La voz de los que no tienen voz dentro del sistema judicial

Contar el camino vocacional nunca es fácil, porque dependiendo a quien se lo estés contando varía el acento hacia un aspecto de la historia. Mi historia tiene varios aspectos que se fueron mezclando a lo largo de mi vida y en especial en los últimos 5 años, trataré de hacerlo lo más corto posible.

Desde que culminé los estudios de derecho en la universidad, estaba buscando mi ruta de vida, es decir hacia donde ir, dentro de mi corazón estaba ese anhelo de integrar más Schoenstatt en mi vida, pues el santuario, la espiritualidad y las personas que integran el movimiento han sido muy importantes para mí desde los 15 años.

En esa búsqueda obviamente se presentaron varios planteamientos, pero tenía una condición no negociable, mi profesión debía formar parte de este camino, de una forma u otra. Una cosa que ha estado presente en mí luego de un tiempo en la universidad y trabajando en algunos voluntariados jurídicos, es el monopolio que tenemos los abogados con respecto al acceso justicia, en ese sentido yo quería contribuir en las medidas de mis posibilidades.

En el 2015 un amigo me invita a ir un sábado al Centro Educativo Itauguá, para conocer la pastoral penitenciaria. Visitar una cárcel no era un ambiente desconocido para mí, lo singular fue ir y tener una conversación “normal” con los jóvenes y en 10 minutos compartir con ellos algo del evangelio y un poco de catequesis.

Pero yo quiero quería trabajar en un aspecto, que fue el decisivo para mí; luego de varias visitas empiezo a observar y escuchar como los jóvenes o niños si uno prefiere, hablaban como sus casos no avanzaban o tenían problemas, hasta ese momento ninguno sabía que yo era abogado, por el simple hecho de rechazo que genera la profesión en si dentro de la cárcel, entonces empiezo de apoco y con algunos que tenía más confianza a preguntarle sobre sus casos y anotando los datos que podían recordar, durante la semana visitaba los juzgados a preguntar por sus casos, quienes eran sus defensores y algún otro dato que podía conseguir para llevar alguna noticia el siguiente sábado.

Así fue comenzando una labor de hormiga que iba creciendo cada sábado, luego de un tiempo siento en mi corazón que mi lugar de trabajo y misión era en la cárcel; de una forma sencilla, ser la voz de los que no tienen voz dentro del sistema judicial.

Encontrar mi espacio con todos estos aspectos en especial el ámbito profesional como dentro de Schoenstatt, dio un giro interesante al conocer a los Hermanos de María, comencé a tener contacto con el Instituto y luego de un tiempo decidí dar el paso y postular. Un tiempo después recibí la noticia que fui aceptado para la candidatura (Noviciado) y lentamente se fue abriendo el camino en el cual me encuentro hoy.

La comunidad me invita a venir a Schoenstatt Original por un tiempo y aprender alemán, donde conozco a profundidad el carisma, a la comunidad misma y la historia del movimiento de primera mano. Casi al final de mis cursos de Alemán la comunidad me ofrece la oportunidad de realizar una maestría en la Universidad, por supuesto lo primero que pensé fue en la cárcel y toda esa experiencia que me impulsó a seguir este camino. Con todo esto y guiado por la Mater encontré una Universidad a 1 hora de Schoenstatt que tenía todo lo que estaba buscando y más.

Los Hermanos de María es un pequeño Instituto Secular dentro del Movimiento de Schoenstatt. 

Por medio de un contrato civil y con el compromiso de vivir los consejos evangélicos, tenemos el anhelo de “Unir la tierra con el Cielo”, como decía Mario Hiriart, a través de nuestras profesiones y en el servicio a toda la Familia de Schoenstatt y el mundo.

El ser laico consagrado en el medio del mundo tiene sus dificultades, hoy por hoy no puedo describirlas porque al estar viviendo en Schoenstatt no me encuentro enfrentado a la vida como tal, pues no estoy realizando un trabajo en el ámbito de mi profesión y el estar viviendo aquí tiene una cierta seguridad en cuanto a la vida espiritual; pero al volver a Paraguay tendré que enfrentarme a una serie de desafíos que pondrán a prueba mi determinación, que hoy se encuentra respaldada por mi nueva familia y de quienes tengo todo el apoyo y seguridad para desarrollarme en esta nueva etapa que inicia.

La ansiedad de volver a Paraguay, a mi trabajo, mi familia y amigos ocupa gran parte de mi día en esta última etapa, conjuntamente con las nuevas ideas y proyectos en el ámbito profesional y el servicio para Schoenstatt.

Es de esta manera que mi búsqueda ha dado sus frutos en la forma de vivir como laico consagrado en el mundo por medio de mi profesión en unión con la comunidad de los Hermanos de María de Schoenstatt.

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