Esta fue una parte de las vivencias que tuvimos en las Misiones Familiares a principios del mes de septiembre. Luego de mucho tiempo pudimos volver a misionar con toda la familia.
Esta imagen de la señora emocionada rezando a la Mater la vivimos en la primera casa en la que misionamos, fue muy emotivo realmente, ella se emocionó muchísimo.
Ese día salimos con la imagen de la peregrina a cuestas y esta señora nos vio a lo lejos, apenas lo hizo salió a recibirnos con mucha alegría. Llegamos y quiso preparar su hogar para recibir a la Virgen de la mejor manera.
Con sus 99 años quiso sacar todas las sillas que tenía apilonadas en un rincón de su humilde casa y acomodarlas para nosotros, no le dejamos, le ayudamos a sacar y a ubicar las sillas y nos sentamos con ella. Luego trajo un mantel para ponerle a la mesa donde iba a estar la Mater y nos sentamos alrededor de la imagen que quedó en la mesa.
Nos contó que estaba a punto de cumplir los 100 años, que estaba bien, que vivía sola y que recibía la visita de sus hijos cada tanto porque todos trabajaban en distintas ciudades lejanas.
Rezamos juntos por un rato, le preguntamos si tenía alguna petición y pidió especialmente por sus hijos y por su salud para llegar a los 100 años, después cuando ya nos estábamos despidiendo ella se acercó, le agarró a la Mater y comenzó a hablarle en guaraní directamente, le pidió, agradeció y rezó un ratito más, tocaba y acariciaba la imagen mientras le hablaba, después incluso quiso darnos una donación y le dijimos que no era necesaria.
En esos minutos que compartimos con ella sentimos su espíritu de servicio, de entrega y una gran devoción a la Virgen. Así fue que llegó el momento de despedirnos, ella nos dijo adiós con lágrimas en los ojos y le ayudamos a ubicar nuevamente sus sillas antes de seguir nuestro recorrido.



