El 27 de junio de 2015, una fecha más que significativa en mi vida, pocas personas conocen mi testimonio, hoy ciento un llamado a contárselo a todos los que tengan ánimo de leer.
Hace tres años atrás comenzaba para mí una lucha de vida, una lucha terrenal. Era un martes normal, me desperté a la hora habitual, dejé en orden algunas cosas en casa y fui al trabajo. En el trabajo, siento un extraño ardor en el vientre, me apresuro en ir al sanitario, ya no me da tiempo de llegar, siento algo caliente deslizarse entre mis piernas, era tanta sangre como nunca había visto, fui llevada por mis compañeras al hospital más cercano, en un primer diagnóstico me indican un posible mioma, me envían a mi casa a reposar.
Un día después sufro la misma situación, pero más fuerte, soy llevada en ambulancia al hospital donde se concreta que era un aborto espontáneo, tenía tres semanas de embarazo. De urgencia, con mi hemoglobina en 8.2 me someten a un legrado. Luego de tres días de internación y tres días de reposo regreso a mi trabajo con la indicación que ante cualquier sangrado por mínimo que sea regrese al hospital. Se presenta un nuevo sangrado, me realizan una ecografía, aún había restos dentro mío, debía someterme a un nuevo legrado, me piden regresar al día siguiente en ayunas, pero no pude, esa noche una vez más, tuve un sangrado tan grande que fui llevada de urgencias al hospital y fui derivada a C.D.E por la gravedad. Ya no paré de sangrar desde ese momento, mi hemoglobina pasó de 8.2 a 5.4 tras una cantidad de estudios volvieron a legrarme. Ya con alto riesgo tanto porque sería la segunda vez y mi nivel de hemoglobina. Necesitaba ser transfundida de urgencia pues luego del segundo legrado mi hemoglobina bajó a 4.5, la desesperación fue enorme pues no había sangre disponible, la espera se hacía eterna mi estado era peor; por si fuera poco, aún había rastros del embarazo en mi interior, cuatro días esperando, necesitaba seis volúmenes de sangre, solo conseguimos dos. Me derivan a Asunción, en pocas horas ya estaba dentro de la ambulancia, sin respirador, el viaje fue interminable, le pregunto a mi esposo dónde estamos…y me dice: -en Coronel Oviedo Amor-; en ese momento cierro mis ojos y ya sin fuerzas humanas hablo con Dios y con nuestra Madre, me entrego a ellos de corazón.
Caí en un profundo sueño (cosa que no hacia hace cuatro días). Llegamos a IPS, me reciben con tubo de oxígeno, y de ahí ya no recuerdo nada hasta unos dos días después que desperté con el cuerpo todo adormecido y recibiendo sangre directo.
Luego de casi 50 hs. me llevan a una sala normal; ver a mi esposo, mis padres y mi cuñado, me puso muy feliz, ya fuera de peligro, pero con varias secuelas por la falta de sangre en mi cuerpo, que por cierto mi hemoglobina llegó a 3.4; me ubican en la cama, lo primero que veo es una imagen de la Virgen (en ese momento creí que era la Virgen del Carmen) la cual me acompañó los 23 días que estuve en esa habitación.
Llegaba el 12 de agosto, día de mi cumpleaños y la añoranza de mis hijas me partía el alma y había una pequeña esperanza de salir ese día, esperanzas que se cayeron con un resultado, aún quedaban restos. La doctora me dice: -depende de que pases este cumpleaños aquí adentro, para que cumplas muchos años más allá afuera-.
Llegó ese 12; transcurrió muy bien a pesar de la circunstancia; me despertaron las enfermeras y médicos cantando feliz cumpleaños, la compañía de mi esposo, mis seres queridos, y sobre todo la presencia de mis tres hijas, a quienes pude ver después de aproximadamente 15 días.
El 25 de agosto, me daban la mejor noticia, estaba de alta. Me quedaba una consulta antes de volver a casa, por lo que me quedo con una tía, hablando con ella le pregunto por mi primo, me dice que está en una reunión, pues él estaba queriendo ser misionero de un movimiento, me trae una estampita, grande fue mi sorpresa cuando veo la estampita de la Virgen, era la misma que estaba en mi cuarto de hospital, era ella, LA MADRE TRES VECES ADMIRABLE DE SCHOENSTATT.
Llegué a Santa Rita un sábado a las 18:15 hs., bajé mis cosas y alisté a mis hijas, mi esposo preguntó -dónde vas- y le dije a dar gracias, fuimos a la misa. Días después encuentro a una amiga, me dice -quiero comentarte algo muy lindo que escuché, una entregó tu vida a la virgen, ella hacía su Alianza de Amor y puso tu salud en manos de la Virgen de Schoenstatt. No pude contener las lágrimas.
Dos semanas después pasa una señora y me dice: -¿¿María Liz??- Sí le digo, soy yo, y se me acerca, me pregunta si me gustaría recibir una visita, yo le respondo: claro que sí y le hago pasar, saca de su bolsa un mantelito, una vela y ¡era la Virgen peregrina! Ella no me había desamparado jamás.
Tuve una segunda oportunidad, Mamita María tomó mi vida en sus manos y la ha transformado, soy como un vaso nuevo en las manos del alfarero, hoy más fortalecida que nunca ha cambiado mi vida, mi pensamiento, todo mi ser, me lleva y me trae, me da pruebas difíciles, pero me da la sabiduría de poder llevarlas a cabo. Pienso que todo eso que pasé fue necesario para mi conversión y para tener fe en Ella. ELLA ES LA GRAN MISIONERA… ELLA OBRARÁ MILAGROS
