«Me alegró profundamente ver que Tupãrenda es un fecundo lugar de la Mater»

Después de 23 años volvía Paraguay. Soy chileno, Padre de Schoenstatt, y vivo en  Alemania desde noviembre del 2015. Mis primeros once años de sacerdocio trabajé en Chile  y algunas veces tuve la oportunidad de venir a Paraguay, pero al final Dios cambiaba los planes. Y hay que seguir a Dios, ¿cierto? No logré regresar a Paraguay, la tierra que conoció los primeros años de mi vocación. Hice mi noviciado en Tupãrenda, en una época en que sólo existían dos módulos de la casa de retiro. Tengo los más lindos recuerdos de ese tiempo. No sólo porque fue de intensa amistad con Dios, de oración, de descubrirse a sí mismo y de confrontarse con la vocación sacerdotal, y de comenzar a caminar como curso, sino también porque la Familia de Schoenstatt de Paraguay nos acompañó de manera especialísima.

Era de esperar, porque éramos los “primogénitos”, el primer noviciado en Latino América. Si hasta nos tocó ayudar a construir el edificio del noviciado. Y mientras esperábamos para su finalización, ayudamos como seudo albañiles y nos alojamos provisoriamente en la casa de retiro. Fueron tiempos muy regalados, tanto por Dios como por la Mater. Y a pesar de nuestro “encierro”, pudimos conocer bastante a las familias del movimiento y al alma paraguaya. Para qué decir de las ricas comidas y de la variada cultura.

Hoy el movimiento está cambiado. Paraguay está cambiado. A pesar que mi paso por la ciudad fue cortísimo, vi crecimiento. Ya lo sabía, porque en Schoenstatt todo se escucha y mucho se sabe, aunque estemos lejos. Me alegró profundamente ver que Tupãrenda está más desarrollado y es un fecundo lugar de la Mater, y saber que la Familia
de San Lorenzo, ciudad que tantas veces cruzamos como novicios, se hace cargo de su vida espiritual. Me encantó ver el santuario joven. A pesar de los muchos años que tiene, no lo conocía, y siempre escuchaba interesantes historias de su fecundidad. Ahora lo pude ver y experimentar. Ya cuando entré al santuario por primera vez en la noche del día que llegué a Asunción, me sorprendió que la Mater recibía visitas sin interrupción.

Era tarde y yo estaba ahí, porque me alojaba en la casa de los Padres que está a media cuadra, pero no sé si las visitas venían de tan cerca. Ese cariño a María da gusto. Lo volví a experimentar el día 18, día de Alianza, cuando la explanada del santuario se llenó de schoenstattianos que querían renovar su vínculo de amor a la Mater. ¡Qué linda misa! El gesto de las velas que se encienden para el rezo de la pequeña consagración fue genial y muy significativo. Hay muchos aciertos en la pastoral del santuario. Me gustó.

Amigos, ya los he alabado bastante. Sé que detrás de todas las conquistas hay mucho esfuerzo, y se nota en ustedes. Creo que hay que agradecer profundamente a la Mater y a su Hijo que se fijaron tan detenidamente en Paraguay. Por eso ustedes la llaman la Nación de Dios. Ahora sólo hay que seguir siendo fieles a ese regalo, para que el don no se pierda. Y para que muchos más lo puedan recibir y gozar. Los apoyo en esto y les aseguro mi oración, y tal vez en el futuro yo les pida ayuda para otros proyectos y locuras que podrían enriquecer al Schoenstatt paraguayo. Les mando mi bendición y cariño, y espero verlos en no tanto tiempo más. 23 años es demasiado, ¿cierto? Que la Mater les sonría en todo.

Fotos: Santuario Joven – Schoenstatt.

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