¿Mba’éichapa abuela?…
“Iporãnte che memby, ya los estaba esperando para rezar pues la única que comprende mis dolencias hoy es la virgen la cual amo y venero con mucha fé. Seguí acá, misioná y reza con la mayor cantidad de enfermos posibles. Sólo Dios sana; Tupãsy va a prepararte el camino y los corazones para recibirte. Dios te bendiga”.
Me decía en un dulce guaraní Ña María en la primera misión a la que fui, encomendada por Dios, el envío misionero de Ña María y mi profundo amor al prójimo. Cuento los días mes a mes para seguir con el recorrido por IPS; lugar de almas afligidas y corazones dichosos.
TU VOLUNTAD ES MI DELEITE
Con un constante «Nada sin ti.. Nada sin nosotros» de forma simple y concreta la Mater me recuerda el compromiso mutuo que encierra mi alianza de amor con ella y el saber que donde afirme que ella es la gran misionera ¡Ella obrará milagros!.
En la profundidad de la oración Dios me llama a través de medios concretos, vivir mí «NADA SIN NOSOTROS» y es ahí cuando por primera vez me desafío a vivir la misión IPS… una misión extraordinaria llena de luz, de sombras, de dolor y otros miles de sentimientos encontrados.
Desde la alegría de ver llegar en brazos de mamá por primera vez a un pequeño… hasta la contención de las más difíciles noticias; en su misión toca construir y asumir que Dios requiere nuestra cooperación libre y espiritual para obrar en la vida de estas personas.
Existe un sufrimiento más profundo y más desgarrador que el físico: el dolor de la soledad y de la indiferencia, un dolor tan latente en cada misión por IPS; ahí es donde encontramos a tantos hermanos olvidados por sus familiares, o bien, personas que por la lejanía de su pueblo, no reciben ninguna visita.
Es ahí donde llega la gran misionera con la promesa de obrar milagros dejando a su paso las gracias de su Santuario y Dios por medio de nuestra entrega; sana y reconforta corazones. ¡Qué bueno es darme en mi pequeñez! y que él actúe.
Compartir mes a mes de mi tiempo con ellos y llevar una palabra de aliento, un rato de compañía a esos cristos en su monte de los olivos aviva cada vez más mi fe y con ansias espero la próxima misión a donde les aliento a que se sumen y hagan rebosar sus corazones de gracia.



