Estamos en pleno diciembre, lo que parecía un año larguísimo, de encierro, se convirtió en un año “de pocos meses”, cargado de actividades presenciales en la recta final, con lo que no queda casi tiempo para todos los pendientes.
Tal vez la mejor forma de encarar este acelerado mes es desde la óptica del cristiano, respetando a los demás y haciendo el intento de llevar con calma cada una de nuestras tareas que nos restan en este 2021. Son muchas las obligaciones, las reuniones sociales, las fechas religiosas y los preparativos para la Navidad de nuestro Señor.
Es tan grande la agenda, por lo general, que terminamos viviendo todo de manera muy superficial. Tal vez es momento de dejar salir el “no” sincero y respetuoso que en ocasiones no quiere dejar nuestra garganta. Dejar salir ese “no puedo” cuando me doy cuenta que estoy sobrepasado, que no puedo darle nada de tiempo a mis hijos o a mi cónyuge.
Navidad es tiempo de compartir, pero la misma no dura un día. Aprovechemos estos días que nos quedan de diciembre para vivirla como se debe. Pregustar, como decimos en el movimiento.
Somos personas que trabajan en cada aspecto conquistando, ya sea gestos o correcciones en nuestras propias vidas o hasta los cimientos de un Santuario para la Reina. Sabemos que no es fácil, pero lo que no conquistamos es más efímero. Seamos conscientes de que termina solamente el año y sigamos cuidándonos a nosotros, a nuestra familia y grupos sociales siendo siempre responsables.


