Tupãrenda se viste de fiesta el sábado 15 de septiembre a partir de las 17 horas. Toda la Familia de Schoenstatt en Paraguay espera ese día para la colocación y bendición de la estatua del P. Kentenich, nuestro fundador. Ella estará pasando el arco que da inicio a la zona santa a 10 metros a la derecha, cerca del gran trébol, que también tiene su historia. El Padre estará mirando el santuario y ofreciendo sus manos y su corazón para el diálogo con sus hijos. Las obras ya comenzaron y la estatua está casi lista.
Sabemos que hay tres puntos de contacto que afianzan nuestro ser schoenstattiano: la Mater, el santuario y el Padre. Ellos son nuestra fuente de vida y la esencia de nuestra espiritualidad. Nos podremos sentar a su lado, estrechar su mano y entrar en diálogo con él. La Mater nos estará mirando desde el santuario y sugiriendo lo que necesitamos en ese momento para crecer en santidad y en paz interior. Si estamos en grupo, quizás uno inicie una oración y que otros la complementen a continuación. La Mater, el santuario y el Padre nos estarán regalando algo especialísimo. Son una fuente de vida que nos llena de alegría en medio de nuestras luchas. El peregrino descubrirá que tiene en Tuparenda una madre, un padre y una familia. Descubriremos que la iglesia Santa María de la Trinidad, el Santuario y la estatua del Padre, cada uno con su aporte original me están regalando estar en un pequeño cielo y que el Padre Dios me abraza y me sostiene.
No será extraño que luego busquemos un momento de soledad caminando por el parque o entrando al santuario. Ahí miraremos a la Mater. Ella me mira y desde su corazón me habla, me sostiene y me abraza. Tenemos una MADRE, un PADRE y un HOGAR.
Si voy a la iglesia habrá un nuevo diálogo, sobre todo si he llegado para participar de la misa. Jesús con su palabra me ilumina, me sostiene, me muestra caminos de conversión y de felicidad. Me siento hijo y me siento madre, padre, hermano. Quiero ser cada día mejor. Cada visita a Tuparenda me renueva, me santifica, me hace más padre, madre, hermano. Mi vida adquiere así un sentido y se llena de sorpresas.
Nací para ser feliz y el encuentro con Tuparenda y sus riquezas se convierten en el taller de un ser nuevo. Los problemas se van reduciendo, tengo una nueva mirada para mis problemas, ya no discuto inútilmente, mi paciencia ha crecido, descubro nuevos caminos de alegría. Soy así un factor de paz en mi hogar. Mantengo mi alegría y paz en todas las circunstancias. Y me convierto en un hermano/a de quienes me rodean. En mi trabajo soy un factor de serenidad y de paz. Aprendí de labios de María a ser más sereno y comprensivo.
Vuelvo luego a mi hogar, no sin mirar el bosque, a los niños, a la buena atención de los que trabajan en este cielo. Y siempre que puedo rezo: Madre, aseméjanos a Ti y enséñanos a caminar por la vida tal como tú lo hiciste. Fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz y alegría. En nosotros recorre nuestro tiempo preparándolo para Cristo Jesús. Amén


