Queridos hermanos en la Alianza, querida familia:
“¡Bendice alma mía al Señor, el fondo de mi ser, su santo nombre, bendice alma mía al Señor, nunca olvides sus beneficios!” (Sal 103,1).
Hace unos momentos ha regresado a nuestra casa en un muy buen estado de salud nuestro querido Padre Nicolás. Sin dudas, la mano bondadosa del Padre de la Misericordia y el corazón maternal de nuestra Mater, Reina de la Salud, lo han cuidado muy especialmente.
Quiero invitarlos a que agradezcan con todos nosotros por este don de la bondad del Señor en la vida y salud de nuestro querido Padre Nicolás y de todos nosotros. Aprovecho la ocasión para agradecer de corazón, en nombre de todos los Padres, por todas las oraciones que han hecho por él y por nosotros; por todos los gestos de cercanía, por la ayuda material y el apoyo permanente que nos han brindado de muchas maneras.
Asimismo, agradecemos de modo muy especial a todos los médicos, a las enfermeras, y a todo el personal que estuvo muy de cerca cuidando con tanto cariño al Padre Nicolás en estos días. “Gracias por todo Madre, todo te lo agradezco de corazón y quiero atarme a ti con un amor entrañable: ¡Qué hubiese sido de nosotros sin ti, sin tu cuidado maternal!”.
Que la Mater, que nunca se deja ganar en generosidad, les retribuya a todos con creces y abundantes bendiciones. Con mi afecto y bendición.


