“Ningún servidor puede servir a 2 señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se apegará a uno y despreciará al otro: no se puede servir a Dios y al Dinero” (Mt 16,13). Esta es una de las grandes frases y enseñanzas de Jesús. Y quisiera centrarme en ella en esta homilía de hoy (domingo 22 de septiembre).
Es interesante ver cómo Jesús pone en el mismo nivel a Dios y al dinero, como si fuera una persona, un “dios”. Por un lado está Dios, el Creador, el que nos salvó en la cruz, el amor hecho persona; aquel sin el cual el hombre no puede ser verdaderamente feliz (y en eso consistirá la felicidad del cielo: estar con Dios por toda la eternidad. Y por otro lado, en eso consistirá el tormento del infierno: estar sin Dios para siempre); y por otro, el dinero, las riquezas, las posesiones… cosas; algo que no es un ser personal, pero es algo que el ser humano puede servir, adorar y darle el corazón y la vida entera como si se tratase de un dios (es el pecado de la idolatría). Creo que en la teoría todos -o muchos- estamos de acuerdo que no se debe “servir a Dios y al dinero”, pero en la práctica, en la realidad de los hechos cotidianos, no es así, pues la mayoría de la humanidad sirve y ama al dinero más que a Dios (creo que esto es lo que hace la mayoría de los seres humanos en este planeta y por eso el mundo está como está…).
Nos enseña San Pablo: “Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Mientras tengamos comida y vestido estemos contentos con eso… Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero” (1Tm 6,7-10). ¿Servimos más a Dios o al dinero? ¿A quién amamos más? ¿A quién le entregamos el alma? ¿En cual de ellos ponemos nuestra confianza, nuestra esperanza?
Los seres humanos servimos más al dinero que a Dios cuando la motivación más fuerte que tenemos en el corazón y en la mente, todo el tiempo, es ver como podemos ganar más dinero y de acuerdo a eso orientamos todos nuestros actos… hacemos nuestra agenda…
Servimos y adoramos más al dinero, cuando los políticos de un país, los legisladores y funcionarios públicos se enriquecen en forma ilícita y desmesurada, cuando piensan más en sus bolsillos que en el bien común… cuando en vez de servir al país, “se sirven del país”, roban descaradamente y se pisotea a los pobres, a los enfermos; se saquean los fondos destinados a la educación de los niños y jóvenes… o no se realizan las obras de infraestructura necesarias…
Servimos más al dinero que a Dios cuando la corrupción o la codicia nos lleva a pensar en nosotros mismos y a recurrir a medios ilícitos o inmorales para tener más plata. Cuando coimeamos, cuando sobornamos… cuando somos avaros…
Servimos más al dinero que a Dios en este mundo, en que las drogas, el tráfico de armas, la trata y explotación de personas, la pornografía son los negocios mas redituables hoy y mueven millones de millones de dólares… generando tanta muerte, destrucción y la perdición de tantas almas… -Servimos más al “dios” dinero y le sacrificamos seres humanos, cuando por dinero -manchado de sangre- son abortados millones de seres humanos, matando así tantos seres inocentes en el seno materno…
Servimos al “dios” dinero, cuando los laboratorios farmacéuticos, los médicos, y tantas personas que trabajan de diversas maneras en el ámbito de la salud, especulan y juegan con la vida humana, hacen de la medicina un mero comercio, y sólo se piensa en el tener más, antes que en la salud, en el bien y en la vida de las personas.
Servimos más al dinero cuando en una familia, entre hermanos y familiares, nos peleamos por la herencia, o por motivos económicos (por plata), y terminamos odiándonos a muerte y rompiendo las relaciones, afectos, vínculos…
Servimos más al “dios” dinero cuando estafamos, cuando nos aprovechamos de los demás, cuando no somos rectos y justos en la administración y en el uso del dinero, en las transacciones económicas (en las pequeñas y en las grandes, como dice el Evangelio hoy). Cuando robamos, sea lo que sea…
Servimos más al “dios” dinero cuando no trabajamos, no nos esforzamos lo suficiente, lo justo y nos aprovechamos del sueldo. O bien, cuando no pagamos lo que corresponde en los impuestos o servicios que aprovechamos…
Servimos más al dinero cuando tenemos empleados y no les damos lo que corresponde y la diferencia queda para nosotros.
Servimos más al dinero cuando gastamos y derrochamos fortunas en fiestas o eventos sociales y no somos capaces de dar “una moneda” para obras de caridad, o para ayudar a gente necesitada, o para solventar las necesidades de la Iglesia…cuando no compartimos lo que tenemos; cuando no somos solidarios con los que padecen necesidades…
Servimos más al dinero cuando los seres humanos, por tener más likes en Instagram u otras redes sociales; por vanidad, fama o por dinero simplemente, vendemos el cuerpo, la intimidad, nos prostituimos virtual o realmente.
Servimos más al dinero cuando nos damos cuenta que en el día a día le dedicamos más horas al trabajo, a juntar más plata y vamos descuidando a nuestra esposa/o, a nuestros hijos, a la salud; cuando no nos dejamos algunos minutos para rezar; cuando no vamos a misa el domingo, o nos olvidamos de Dios… cuando no trabajamos para vivir sino que vivimos para trabajar, consumir y comprar cada vez más…
Servimos más al dinero, cuando para no pagar lo que corresponde, preferimos coimear y tirar los deshechos industriales y químicos contaminando nuestros ríos y arroyos… destruyendo la naturaleza, el lugar donde habitamos…
Servimos más al dinero cuando pensamos en enriquecernos a toda costa y destruimos nuestro planeta y no pensamos en las generaciones actuales y futuras, ejemplo: hubo manifestaciones en muchas ciudades del mundo para concientizar por el tema del cambio climático y poder tomar medidas concretas. Una chica sueca, Greta Thunberg, ha sido la que ha comenzado con estas marchas por el cuidado del planeta: “viernes por el futuro”.
Servimos más al dinero cuando caemos en la usura, cuando se corrompe la justicia, cuando ponemos el corazón en los billetes: “allí donde esté tu tesoro, estará tu corazón” (Mt 6,21).
Queridos hermanos: el dinero no nos ha creado a nosotros los hombres, el dinero no murió por amor a nosotros en la cruz, el dinero no nos perdonará los pecados, el dinero no nos abrirá las puertas del Paraíso… Seamos verdaderamente astutos, sabios, como nos enseña Jesús hoy: no sirvamos al dinero, sirvamos, adoremos, amemos con todo nuestro ser al único Dios verdadero: Padre, Hijo y Espíritu Santo.


