escucharon.

Al día siguiente, una hermosa mañana, el desayuno preparado entre todos, los niños nos presentaron un juego con canto. Luego hicimos sendero por la propiedad visitando a los animales, nos quitamos muchas fotos; luego saltamos juntos a la cuerda, los niños felices, sin duda más de un hermano recordó su infancia; para finalmente degustar un rico asado en el almuerzo, preparado a brasas de leña. De vuelta: era buenísimo ver como todos los hermanos se adelantaban a hacer las cosas. Que lindo cuando ese espíritu de servicialidad está presente.

Para el cierre, un lindo detalle, a cada uno se le dio un obsequio por haber participado. La alegría de los niños se desbordaba y contagiaba por el premio recibido; todos terminamos más que agradecidos a Dios y a la Mater por el hermoso fin de semana y la experiencia enriquecedora de vivir en comunidad.

Sin dudas, cuando nos toque el tiempo difícil o alguna tormenta, nos refugiaremos en la memoria de lo vivido, y así renovar la vocación comunitaria a la cual estamos llamados todos en Schoenstatt: a ser Familia.

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