Estuve preso y me viniste a visitar

En el año de la misericordia el Papa Francisco nos exhortaba a realizar  visitas a las cárceles como una de las obras de misericordia. Un día, en una actividad parroquial frente a muchas personas, manifesté que me sería muy difícil realizar esta obra de misericordia, ya que no sabía a quién visitar, ni con quién iría.

A mediados del año 2016, en una conversación con el Padre Pedro, me hizo una invitación para acompañar la Pastoral carcelaria un sábado. Durante esa semana y después de pensar mucho, decidí aceptar la invitación e irme.

Llegó el día y estuve puntualmente en el horario  que acordamos. Fuimos entrando y yo me llenaba de miedo e incertidumbre, pensando qué podría pasar, y cómo sería mi encuentro con los internos. Con el primer grupo al que me presenté se me complicó bastante, ya que no sabía qué palabras decir ni cómo expresarme. Pero enseguida uno de los chicos se  acercó a mí, me saludó muy amablemente, y empezamos a intercambiar palabras y a conocernos. Ese momento fue de mucha ayuda, ya que entré en confianza y los nervios eran cada vez menos. Pasando después a los demás grupos de adolescentes, fui notando muchas cosas interesantes en ellos. Después de terminar las actividades, charlando con los integrantes de la pastoral me comprometí a volver el sábado siguiente.

Fue así que volví a irme, ya con un pensamiento distinto y más tranquilo, compartiendo y hablando un poco más. Fui recorriendo los grupos de catecismo, observando y analizando  el comportamiento de los chicos, y el interés que mostraban en lo que se les enseñaba. Al terminar la tarde, de nuevo me comprometí a ir el sábado siguiente.

Hoy ya hace casi dos años que voy a la cárcel cada sábado, como catequista  y miembro de la Pastoral carcelaria. ¿Qué fue lo que me motivó para realizar este apostolado? Desde el primer día noté la realidad de los jóvenes que se encuentran privados de su libertad. Me di cuenta que ellos son las primeras víctimas, porque nunca tuvieron una buena infancia, ni una familia estable, ni una persona que les dé buenos consejos, educación y por sobre todo cariño, amor y cuidado. Muchos viven en la calle sin familia, en la precariedad y abandono total. Otros tienen padres separados, o viven con los abuelos.

Hoy puedo decir con  certeza que la realidad de estos chicos es muy diferente a todo lo que podamos pensar, decir o imaginar. Les invito a ver la otra cara de la moneda, y no quedarse con el prejuicio de que “todos son drogadictos y delincuentes”. ¡Son en primer lugar personas, hijos de Dios!  Son jóvenes, adolescentes o niños que a lo mejor cometieron un error o muchos, pero que merecen una oportunidad. Necesitan de una familia, de un amigo, de alguien que quiera darles una mano o un abrazo.

Con la Pastoral carcelaria pudimos llegar a muchos de ellos, conociendo sus realidades, sus problemas y necesidades. Nos dimos cuenta que nadie está perdido; muchos de ellos anhelan ser mejores personas y cambiar. En ellos podemos ver que Jesús se hace presente: en cada abrazo, en cada mirada, o simplemente intercambiando algunas palabras. Ellos necesitan de ti, necesitan de mí y de todos, para poder forjar un  futuro diferente, lleno de luz y esperanza, para llevar una vida más saludable. Como decía Don Bosco: “No hay jóvenes malos, solo hay jóvenes que no saben que pueden ser buenos, y alguien tiene que decírselo.”

Estamos muy felices que puedas leernos. Esta Plataforma es un nuevo formato de presentación de nuestra tan querida Revista Tupârenda, que con mucho esfuerzo un equipo de personas lo lleva adelante voluntariamente.

¡Apoyá a la Revista Digital con una donación! Todo aporte suma a cubrir los costos tecnológicos y de mantenimiento, para así seguir cumpliendo con la tarea de difundir la Alianza de Amor sin fronteras.

Otros artículos

Suscribite a nuestra lista de emails

Suscribite a nuestra lista de emails

No te pierdas de nada. Suscribite y recibí todas las noticias.

 

 

Te has suscripto a nuestra lista :)

Compartir esto