Unidos a toda la familia de Schoenstatt de Paraguay nos hemos reunimos en torno a nuestra Reina, en el 52 aniversario del retorno de Nuestro Padre y fundador, el Padre José Kentenich, al Schoenstatt eterno. Estuvimos representantes de todos los estamentos de la obra: Institutos, Federaciones y Liga. A través nuestro hicimos presente a todos nuestros hermanos, que espiritualmente se unieron a nosotros en este momento de gracias. Tanto de todas nuestras diócesis del Paraguay como del Schoenstatt internacional que habían hecho llegar sus nombres, y su respuesta firme, expresado en el: “¡Sí Padre, vamos contigo!”.
Como Obra total hemos vivido, en los últimos tiempos, momentos de tormenta. La persona y misión de Nuestro Padre se ha puesto en duda, oscuridad y tinieblas quisieron envolver la gigantesca misión que Schoenstatt tiene para el tiempo actual.
Por eso volvimos a renovar nuestro sí a Schoenstatt en toda su integridad, para que nuevamente la luz ilumine esas tinieblas. Nos regalamos a Schoenstatt en su esencia más pura a través de nuestra confianza y vinculación, profunda y verdadera, a los tres puntos de contacto: a La Madre, Reina y Victoriosa tres veces admirable, al Santuario y al Padre Kentenich.

Le pedimos a nuestra Madre que se manifieste victoriosa en estos momentos y renovamos nuestra Alianza de Amor. Como símbolo de esta Alianza rodeamos el Santuario. Cada uno de nosotros es un eslabón de la cadena, que protege, y garantiza la autenticidad del mensaje de Schoesntatt para nuestro tiempo. Juntos, eslabón en eslabón quisimos unirnos y simbolizar el “Cor unum im Patre”, es decir, que somos un solo corazón unidos en el corazón del Padre. El mismo nos dijo:
«Estaba previsto en los designios de Dios que ustedes y yo nos perteneciéramos con una profundidad singular. En los planes de Dios nunca debo haber existido sin ustedes ni ustedes sin mí. Desde la eternidad Dios nos ha previsto en una Alianza de Amor. Si Dios lo ha previsto así – si no me vio nunca sin ustedes, ni a ustedes sin mí, si no quiere que yo cumpla mi misión sin ustedes, como tampoco vio a María separada de Jesús, si Él los pensó desde la eternidad como mis colaboradores permanentes en el cumplimiento de mi misión -, entonces comprenderán qué agradecido estoy para con ustedes que han consentido con estos planes. No quieren regalarse sólo al Padre sino, en él y por él, también a su obra.» (Nueva Helvecia, 20.8.47)
Esa cadena fue símbolo de nuestra decisión firme y comprometida con la misión de Schoenstatt. Somos, en nuestra pequeñez, depositarios de un carisma que debe ser Don para el bien de toda la Iglesia, una vez renovamos esta disponibilidad para que así sea. Por eso a la pregunta: ¿Familia Paraguaya vienes conmigo?… respondimos con plena convicción: “Sí Padre, vamos contigo”.


