Hace 100 años atrás, en el verano europeo de 1920 desaparecía el virus de la gripe española, considerada la pandemia más devastadora en la historia de la humanidad, que dejó unos 40 millones de muertos a lo largo de dos años. El mundo sufría también por las consecuencias sociales, humanas, políticas y económicas de lo que había sido la 1ª gran Guerra Mundial. En esos años, en muchos países se iniciaban revoluciones sociales que manifestaban un anhelo de cambio y de transformación en todos los órdenes de la vida. En un mundo muy convulsionado, en Agosto de 1920, en un rinconcito perdido de Alemania, se fundaba la Liga Apostólica del movimiento de Schoenstatt. Un año antes, el mismo 20 de Agosto, en Hoerde, se había fundado la federación apostólica del movimiento. ¿Quien iba a ser capaz de vislumbrar todo lo que la Divina Providencia iba a realizar a partir de esos pequeños orígenes y con esos débiles instrumentos?
El Movimiento de Schoenstatt, viviendo con entrega la Alianza de Amor y desde la fuente de gracias del Santuario Original, se iba a ir extendiendo cada vez más por muchos países. Hace 61 años atrás aquí en Paraguay, un grupo de jóvenes (diríamos de la JM), deciden fundar el Movimiento de Schoenstatt. Poco a poco se iban a sumar las primeras chicas y de esos primeros grupos de varones y mujeres que sellaron la Alianza de Amor con la Mater, se fue gestando una gran familia, que hoy se ha ido extendiendo en muchos rincones de nuestra Patria. Hoy, al celebrar este Jubileo de los 100 años, nos unimos a todos los primeros que con mucha audacia y entrega se enamoraron de la Mater y le dijeron: “¡Contá con nosotros, Adsum!”. Como hace 100 años, nos encontramos en un impensado escenario mundial amenazado por una pandemia, por un virus que ha puesto en jaque a toda la humanidad. Como hace 100 años, nos encontramos también ante graves desafíos sociales, de alcance mundial. Como hace 100 años atrás, queremos hoy todos, darle nuevamente nuestro Sí a nuestra Reina de los Apóstoles, y volver a ofrecernos como sus instrumentos para “la renovación religiosa y moral del mundo”.
1) Quiero invitarlos a todos a agradecer por estos 100 años. Agradecer a Dios y a la Mater, porque con el surgimiento de la liga, fue naciendo una legión de apóstoles, sobre todo laicos, que en diferentes ambientes se esfuerzan en vivir y encarnar la santidad de la vida diaria. – Agradecemos a nuestra Mater, porque ella desde el Santuario ha derramado abundantes gracias y ha sido fiel a la Alianza que ha sellado con nosotros. Tomando las palabras del Padre, podemos decir hoy más que nunca: “Gracias porque con amor fiel nos encadenaste a ti, queremos ofrecerte eterna gratitud y consagrarnos a ti con indiviso amor” (Cfr HP estrofa nº 560).
Agradecemos a nuestros hermanos que pertenecen a las distintas ramas de la liga apostólica, tanto jóvenes como adultos, que con su vida de Alianza, su compromiso generoso, han aportado y aportan en la construcción de la Nación de Dios. Hay muchos hermanos, también, que han vivido con fidelidad a su Alianza hasta el final de su vida y que ya están en el Schoenstatt eterno. A ellos también nuestra reconocida gratitud.
2) Este Jubileo nos llama a seguir siendo fieles a la Alianza con nuestra Madre. En este tiempo, en el que atravesamos por momentos de pruebas y dificultades de todo tipo, desde lo profundo del corazón queremos renovar nuestro SÍ a nuestra Reina. Ella nos ha elegido, y nosotros queremos responderle con una fidelidad entusiasta, alegre y generosa. Con una fidelidad que implica también creatividad, audacia, apertura a nuevos desafíos. Queremos hoy mas que nunca ser fieles a la Misión que Dios confió a nuestro Padre y Fundador.
Ahora esta fidelidad, no quiere quedarse en buenas intenciones o en un simple juego de palabras. Nuestra fidelidad se debe expresar en el empeño cotidiano por la santidad de la vida diaria. Recordemos las palabras que la Mater nos vuelve a decir desde el santuario: “esta es la santificación que exijo de ustedes… demuéstrenme con hechos concretos que me aman realmente y que toman en serio su propósito” (cfr 1ª Acta de Fundación) ¡Hechos concretos, obras, actos, gestos!
Si, nuestra fidelidad a la Reina que nos ha elegido y que tanto nos ama, se debe concretar en este esfuerzo cotidiano por la santidad, en la familia, en el estudio, en el trabajo, en el noviazgo y el matrimonio, en esta santidad vivida en este difícil tiempo de pandemia que tanto nos desafía e intranquiliza. Pero hoy más que nunca, en fidelidad a la Alianza primera, le decimos a nuestra Reina: “con amor hoy y todos los días nos ponemos a tu servicio, según los deseos de Dios, usa de nosotros enteramente para tu Reino de Schoenstatt” (Cfr. HP nº 606).
3) Este jubileo es también una ocasión para renovarnos en el compromiso y en el apostolado de cara al presente y al futuro. Escuchamos en la Primera lectura la narración de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, que “transformó débiles hombres y avivó en ellos el espíritu de apóstoles y de mártires” (Cfr. HP 212 y 353). Este jubileo, nos lanza, nos proyecta, nos moviliza a servir a la Iglesia y a nuestra sociedad. ¡El fuego apostólico nos mueve y nos quiere sacar de la comodidad o la tranquilidad y nos muestra los horizontes del mundo entero! ¡Hay mucho por hacer!
Hace 100 años atrás, tanto la liga como la federación surgida un año antes, estaban integradas por jóvenes laicos que se decidieron a ser apóstoles en los diferentes ambientes en los que ellos estaban. Era una gran novedad en aquella época. Hace 100 años, el incipiente movimiento de Schoenstatt despertaba la vocación de los laicos, mujeres y varones, jóvenes y adultos, para que puedan desde la fuerza del Bautismo y la Alianza con la Mater, renovados día a día, ser sal, luz y levadura en medio del mundo.
Hoy, este compromiso y apostolado de los laicos es más urgente que nunca. Necesitamos apóstoles laicos que renueven y se santifiquen en el matrimonio y la familia; apóstoles laicos que irradien y contagien con la fuerza del testimonio de la Caridad de Cristo (“charitas Christi urget nos”, como dice san Pablo en 2Co 5,14), apóstoles laicos que transformen las oficinas, las escuelas y universidades, los hospitales, los despachos, los bancos, las instancias políticas y económicas, los medios de comunicación, las redes sociales. Apóstoles laicos que luchen por crear un país más justo, honesto, con igualdad de oportunidades para todos, apóstoles laicos que socorran a los hermanos que sufren la pobreza, el desempleo, la enfermedad, en estos tiempos de pandemia.
La Mater necesita mujeres paraguayas, apóstoles laicas, -en este año jubilar de la mujer en Schoenstatt- que con la fuerza de su feminidad sean imágenes vivas de María en todos los ambientes en donde ella estén. – La Mater nos llama a ser instrumentos de la vida, en una sociedad en donde vemos tantas amenazas contra la vida y la integridad y dignidad de las personas.
Queridos hermanos. Nuestro Padre y Fundador, eligió como epitafio para su tumba la frase: “Dilexit ecclesiam”, amó a la Iglesia. Dios lo eligió para ser el padre y fundador de una gran familia que con su carisma quiere servir a la Iglesia. En este jubileo, asumiendo su misión y comprometidos con él, nosotros también queremos empeñarnos en seguir sirviendo, amando y construyendo la Iglesia de Jesucristo, de la que todos nosotros somos Piedras vivas. Hoy, en este día de gracia, junto al Santuario, la Reina de los Apóstoles nos llama y envía también para que seamos instrumentos dóciles al servicio de los demás, para la Iglesia, para el Paraguay y para el mundo.
Con un corazón agradecido y fiel, le decimos todos, miembros de la Familia de Schoenstatt: “toma el corazón entero y la voluntad, te pertenecen por completo. Ser total posesión tuya, es para el instrumento, su honra y su gloria” (HP nº 607).


