Queridos hermanos:
Con esta Eucaristía culminamos este fin de semana especial, en el que nos hemos reunido para poder encontrar y definir el Objetivo y el Lema de nuestra Familia Nacional para estos 2 años. Esta jornada es histórica: es la primera en la historia del Schoenstatt Paraguay que se hace en forma virtual. Fue todo un desafío… Nunca nos cuestionamos si hacerla o no, pero sí teníamos dudas respecto a la fecha, cuándo sería lo mejor. Al comienzo pensábamos que en Marzo ya íbamos a volver a la normalidad, pero no ha sido así. Por tanto la hicimos por Zoom en forma virtual… Quiero destacar y agradecer a todo el grupo organizador de esta Jornada por la generosidad, la creatividad, la buena onda, el profesionalismo, el esfuerzo, la entrega; como también quiero agradecer a todos ustedes por la participación activa (ayer éramos en torno a 122 conexiones… así que habrá que sacar la cuenta cuántos estábamos conectados).
Como decíamos ayer, tanto en el trabajo previo como en la jornada hemos contado con la presencia de hermanos y hermanas en la alianza de todas las comunidades diocesanas del país. Un verdadero regalo que nos habla de la riqueza y del crecimiento del Schoenstatt paraguayo.
En este espacio de la homilía, quisiera comentar o expresar algunos ecos respecto al objetivo y al lema que hemos formulado ayer. Nuestro Objetivo dice: “Fortalecer la familia, comprometidos en el servicio, para forjar con audacia, honestidad y solidaridad la Nación de Dios”. Voy a irme deteniendo en algunos aspectos:
1) Queremos “fortalecer la familia”. En primer lugar se trata de nuestra familia natural, creada por Dios, pilar de la sociedad y la cultura. La familia es un regalo y es un don de Dios que debemos cuidar y sostener. En estos tiempos en que la familia está amenazada y combatida, en estos tiempos de pandemia en que pasamos por muchas dificultades, queremos fortalecerla de modo muy especial. En un sentido mas amplio, con la palabra “familia” también nos referimos a nuestra Familia de Schoenstatt, la Familia del Padre. Nos podemos preguntar: ¿Cómo queremos o podemos fortalecer la familia? De muchas maneras. Mencionaré algunas, ustedes podrán agregar muchas otras:
– Por medio de los Sacramentos, en especial por medio de la Eucaristía, en este año dedicado a ella. De la Eucaristía, del Cuerpo y la Sangre del Señor, queremos recibir la fuerza del Amor de Jesús para poder vivir en familia y santificarnos en familia.
– Queremos fortalecerla por medio de la oración permanente, cotidiana. Cristo ha de estar en el centro de nuestros hogares en estos tiempos en que vivimos en una atmósfera de ateísmo práctico. Queremos fortalecer nuestras familias por medio de la Fe, por medio de la escucha de la Palabra de Dios.
– Queremos fortalecer la Familia por medio de nuestra Alianza de Amor con nuestra querida Mater vivida con alegría y heroísmo.
– Queremos fortalecer la familia viviendo y santificándonos arraigados y cobijados en nuestros santuarios de Hogar: verdaderos centros y motores del amor en nuestros hogares, que unidos a los santuarios filiaes, conforman una gran red de santuarios.
– Queremos fortalecer asimismo nuestra gran familia de Schoenstatt, la familia del Padre, por medio de nuestro esfuerzo por integrarnos y unirnos, por ser verdaderos hermanos, en el espíritu de la encíciclia Fratelli tutti del Papa Francisco; queremos fortalecerla por medio del amor, del sacrificio, de la entrega abnegada a los demás.
En este tiempo en que vivimos, vemos cómo la familia está siendo atacada por muchos frentes. Ya lo decía el Papa años atrás: el principal destructor de toda familia es el demonio. No estamos hablando de adversarios meramente humanos. De ahí la importancia de consagrarnos todos a la Sagrada Familia, y tomarlos a ellos como ejemplos y modelos a seguir. Tanto el año de San José como el año de la Familia que comienza el 19 de Marzo son muy inspiradores y nos marcan un programa a seguir…
2) “Comprometidos en el servicio”: esta parte de la frase del objetivo nos habla de la modalidad, del cómo queremos hacerlo: “comprometidos en el servicio”. Queremos comprometernos. El amor nos mueve a comprometernos, a poner nuestros corazones y manos a la obra. Y queremos servir… servir es salir de uno mismo para atender al otro, para hacerse cargo, para ayudar, para amar. Creo que la imagen que mejor puede ilustrar lo que es el servicio es la actitud de Jesús en la Última Cena: se abaja, se inclina para servir y lavar los pies a los discípulos (Cfr Jn 13,1-17).
La frase del Señor debe ser un programa de vida para cada uno de nosotros: “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida…” (Mc 10,45). El servicio humilde es la gran actitud de María, la servidora del Señor (Cfr Lc 1,38). Es bueno que haya salido en la formulación el compromiso y el servicio…. es algo bien concreto… Nos podemos preguntar: ¿Estoy dispuesto a servir? ¿O prefiero que me sirvan? ¿Me comprometo, me ofrezco, o prefiero quedarme siempre en el plagueo sin hacer nada, sin tomar iniciativas, sin ofrecerme para servir? Hoy vivimos en una sociedad que todo el tiempo nos incita a servirnos de los demás: del prójimo, de los enfermos, de los pobres, de los que están desesperados, del que puedo aprovechar para algo…para tener votos, likes, dinero, poder. La vida y el ejemplo de nuestro Padre Fundador nos enseña todo lo contrario: su testimonio de vida fue un “servir desinteresadamente a la vida ajena”: Así fue nuestro Padre, un hombre que se destacó por ese servicio abnegado y fiel a la Familia y a cada persona que le fue confiada hasta el final de su vida.
3) “Para forjar con audacia, honestidad y solidaridad la Nación de Dios”. Con estos valores, con estas virtudes, queremos forjar y construir el Paraguay, la Nación de Dios:
– “Con audacia”: con la audacia de la caridad, del amor. Esa “valentía creativa” de San José que mencioné ayer, como la describe el Papa en su carta Patris Corde. Es la audacia de Jesús, como lo vemos en el Evangelio de hoy, que no tiene miedo de “educar” a su pueblo idólatra, recordándole con gestos fuertes que el dinero no debe ocupar el lugar de Dios (Cfr Jn 2,13- 25). Es la audacia del Padre Kentenich el 18 de Octubre, en el 20 de enero, el 31 de Mayo…La audacia de un Papa Francisco que va a un país donde años atrás fueron martirizados miles de cristianos…(Muy conmovedor hoy verlo rezar ante las ruinas de una iglesia destruida en Mosul…). Nos podemos preguntar: ¿Cómo podemos ser más audaces? En nuestra vida de alianza de amor con María: ¿Qué arriesgo? ¿Qué pasos me pide el Espiritu Santo para entregarme más, para salir de la mediocridad, para aspirar y crecer en la entrega y santidad?
– Queremos ser audaces para vivir con coherencia y dar testimonio en nuestra vida cotidiana sin temor a las críticas, al bullying, al qué diran…
– Queremos ser audaces para emprender nuevos caminos, nuevos apostolados, para ser creativos en el servicio a los demás. Queremos ser audaces para romper los muros y crecer como Familia nacional, para ser más hermanos entre nosotros.
– Ayer, la CEP escribió un comunicado, por medio del cuál nuestros pastores nos llaman entre otras cosas, a la audacia: “La valentía que necesitamos es la de la verdad, la equidad y el compromiso con lo que es justo”1 (Esto vale para tanto para los políticos y gobernantes como tambien para cada uno de nosotros los ciudadanos). Sí, debemos ser valientes para ser coherentes, para anunciar la verdad, para vivir y practicar la justicia.
– Con honestidad. Ayer hablaba de esto en mi charla. La indignación ciudadana, que no es nueva, sino que viene desde hace mucho, manifiesta que estamos hartos de la corrupción. La corrupción genera muerte, porque por culpa del egoísmo de algunos, quedan muchos sin insumos médicos, sin comida, sin agua, sin tierra, sin electricidad… sin los elementos básicos que necesitamos para vivir una vida justa y digna para todos. Como schoensattteanos queremos ser honestos, hasta en los detalles más pequeños. Recordemeos la frase de Jesús: “El que es fiel (honesto) en lo poco, es también fiel en lo mucho” (Cfr Lc 16,10). Queremos forjar la Nación de Dios con decisiones honestas cada día, empezando en nuestras casas, en el trabajo, entre nosotros mismos. En este sentido de la honestidad, también nos dicen nuestros obispos: “Asumamos el desafío de gestionar la confianza y la credibilidad con la verdad, y con una administración justa y transparente. Las convulsiones sociales no son la terapia, sino síntomas de una sociedad que necesita un cambio eficiente y efectivo en la gestión y consecución del bien de todos” 2.
– Con solidaridad. La solidaridad es expresión del amor, de la caridad de Cristo. La solidaridad nos lleva a mirar a los que sufren, a los necesitados, a los que menos tienen, a lo que lo están pasando mal. Ser solidario es algo bien concreto. Cada noche me puedo evaluar si hoy fui solidario o no con los demás. Este tiempo de pandemia nos llama a ser solidarios, pensar y hacer algo bien concreto por los que sufren. Recodemos lo que el Papa Francisco nos dijo cuando estuvo aquí en Asunción, en el Bañado: “una fe que no se vive en clave solidaria está muerta”.
* Nuestro lema “Familia del Padre, comprometida, forjadora de la nación de Dios”, nos debe recordar todo este gran Objetivo. Somos la familia del Padre Fundador, nos queremos comprometer a llevar a la vida el objetivo para forjar la nacion de Dios.
* Queridos hermanos: termina una nueva jornada de Planeamiento. La otra vez pedí la lista de los lemas y objetivos de las jornadas de Planeamiento desde el 2009. Esos lemas y objetivos quedan escritos, quedan para la historia. Pero lo más importante, es que se hagan vida en nosotros, que generen cambios, que siembren esperanza, que estos lemas y objetivos no se queden en lindas formulaciones en los archivos, sino que forjen auténticos santos y héroes que hagan del Paraguay la Nación de Dios que anhelamos…la historia nos juzgará si hicimos bien nuestro papel o fuimos meros espectadores…dependerá de cada uno de nosotros.
* “Fortalecer la familia, comprometidos en el servicio, para forjar con audacia, honestidad y solidaridad la Nación de Dios”.
“Familia del Padre, comprometida, forjadora de la Nación de Dios”.


