Con el miércoles de ceniza se da inicio a la Cuaresma. El gesto de cubrirse con ceniza la frente tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios.
En su homilía de hoy, en honor a esta celebración el Papa Francisco comenzó recordando con las palabras del profeta Joel, que la Cuaresma se abre con un sonido estridente, el de una trompeta que no acaricia los oídos, sino que anuncia un ayuno. Un sonido fuerte, con el quiere ralentizar nuestra vida que siempre va a toda prisa, pero a menudo no sabe hacia dónde. De ahí que sea una llamada a detenerse, a ir a lo esencial, a ayunar de aquello que es superfluo distrae. Es un despertador para el alma.

Por otra parte, el portal de Vatican News destaca que para el Sumo Pontífice el sonido de este “despertador” está acompañado por el mensaje que el Señor transmite a través de su boca, del profeta, un mensaje breve y apremiante: “Conviértanse a mí”.
Explicó que la Cuaresma “es el tiempo para redescubrir la ruta de la vida”, y agregó que como en todo viaje, lo que realmente importa “es no perder de vista la meta”. De ahí las preguntas del Papa: “¿En el camino de la vida, busco la ruta? ¿O me conformo con vivir el día, pensando solo en sentirme bien, en resolver algún problema y en divertirme un poco? ¿Cuál es la ruta? ¿Tal vez la búsqueda de la salud, que muchos dicen que es hoy lo más importante, pero que pasará tarde o temprano? ¿Quizás los bienes y el bienestar?”.
A lo que respondió que “no estamos en el mundo para esto. Conviértanse a mí, dice el Señor. A mí”. Porque “el Señor es la meta de nuestra peregrinación en el mundo”. Y la ruta “se traza en relación a él”.
Afirmó que “para encontrar de nuevo la ruta, hoy se nos ofrece un signo: ceniza en la cabeza. Es un signo que nos hace pensar en lo que tenemos en la mente. Nuestros pensamientos persiguen a menudo cosas transitorias, que van y vienen. La ligera capa de ceniza que recibiremos es para decirnos, con delicadeza y sinceridad: de tantas cosas que tienes en la mente, detrás de las que corres y te preocupas cada día, nada quedará. Por mucho que te afanes, no te llevarás ninguna riqueza de la vida. Las realidades terrenales se desvanecen, como el polvo en el viento”.
Fotos: Vatican News


