No hay nada que hacer; esta novena por la Coronación de María como Reina de la Salud Física y Espiritual que se realizará desde el Santuario del Terruño me convida a reflexionar profundamente y trae a la mente mil ideas que quiero compartir.
Faltando 4 días me puse a pensar en el tema de ayer: La VERDAD.
Para el Padre José Kentenich la Verdad era tan importante que se animó a decir en una plática de 1945 (tras su liberación de Dachau y camino a Schoenstatt):
“Se nombra y se promociona, en primer lugar, a la verdad y no al amor. Ciertamente que el amor es más importante, que todo fluye del corazón. Pero el amor sólo es posible mediante la verdad. ¡Y cómo se ha violado la verdad!”
Se refiere, por supuesto al período nazi que acababa de finalizar y la distorsión que éste hacía de la verdad. Es que, para nuestro Padre Fundador, quien se nutrió del pensamiento aristotélico -realista- a través de la escuela de San Ignacio y San Vicente Palloti, el mundo de las ideas no quedaba en un platonismo idealista sino que se debía vivenciar y hacer patente en los hechos porque la verdad no procede de las ideas, está en las cosas, en los sucesos y nos enseñó a extraerlas como voces divinas y formularlas en juicios propios, libres y organizados. No son de extrañar entonces sus formulaciones sobre la Fe Práctica en la Divina Providencia y la Santidad de la Vida Diaria.
Su respeto por la verdad era tan basal que no dudó en incorporarla al Credo de su Misa del Instrumento, reforzando el concepto de ir a los hechos y no quedarse en las palabras:
“Creemos con certeza lo que nos dice la eterna Verdad; inclinamos, dóciles, el entendimiento y la seguimos con amor y obras. “
La aplicación del concepto de Verdad se extiende a todos los órdenes. Para el mundo de la medicina -tan presente en estos tiempos pandémicos- por ejemplo, en su publicación “Bioética Clínica Personalista: el Aporte del Padre.”, la Hna. Elena Lugo escribe:
“El P. Kentenich nos ha planteado una imagen de Dios como Causa Primera trascendental, pero reflejado y asistido, sin menoscabo de su carácter incondicionado, por criaturas inteligentes y libres, quienes, aceptando ser instrumentos dependientes de Dios, funcionan como auténticas causas eficientes y formativas con metas iluminadas por la Verdad y el Bien revelados. Promover el Bien general y espiritual (en su sentido secular y religioso) del hombre y tomar su vocación de persona en sí como fin trascendente y guía para la Medicina.”
La Verdad os hará libres, nos dijo Jesucristo. Tenemos las manos desatadas… para usarlas.


