Por medio de Hoerde Dios abre puertas

«Hoerde tiene valor y tiene relación con todo el Movimiento, no sólo con las Federaciones»

En el camino a celebrar los 100 años de la Jornada de Hoerde, la Familia de Schoenstatt es invitada a profundizar el pasado, contemplar su lugar en la actualidad y ser audaz hacia el futuro. Esto es lo que propone la Comisión Central que organiza las festividades internacionales del jubileo de Hoerde.

Del 16 a 18 de agosto se esperan a personas de diversos países, en Schoenstatt /Alemania, para los eventos conmemorativos de este centenario.

Este evento es promovido por la Presidencia General de la Obra Internacional de Schoenstatt que, para su preparación y realización, encomendó a una Comisión Central formada por representantes de las Federaciones Apostólicas de Schoenstatt -ya que la Jornada de Hoerde (de 1919) marca el inicio de la Federación-.

La brasileña Geni Maria Hoss, de Curitiba / PR, pertenece a la Federación Apostólica Femenina de Schoenstatt forma parte del equipo responsable de los contenidos del encuentro y nos cuenta más detalles sobre la celebración internacional.

¿Cuál es la importancia de la Jornada de Hoerde en la historia de Schoenstatt? Tiene relación conmigo, que soy, por ejemplo, de la Liga Apostólica, que soy de algún Instituto o soy un peregrino del Santuario?

Nuestro Padre y Fundador dice que Schoenstatt, como organización, apareció en el escenario de la sociedad como Federación. «Subimos al escenario de la historia bajo el título Federación» (J. Kentenich), eso significa que allí estaban las bases. Por esta Jornada, de 1919, Schoenstatt entró en la realidad de la Iglesia como Movimiento, como organización propia. La Alianza de Amor, el 18 de octubre de 1914, fue y siempre será la fuente y el marco a partir del cual se desarrolló toda la Obra de Schoenstatt. Por lo tanto, Hoerde es un desarrollo de ese 18 de octubre, es el punto en que Schoenstatt se consolida como Movimiento en la realidad de la Iglesia.

Podemos comparar el desarrollo del Movimiento de Schoenstatt con un árbol: en Hoerde está la raíz de donde Dios, después, abriría las puertas a las otras comunidades. El Padre y Fundador habla sobre este principio con mucha propiedad: Dios abre puertas. De allí salieron ramas diferenciadas y todas las comunidades que surgieron tienen ese mismo proyecto de vida de santidad, se unen, vamos a decir así, por esa savia que viene desde Hoerde. Por eso, el programa jubilar internacional está abierto para todos los miembros de la Familia de Schoenstatt; incluyendo también representantes de otros movimientos.

Hoerde tiene valor y tiene relación con todo el Movimiento de Schoenstatt, no sólo con las Federaciones. Desde el principio y hasta ahora tiene algo que ver con todo el Movimiento, según las características propias de cada comunidad o rama, todos se adhirieron al programa de santificación y apostolado confirmado en Hoerde. Debemos ser conscientes de que Hoerde no fue un evento para «programar el futuro», un proyecto estratégico, como se conoce en las empresas. Se trata de un reconocimiento de la conducción de la Divina Providencia y una respuesta de personas que entendieron el llamado a la misión que Dios fue revelando.

¿Qué nos puede contar sobre la programación internacional que tendrá en Schoenstatt para celebrar ese centenario?

El programa dura tres días. Comenzamos buscando esa raíz: ¿Qué nos trajo? ¿Dónde estamos?. También vamos a dialogar con otros movimientos, porque juntos somos la Iglesia.

Y después, abordando las nuevas realidades de hoy, también la pregunta: ¿A dónde vamos? ¿A dónde somos enviados 100 años después? ¿Cuáles son los desafíos hoy, por ejemplo, sobre la cultura de la vida, sobre la comunicación?

Entonces a partir de allí, va a tener un reenvío para el nuevo siglo.

Y otra cosa que creo importante del evento… no tiene la pretensión de traer a todo el mundo al mismo centro [en Schoenstatt]. La capacidad de los espacios es para aproximadamente 800 personas. Por lo tanto, aquellos que participan en Schoenstatt representan su lugar de origen. Pero desde el principio el llamado y el deseo es que ese jubileo sea policéntrico, que cada país -casi simultáneamente, o muy cerca de la fecha- celebre el jubileo en su región. La forma en que todo será organizado en cada país es muy diversificada, pero lo importante es que todos se unan. Donde existe el Movimiento de Schoenstatt -y no necesita necesariamente donde hay una Federación Apostólica formada- que se festeje y, así, sea una fiesta de muchos lugares unidas en la misma celebración.

Así respondimos a las tres preguntas que el P. Kentenich (1930) siempre sugirió: ¿Cómo se desarrolla algo? ¿Cómo se encuentra ahora? ¿Qué se desea para el futuro?

¿En esa preparación del centenario ustedes ya logran percibir los frutos?

Ya hace un tiempo que la gente viene vislumbrando esta celebración. Si pensamos en nuestra realidad local, durante mucho tiempo las Federación -Federación Femenina, Federación de Madres, Federación de Familias, Federación de Sacerdotes…- estuvieron centradas en su propio desarrollo. Y eso es natural, porque al principio tienen que afirmarse, tienen que tener identidad propia. Yo veo, como un fruto bien positivo [del centenario de Hoerde], que la gente está conversando más. La preparación unió a las personas y comunidades, que están preparando; también hay un intercambio de ideas y de contenido. Creo que el fruto más cercano, más visible, es la «unión de las Federaciones». Y esos frutos se vuelven visibles en todo el Movimiento. Hoerde se ha convertido en un tema estudiado por todos, lo que fortalece el vínculo de todos en el Movimiento con el origen de un proyecto de vida de santidad propio.

¿Qué representa para usted celebrar estos 100 años de Hoerde?

Para mí es bastante importante sumergirse en el principio y profundizar en lo que llega hasta nosotros, por ejemplo, en los materiales de la Revista MTA. Ella fue un medio de comunicación y de vida. ¿Mirar esto hoy y ver las preocupaciones de aquel tiempo – cómo las vamos a sostener? ¿Cómo vamos a crecer? Pero vienen desafíos y retos… – es reconocer que allí esta nuestra raíz más profunda, que no se trata de una cosa allá de la Federación, en el pasado, que es algo central en Schoenstatt que lo estamos celebrando. Hoy las preguntas se repiten, necesitan ser repensadas en nuevos tiempos y contextos.

Entonces, para mí, es importante el contacto con ese «mundo del comienzo», sobre cómo se desarrolló y cómo hoy puedo vivirlo. Este vínculo, ese puente [entre pasado y actualidad] tiene que estar muy presente para nosotros.

Me tocó hacer esta investigación histórica y hago ahora la misma pregunta que el Padre y Fundador hizo en aquella época: «¿Tenemos el derecho de existir?» Podemos mantenernos, pero… ¿tenemos también el derecho? El derecho de existir se da cuando logramos ofrecer a la Iglesia algo que es diferente de lo que ella ya tiene. El Padre y Fundador dijo que hay muchas formas de vida y de aspiración a la santidad, pero -él cuestiona- «¿qué nos hace diferentes?». Entonces dijo: es la forma y la profundidad de nuestros altos ideales. Necesito ver, de una manera muy profunda mi camino de santidad para vislumbrar esas altas ideas, las grandes metas. Y él también plantea: «¿Estamos a la altura de esos ideales que nos ponemos?» Entonces, 100 años después, cualquier comunidad de Schoenstatt debe preguntarse: ¿Tengo el derecho de existir? ¿Qué ofrezco de original para la Iglesia y para la sociedad hoy? No somos el único Movimiento en la Iglesia, por lo que vamos a invitar a otros Movimientos Eclesiales para celebrar con nosotros, pero si no tenemos algo original y único para ofrecer, no vivimos plenamente nuestra misión. Por eso, es tan importante que las fechas especiales sean aprovechadas para agradecer, celebrar y abrazar con nuevo vigor la misión.

Fuente: schoenstatt.org.br

Traducción: Beatriz Demestri

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