Su visita me sanó

El 27 de marzo del 2018, martes santo, viene llegando la señora Ana con Nuestra Señora de Schoenstatt de visita en casa. Yo estuve atareada en la cocina, preparando la cena de mi hija,

Ella me dijo: Mamá la señora te trajo la Virgen para que se quede contigo unos días, a lo que yo me puse muy feliz. Entonces le saludé diciendo: ¡Bienvenida madre mía a tu casa!

El miércoles santo me levanté ya en su compañía, en mi lugar de trabajo,  a primera hora de la mañana le presenté en mis oraciones, mi hogar, a mis hijos, a mi esposo, y la salud espiritual de cada uno de nosotros. Rogándole que nos acompañe y nos bendiga siempre. Por la noche cuando llegó la hora de cerrar mi negocio (21:00 hs) me arrodillé de nuevo agradeciéndole y empecé a hablar con ella como si estuviese hablando con mi madre, y entre risas y llanto hice mi oración y terminé el día.

Llegando el jueves santo, 29 de marzo, me arrodillé de nuevo frente a la Virgen saludándole y haciendo mi oración para iniciar mi día. Ese día cerré mi negocio a las 14:00, llegó la noche y como mi esposo y mis hijos estaban en el patio yo me vine junto a la Virgen y hablé con ella diciéndole: Madre mía, hace tanto que sufro de mi pierna con esta herida que tengo (herida en una de las venas en las que tengo varices), ya son dos años de dolor madre mía, sufren mis hijos, mi esposo y todos mis seres queridos. Te pido madre mía que tengas compasión de mí, tengo hijos y un esposo que todavía me necesitan. No es por falta de medicamentos ni por falta de doctores especialistas, llorando y llorando, le pedí que si Ella quería, que por favor, me sane.

Terminando de rezar me fui a hacerme la curación de mi herida (una llaga un poco grande), y como mis vendas estaban sucias busque en el cajón de mi ropero algo para vendarme y por sorpresa una venda que yo nunca utilicé, era de un color  muy blanco de un algodón muy suave, terminé mi curación y mi vendaje de ese día.

Al día siguiente, viernes, me levanté muy temprano para hacer mi oración, cuando terminé de rezar noté que mi vendaje había cedido, entonces retiré la venda para poder volver a  vendarme bien y me encontré con la grandísima sorpresa de que la herida que tenía, tan dolorosa ¡ya no estaba! Se cerró, está curada, la piel era tan rosada, que parecía que la herida hacía tiempo se había sanado, me asusté tanto que lloré. No sabía qué hacer, volví a acostarme y mi esposo me dijo:  ¿Por qué no le haces caso a tu visita? (refiriéndose a la Virgen).

A lo que yo respondí: no sabes el milagro que Ella hizo en mí. Entonces él desata el vendaje de mi pie y mira. Mientras yo me tapo la cabeza con la frazada por si acaso vi mal. O me imagine, o algo parecido. Cuando mi esposo ve que la herida sanó completamente le llama a mi hija la menor, que estaba en casa y ella se acerca a mirar la herida y se percata que ya no está. Agradecimos el milagro entre todos. Y desde ese día no volvió la herida ni el dolor en ese sector de mi pierna.

¡Gracias Madrecita!!!  ¡Gracias Nuestra señora de Schoenstatt!!

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