El lugar que ocupa la Santísima Virgen en el plan de salvación, así como la realidad del tiempo actual y de la vida, nos impulsan con suave violencia a los brazos y al corazón de María, nuestra Madre y Educadora.
No sólo Ella nos aconseja cobijarnos en forma segura y permanente en su corazón, también lo hace el Santo Padre al indicarnos que realicemos por nuestra parte la consagración a su sagrado corazón, la que él mismo ha hecho solemnemente dos veces al consagrar el mundo entero a su corazón.
Esta consagración significa a la vez una alianza de amor mutua entre la Madre tres veces admirable y nosotros. Es un intercambio mutuo de corazones, bienes e intereses. Así lo expresó Grignon de Monfort: “cuando Ella (la Santísima Virgen) ve que alguien se le regala enteramente (por la consagración como alianza de amor) …entonces Ella se regala total y plenamente de una manera indescriptible a aquel que (en la fuerza de la alianza de amor) se le entrega. Ella lo sumerge en el abismo de sus gracias, lo adorna con sus méritos, lo apoya con su poder, lo ilumina con su luz, le regala sus virtudes: su humildad, su fe, su pureza, todo. Ella se convierte en su garantía, en su complemento, en todo ante Jesús. En una palabra: ya que esta persona pertenece enteramente a María, María pertenece enteramente a ella.
Lo que nosotros llamamos contribuciones al Capital de gracias, es la expresión de esta alianza. Nosotros nos regalamos por entero y con todo lo nuestro a la santísima Virgen y, por eso mismo, esperamos como regalo recíproco a ella misma y a todo lo que le es propio.
Sobre todo, esperamos que ella nos transforme en Cristo, que en él nos conduzca al Padre y que nos integre en su misión de ayuda permanente del Señor, y así nos utilice como instrumentos para la redención y pacificación del mundo. La santísima Virgen toma muy en serio una alianza tal.
¿Cómo se ve nuestro corazón, al cual la santísima Virgen tiene derecho de propiedad a causa de la consagración?:
Debiera estar formado de cuatro elementos: pureza, humildad, generosidad y ardor en el amor. Son las cuatro características propias de un verdadero corazón mariano. Lo que nos falte de ello, nos lo regala la santísima Virgen en virtud de la alianza de amor sellada con ella, a través de la misteriosa fusión mutua de corazones. María no tiene descanso hasta que nuestro amor a ella y a Dios se iguale en actitud y hechos.
(P. Kentenich, Mutter und Erzieherin, 1954)
Extraído del libro “Alianza de amor con María” – P. Rafael Fernández, pag. 57-60
