Queridos hermanos con este día Miércoles de Cenizas (26 de febrero 2019) comienza el santo tiempo de la Cuaresma. El Apóstol San Pablo nos lo dice con fuerza: “los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios: éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación” (2Co 6,1-2). Ha comenzado nuevamente el tiempo favorable, este tiempo de gracia que Dios nos ofrece y nos regala.
El tiempo de Cuaresma está destinado a prepararnos lo mejor posible para la celebración más importante para nosotros los cristianos que es la celebración de la Pascua del Señor, su Resurrección de entre los muertos. La Semana Santa, sobre todo, los días del triduo pascual, son las celebraciones centrales de todo el año litúrgico para los cristianos. La Iglesia, en su rica y milenaria tradición litúrgica, nos ofrece estos 40 días para prepararnos convenientemente y disponer nuestro corazón para la gran fiesta de la Pascua. El número 40 nos recuerda los 40 años que pasó el pueblo de Israel por el desierto hasta poder entrar a la tierra Prometida; como también, los 40 días de oración y ayuno que hizo Jesús en el desierto, siendo tentado por Satanás…
Quizás nos podemos preguntar: ¿Cuál es el sentido de la Cuaresma? ¿Cómo podemos aprovechar y vivir bien este tiempo de renovación que Dios nos concede?
1) El tiempo de cuaresma es un tiempo de conversión, de transformación. La Cuaresma debe ser una oportunidad para un cambio profundo de vida; en este tiempo queremos apartarnos del pecado y así acercarnos mucho más a Dios, llevando una vida más coherente, más auténtica, una vida cristiana más en serio. Este es el llamado fuerte y claro que nos hace el profeta Joel: “vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto…vuelvan al Señor su Dios, porque Él es bondadoso y misericordioso” (Jo 2,12-13). Volver a Dios significa dejar el pecado que me aparta de Dios; dejar los ídolos que me esclavizan y volver mi corazón más a Dios. En eso consiste la conversión.
– Este es uno de los sentidos que tiene el signo de la cruz de cenizas que se hace en la frente de cada uno de nosotros. Este rito expresa el anhelo sincero de la conversión. La ceniza, que simboliza nuestra fragilidad humana, también simboliza la mancha de nuestros pecados. Y por eso vamos a escuchar la frase: “Conviértete y cree en el Evangelio”.
– Nos podemos preguntar: ¿De qué pecado especialmente quiero convertirme en esta cuaresma? ¿Qué pecado me está alejando de Dios? ¿Qué pecado me daña a mi personalmente y qué pecado que cometo me separa y daña, lastima a los demás?
– Es difícil cambiar de golpe, pero en el remordimiento de mi conciencia puedo escuchar la voz de Dios que me mueve a luchar por ejemplo, contra el pecado de la soberbia, la envidia, el egoísmo, la lujuria, el deseo desmesurado de dinero, de placeres… el odio; el hábito de mentir o chismosear… a luchar por superar y liberarme de las adicciones que me han ido atrapando: el alcohol, la pornografía, etc…
2) El tiempo de cuaresma es un tiempo para reconciliarnos. El Papa Francisco tituló la Carta para esta Cuaresma 2020 con la frase de San Pablo que escuchamos: “en nombre de Cristo les pedimos: déjense reconciliar con Dios” (2Co 5,20). En primer lugar reconciliarnos con Dios por medio de una profunda confesión. Te pregunto: ¿Hace mucho que no haces una sincera confesión ante un sacerdote? Hago un llamado a que nos acerquemos al sacramento de la reconciliación en este tiempo. En una parte de su Carta nos dice el Papa: “y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer”. Esa reconciliación con Dios se debe expresar en la misericordia y la compasión con los demás. Si Jesús te perdona tus pecados, debes esforzarte en ser compasivo y generoso con los demás. Ese es el sentido de la limosna a la que nos invita Jesús en el Evangelio. La cuaresma es un tiempo en el que queremos crecer en la actitud de misericordia hacia el prójimo: dar y compartir lo que tenemos a los necesitados, perdonar, ser solidarios, visitar presos, enfermos…
3) El tiempo de cuaresma es un tiempo para rezar y escuchar a Dios. Así nos dice Jesús en el Evangelio. Como Iglesia en Paraguay estamos en el Año de la Palabra de Dios. El Papa Francisco decía hoy en Roma: “que nos desconectemos un poco más de los celuares, y nos conectemos con el Evangelio”. Jesús se va al desierto para escuchar la voz de su Padre. Nosotros vivimos asediados y bombardeados por tantas palabras, tantas voces que nos aturden, que nos mienten, que nos tientan, que nos seducen para que pequemos, para que hagamos lo que se nos canta y no hagamos la voluntad de Dios… Por eso, si queremos vivir bien esta cuaresma, dejémonos más tiempo para rezar. Vengamos mas seguido a este santuario; hagamos adoración eucarística; vengamos más seguido a Misa; tomemos la Palabra de Dios y leámosla cada día haciendo mas silencio y dejando que ella nos interpele, nos transforme…
4) Queridos hermanos: en este tiempo de cuaresma queremos acompañar a Jesús en su camino hacia el Calvario. Jesús que sufre y carga sobre sí los pecados y los males del mundo. Nosotros queremos vivir este tiempo dando pasos cada día para hacernos más parecidos a Jesús, para unirnos más a El, para amarlo más. Con el ayuno, con nuestros sacrificios y renuncias, queremos ayudar a Jesús a cargar los dolores del mundo: pensemos en el dolor que le causan los pecados nuestros y los de toda la humanidad; pensemos en el dolor de tantos que sufren, en tantas personas que son víctimas del odio y la violencia; pensemos en el dolor de los enfermos en el mundo entero; consideremos el dolor de los pobres, de los que son esclavos del egoísmo de los demás… con nuestros sacrificios, como Simón el Cireneo, nosotros queremos ayudar a Jesús a cargar la cruz en este tiempo cuaresmal.
Hoy comienza una nueva cuaresma, una nueva oportunidad para convertirnos, una nueva oportunidad para mejorar y crecer, una nueva oportunidad para vaciarnos de nuestro egoísmo y llenarnos más del amor de Dios: los exhorto “a no recibir en vano la gracia de Dios…. este es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación” (cfr 2Co 6,1-2). Vivamos una santa y bendecida Cuaresma.
Amén


