El texto que sigue proviene de la Semana de Agradecimiento de 1945, realizada luego del feliz regreso del P. Kentenich del campo de concentración de Dachau. En la Familia de Schoenstatt se había desarrollado una concepción de la consagración como una auténtica Alianza de Amor. Y este texto constituye un testimonio muy firme de esa convicción. En efecto, el Fundador acentúa ambas realidades: el carácter de alianza de la consagración y la “comunión de amor” que se opera mediante la consagración. Considera asimismo que eso es un paso más en el desarrollo de la concepción tradicional de la consagración a la Sma. Virgen entendida como mero vínculo de protección. El fragmento que presentamos traza líneas que diseñan vastos horizontes. Horizontes que cobran vida durante los años de confinamiento en el campo de concentración, especialmente entre los prisioneros sacerdotes del “Círculo del corazón” y del “Círculo de la mano”, y que aparecen igualmente en muchas oraciones del “Hacia el Padre” y del “Espejo del Pastor”.
La Alianza de Amor con la Sma. Virgen quiere conducirnos hacia la Alianza de Amor con Cristo y con el Dios Trino, quiere ser fecunda para el pueblo y patria alemanes, y en definitiva para todo el mundo. La Alianza de Amor con la Sma. Virgen aspira a ser perpetua, y guiar hacia una entrega perfecta como se había alcanzado en la época de persecución por parte del nazismo. El P. Kentenich señala que ese proceso de vida está ya en plena marcha.
El sentido de la consagración no es otro que el de una Alianza de Amor con la Sma. Virgen. Alianza de Amor, relación de protección… en estos términos se resume todo. Un pacto, una Alianza de Amor. También la relación entre esposos puede llamarse alianza. Dios selló una alianza y quiere sellar una nueva alianza con la humanidad. Sellamos una alianza con la Sma. Virgen, ella es nuestra aliada, y en ella sellamos la alianza con Dios. Por eso sellamos primero una alianza ella. Reparen en el carácter de alianza de nuestra consagración y de nuestra Acta de Fundación. Hace 31 años, la Sma. Virgen selló una alianza con este lugar, con este Santuario y con todos los hijos de Schoenstatt. ¡Descendat! (¡que descienda!). Que descienda la Sma. Virgen hasta este Santuario y nosotros ascenderemos. ¿Para qué? Para que nuestra fidelidad a la Alianza, pero también su fidelidad a la Alianza, sea perpetua, sea una Alianza de Amor, una comunión de amor entre nosotros y la Madre del Señor. Observen entonces que se trata de una Alianza de Amor.
No consideren la consagración como una mera relación de protección. Para calar más hondamente en el contexto, reflexionen sobre la Inscriptio. Entregarse, abandonarse por amor, ser ofrenda de amor, tener derechos de amor… He ahí el verdadero sentido de la Alianza. De nuestra parte: entrega de amor: me desprendo de mí mismo, entrego mi amor, doy mi amor al aliado para que él, a su vez, lo entregue a otros. Y por eso tengo derechos, derechos de amor. Recuerden entonces que lo que llamamos relación de protección presupone siempre una relación de alianza; y en este punto la Inscriptio se empeña, siempre y en todo sentido, por revestir un carácter de alianza. Perfecto desasimiento de nosotros, perfecta entrega de amor a la Sma. Virgen, pero a la vez también perfecta donación de ese amor a otros por parte del aliado.
Cuando la Familia realizó la Inscriptio, la alianza alcanzó su perfección y los derechos de amor se hicieron infinitamente grandes. Ahí comenzó la marcha triunfal de la Familia. En el momento en que la Familia se decidió a hacer la Inscriptio, el Acta de Fundación se actualizó en plenitud. Vale decir que hasta entonces estábamos en camino hacia esa plenitud, pero aún no había una fidelidad perfecta a la Alianza. Ciertamente la Sma. Virgen había prometido: Ego diligentes me diligo -y con esas palabras tenemos la Alianza: amo a aquellos que me aman -pero observen, por favor, que el tono del Acta de Fundación apunta a un amor perfecto, por eso hay que aumentar al máximo las exigencias. Así pues tienen que añadir el término “perfectamente”: Amaré perfectamente a los que me amen perfectamente. La Sma. Virgen llama la atención sobre ese carácter de Alianza en la primera parte del programa del año. ¡Descendat Maria! Pero nosotros debemos sellar una Alianza con ella en cuanto ella es sponsa et consors Christi (esposa y consorte de Cristo). Por eso debemos y queremos integrarnos a ese carácter esponsal de la Sma. Virgen; ser, como ella y en ella, cooperadores, colaboradores permanentes de Cristo. ¡Descendat Maria sponsa et consors Christi!
Mi querida Familia de Schoenstatt, una vez que hayamos encontrado en la Sma. Virgen la correcta relación con Cristo, y de ese modo con el Dios Trino, entonces nuestra tarea consistirá en que esa misma Alianza de Amor se selle también con el pueblo y patria alemanes… la Sma. Virgen la ha sellado hace ya mucho tiempo. Pero mucho más importante es que el pueblo y patria alemanas sellen la Alianza de Amor con la Santísima Virgen en cuanto sponsa y consors. Si el mundo se consagra a la Madre del Señor, si por amor sella la Alianza con la Madre del Señor, la sella también, con seguridad, con la Sabiduría Eterna, con el Dios Trino. El camino para que Alemania vuelva a abrirse pronto a Dios, a unirse a Cristo, a vivir íntimamente con Cristo y dar a luz a Cristo, pasa por María. He aquí el gran camino: asumir de la manera más perfecta posible la relación de alianza, la Alianza de Amor con la Sma. Virgen. Ustedes advierten que esto es todo un mundo; si no meditan sobre él no lograrán comprenderlo.
Del P.J. Kentenich, Semana de Agradecimiento, conferencia VI, 20 de octubre de 1945.


