Esta foto cumple hoy 56 años y con certeza nos hace pensar en los sentimientos que habrán embargado al Padre Kentenich y en qué hubiéramos estado sintiendo nosotros de estar en su lugar.
Posiblemente nos habríamos hecho toda una película sobre nuestro triunfo final sobre la adversidad y más aún, sobre quienes fueron nuestros adversarios.
¿Ven? -tal vez dijéramos para nuestros adentros- Aquí estamos siendo recibidos por el propio Papa después de 14 años de exilio… gané, gané… yo… yo… yo…
Pero conociendo como conocemos al Fundador, sabemos que su espíritu estaría con una disposición diametralmente opuesta, agradeciendo a Dios por lo sufrido, poniéndolo todo en manos de la Mater como aporte a su capital de gracias y ofreciendo, a sus 80 años de edad, su trabajo mientras aliento le restara.
Esta imagen y el momento que nos trae al recuerdo deben ser para nosotros permanente ícono y mensaje de desapego al triunfalismo personal al que nuestros mal domesticados instintos nos conducen.
El “Gracias a Dios” reemplazando al “Che valé hina”.



