Me puse a pensar en las fiestas patrias paraguayas que celebraremos esta semana, lo que me llevó a reflexionar sobre el antagonismo existente -al menos en sus actuales connotaciones- entre Patriotismo y Nacionalismo.
Una práctica definición nos dejó Charles de Gaulle quien sostenía que Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; Nacionalismo, cuando el odio por los demás pueblos es lo primero.
Mientras tanto, del otro lado del Canal de la Mancha, George Bernard Shaw con la mordacidad que se le conoce en la crítica social afirmaba que el Nacionalismo es la rara creencia en que un país es mejor que otro sólo porque naciste ahí.
Viéndolo así, podemos concluir que el Patriotismo es la sana vinculación con el terruño que mueve a los ciudadanos a implicarse en la construcción del país. Representa a todos los que en él nacieron o lo eligieron como morada y prescinde de todo tipo de vínculo étnico. La fidelidad se ancla a los principios cívicos y constitutivos, no al grupo.
El nacionalismo es por el contrario, la lealtad al grupo étnico, aunque los valores que este grupo sostenga sean nefastos para el resto.
Contra uno de los más trágicos ejemplos batalló hasta el auto sacrificio nuestro Padre Fundador en su patria cuando el Nacionalismo la dominó.
En 1946, a un año de finalizada la II Guerra Mundial y refiriéndose a las secuelas del atroz nacionalsocialismo, escribía:
“Hemos sido relegados a la sacristía, se ha desterrado a la religión del ámbito de la economía y la política. Una visión empobrecida del catolicismo…Hemos perdido el coraje… Muchos se han resignado, han abandonado sus proyectos y depuesto su entusiasmo. Se retiraron a cuarteles de invierno”.
La consigna es rescatar el orden social. No es hora de discusiones bizantinas sino de poner manos a la obra. ¡No es tiempo de cavilar o vacilar sino de actuar! ¡Adelante con las obras, vengan las dificultades que vinieren!
María, en la forma como nosotros queremos coronarla de nuevo, nos dice: yo no quiero descansar en el trono, yo quiero conquistar el mundo para la Iglesia.
¿Hace falta decir que nuevamente el profético Padre José nos dejó un mensaje atemporal que se ajusta al momento que vivimos en nuestra patria?
¿Y cómo sabemos que Kentenich fue un Patriota y no un Nacionalista?
Su propia biografía lo demuestra pero por si eso fuera poco, sus palabras lo remarcan:
“Estoy viajando de país en país tan sólo para prepararle a la Santísima Virgen una marcha triunfal. Casi podría decir que soy el canciller, el ministro de relaciones exteriores de la MTA. En todas partes donde llego preparo el camino para los santuarios.”
El Patriota no sólo está dispuesto a morir por los valores de su patria, también quiere compartirlos con sus hermanos de las demás patrias.


