“La Mater buscó un hogar… Una Ermita de la Salud”

La tarde calurosa del jueves 19 de diciembre cedía lentamente a la noche, el altar puesto bajo un frondoso árbol de mango y preparado especialmente para la ocasión, mientras que las paredes recién pintadas del Hospital Materno Infantil de Fernando de la Mora, se hacían cómplices con la nueva habitante del lugar, ¡Sí, ella, la Tres Veces Admirable!, porque la misa que acabada de iniciar, presidida por el Padre Martín Gómez, era justamente para la bendición de una Ermita en honor de nuestra querida Mater.

Pero como toda historia tiene un inicio, esta arranque en el saludo mañanero del Wathasapp, del Grupo de la Rama Familiar de Luque, en ese entonces Nivel Autoeducación, “Unidos a la Mater”.

Adid Aluan, jefe del grupo en ese momento, médico de profesión, quien trabaja en el Hospital Materno Infantil de Fernando de la Mora, luego de participar de un evento en otro hospital, en donde vio una ermita dedicada a la Mater, siente en su corazón la inquietud, ¿Por qué en el Materno Infantil de Fernando de la Mora, no hay un espacio para la oración?, ¡Qué bueno sería tener también allí una Ermita!

Ella, la gran Misionera, la que quiere llegar a todos sus hijos, sembró su secreta idea predilecta en el corazón de Adid y eligió un ejército de aliados para llevar adelante su propósito.

Adid se lo comentó a Laura, su esposa; -“quiero ver la forma de construir una ermita en el hospital, una pequeña, para darle un lugar de oración a la gente que va y viene todos los días en búsqueda de salud y tantas otras cosas”. Laura, movida por esta corriente de gracias, que la Mater inició, le responde a Adid:  “Y si le pedimos ayuda al grupo”.

Así fue, como, en un primer momento contactaron con nuestro hermano de grupo Arnaldo Balbuena, a fin de iniciar el proceso con el P. Martín.

En la mañana del 25 de octubre del 2019, luego de lanzar la propuesta al grupo, se sucedieron una tras otras las respuestas positivas y la idea ya era prácticamente un hecho.

Debíamos tener la autorización del movimiento, Arnaldo se encargo de explicarle al P. Martín la idea y pedirle su apoyo. También movido por la corriente de gracias, el Padre dijo SÍ.

Quedaba ahora seguir los canales correspondientes, una nota presentando con la propuesta al director del Hospital el Dr. Luis Battaglia, que sin burocracia alguna tuvo su contundente respuesta positiva.

Con la aprobación, la idea, la intencionalidad y la instrumentalidad conjugadas, debíamos ahora, bajar a la acción concreta.

En una reunión de grupo, todos opinamos sobre el modelo de la Ermita, los gastos, los diferentes presupuestos, con cuánto dinero contábamos y hasta cuánto podríamos llegar con los costos. Se presentó un presupuesto, se descartó, se revisaron otros, hasta que el proyecto llegó a las manos de la Arquitecta Clotilde Leguizamón, quien muchas veces durante la construcción, corrió con algunos de los gastos, siempre con la respuesta: “Es para la Virgen, ella proveerá”.

La noticia se fue corriendo de grupo en grupo, muchos hermanos al enterarse comenzaron a realizar aportes económicos y así, de ser un proyecto pequeño, el espacio se fue convirtiendo en uno cada vez más grande, sin darnos cuenta, la Ermita, tenía, un hermoso piso que se extiende a sus pies; sobre él, unos cómodos bancos de madera que invitan a sentarse y meditar contemplando la belleza de nuestra Madre, luego un techo, que lleva a la Ermita a una dimensión mayor; bromeando decíamos en el grupo, “esto no es solo una Ermita, ya es una capilla” y por último, las luces que bien ubicadas, le dan la calidez necesaria llegada la noche y así, con fe en la Providencia Divina, la construcción se solventó totalmente.

LAS MANERAS DE OBRAS DE LA MATER
El lugar cedido para iniciar la obra, en un primer momento, fue el estacionamiento, muy pegada a la muralla, donde su imagen quedaría oculta tras los autos estacionados. El día fijado para la primera palada, el director del hospital, cambia el sitio de la construcción, definitivamente el nuevo espacio era mucho mejor, la Mater quería instalarse en ese lugar, ella lo eligió a la sombra de grandes árboles de mango, en el patio interno del hospital, donde constantemente hay gente entrando y saliendo.

Por esos días el Director del hospital le comenta a Adid su historia con la Mater, sin ser, ni el, ni su señora miembros del Movimiento de Schoenstatt, luego de varios intentos por engendrar un bebé, de sufrir como matrimonio perdidas de embarazos, y finalmente llegar a un embarazo riesgoso, se entregan a la Mater pidiendo que el tan anhelado hijo pueda llegar a término y nazca sano.

La suegra del Dr. Battaglia, aún sin ser de religión católica, se encomienda con su familia a la Mater y así fue como nació una niña santa, el milagro de la Mater a quien llamaron Agustina. Desde ese día en la sala de la casa de la abuela, hay un cuadro de la Mater, quien sin profesar la religión católica, encontró en la Mater un apoyo y sostén.

Todo esto nos lleva a creer que la corriente de gracias inicio ya hace mucho tiempo, por lo que la construcción de esta ermita, durante la gestión del Dr. Battaglia, es más que providencial, es totalmente una causalidad mariana, Ella ya lo había elegido desde siempre para esta misión.

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