Tupãrenda, este pedacito de cielo en la tierra que simboliza y busca ser la Nación de Dios Corazón de América hoy se ve diferente, aunque sigue siendo la misma. Un lugar de peregrinación para muchísimas personas, que hoy ve las misas por redes, se acerca a los portones cerrados queriendo por lo menos mirar el Santuario (no se puede por disposición del MSP), gente que sigue aquí con sus oraciones. Gente que llama, que alienta y que reza por Tupãrenda.
Aquí el silencio y la soledad a veces dan un poco de pena en el recuerdo de los peregrinos, las misas, los jóvenes y niños que siempre le dieron vida a nuestros sentidos en estos paisajes tan hermosos que nos rodean. Nos reconforta ver como la naturaleza se muestra con gran cantidad de aves que se posan plácidamente en la plaza frente a la Iglesia o el Santuario, en las manos de la estatua del Padre Kentenich , teros caminando y cantando por aquí y allá, montones de cotorritas saboreando las frutas del pindo o los cocoteros. Palomas, cardenales etc. Además de nuestros visitantes los tejú y la famosa comadreja. Los bosques están llenos de vida y sonidos impactantes de naturaleza. Creo que se puede sentir lo que sintieron los primeros visitantes de Tupãrenda allá por los inicios.
La Iglesia imponente y callada, el Santuario sereno y apacible. La Cruz de la Unidad y la Inmaculada en un instante de quietud de muchos días. El mantenimiento de todo el predio y la infraestructura se realiza sin parar, el pasto esta corto, los pisos limpios, no hay telarañas, ni basuras, ni siquiera hojas, pero tampoco gente, faltan los peregrinos. Tupãrenda tiene sus colaboradores y quieren que cuando vuelvan otra vez se sientan en el pedacito de cielo que les pertenece.
La Casa de Retiros de igual manera se mantiene con mucho esfuerzo, expectante de que llegue el momento de iniciar actividades y poder de nuevo colaborar en la gran misión de “Hombres nuevos para un mundo nuevo”. Con gran esfuerzo la Fundación José Kentenich y toda la familia se puso al hombro la difícil tarea de mantener todo esto en el difícil momento que nos toca vivir a todos, para que aquí, todo esta en espera del momento de que Dios diga.
Como los recursos normales ya no estaban disponibles, por las restricciones del MSP, tuvimos que reinventarnos, así surgieron varias ideas, finalmente se consiguieron máquinas de coser y otros elementos necesarios y con una donación inicial comenzamos a producir tapabocas, luego dijimos: ¿Y por qué no trajes de bioseguridad? Con asesoramiento y muchas horas de investigación y práctica lo hicimos. Luego también, batas, cubre zapatos y cofias. Colchas de felpudos, polar y mantas para mascotas. Vendimos hortalizas hidropónicas, dulce de guayaba, mamón y miel de abeja. Y seguiremos en eso, sabemos que la Mater no se deja ganar en generosidad y lo ha demostrado.
Estos tiempos me hacen sentir privilegiado por poder estar aquí dentro en Tupãrenda, cerca del Santuario y de la Iglesia. Pero también pienso que Tupãrenda hoy esta en tantos corazones y en tantos hogares. Al momento de escribir estas líneas estamos ya preparando el retorno, protocolos, elementos de seguridad etc. Todo lo que sea necesario. La vida cambio, los hábitos también, pero llevar a la Mater en el corazón no cambia nunca.
«El amor es una peste” (Cien años de soledad). No lo creo Gabo. La peste mostro que el amor esta en todas partes. De cerca o de lejos»
Los esperamos pronto.


