Cuando la infancia espiritual no se desarrolla

“Si hoy hablamos de una tremenda decadencia religiosa y moral de la cultura cristiana y católica, tenemos que hacer referencia forzosa a la ruina de la familia. El ocaso de la familia es el ocaso de la paternidad y de la maternidad”

En esta conferencia del Padre José Kentenich, durante el retiro predicado para los sacerdotes de la Comunidad Misionera de Belén (Padres Betlemitas), realizado en Immensee, Suiza, en otoño de 1937, hace alusión a dos tipos de infancia espiritual: la infancia espiritual no desarrollada, y la infancia espiritual malograda. Hoy nos ocuparemos de la primera, y sus consecuencias.

Infancia espiritual no desarrollada:

Hay que ocuparse con mayor detalle de este tipo de infancia espiritual. No solo para tener claridad al respecto, sino para motivarnos a observar un poco más la vida desde ese punto de vista. Para ir enseguida al grano quiero destacar los siguientes puntos: definición, causa, consecuencia y remedio de la infancia espiritual no desarrollada.

Hablamos de infancia espiritual no desarrollada cuando ésta no se ha desplegado, cuando el instinto natural de la infancia espiritual no ha evolucionado de la manera adecuada. Basándome en mi propio conocimiento de la cultura de hoy agrego enseguida lo siguiente: En nuestro tiempo existen muchas personas que al repasar sus vidas toman conciencia de su infancia espiritual no desarrollada. Si bien todos tuvimos padre y madre, paradójicamente muy pocos los tuvimos realmente. Creo que comprenden lo que quiero decir.

Causa:

¿Cuál es la causa de esta carencia, de esta infancia espiritual no desarrollada? El filósofo y el psicólogo tienen una respuesta rápida: la infancia espiritual es un concepto relativamente correlativo. ¿Qué quiere decir esto?, que la infancia espiritual, en tanto predisposición natural del ser humano, necesita un “tú” para desplegarse, un tú paternal o maternal. He aquí el gran clamor de la humanidad actual, clamor que surge de la tremenda escasez de padres y madres.

En este contexto Nietzsche reprende a “la tierra paterna y materna”. Con ello quiere decir que está desilusionado de los padres y madres de hoy; clama por la tierra de los niños y pone proa hacia ese país aún no descubierto. Nietzsche no da a entender así que hay pocos niños porque hay pocos padres y madres. La tierra de los niños está aún por descubrirse, ¿por qué? Porque primero hay que descubrir la tierra paterna y materna.

Ustedes dirán que quizás estoy exagerando; bueno, eso depende de cuál sea el prisma con que se mire. Contemplen la cultura de hoy en su totalidad; ¿de donde proviene su terrible decadencia?, ¿no será acaso de la ruina de la familia? Si hoy hablamos de una tremenda decadencia religiosa y moral de la cultura cristiana y católica, tenemos que hacer referencia forzosa a la ruina de la familia. El ocaso de la familia es el ocaso de la paternidad y de la maternidad. La causa de la inhibición de la infancia espiritual reside en la gran carencia de una paternidad y maternidad auténticas; esto constituye  una de las lacras de nuestro tiempo. De esta manera van comprendiendo mejor la dimensión socio cultural de su ideal de comunidad.

Consecuencias:

La falta de una infancia espiritual significa carencia de una parte esencial de un auténtico ser humano. Quien no ha sido niño no es un hombre verdadero, carece de algo esencial, es un ser híbrido a pesar que sea una gran personalidad pública y privada.

El Remedio:

Hay cuatro medios para lograr esa transmisión de vida:

1 Meditar

2 Unir

3 Comparar

4 Posvivenciar

Debo despertar mi amor paternal, vivenciar la infancia espiritual en el prójimo, tener un intenso contacto con los niños, así esto se irradiará a todas partes y la filialidad sobrenatural se transferirá.

Fuente: Niños ante Dios (la Infancia Espiritual)- P. José Kentenich- Colección Grandes Jornadas, pag. 82 al 92

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