“Coronarla es reconocer con orgullo que ella es nuestra Reina”

Queridos Hermanos: después de un tiempo, de unas semanas de habernos preparado, hace instantes hemos coronado a nuestra Mater como “Reina de la salud del mundo”. Nosotros los Padres, lo hemos hecho aquí, solos, en la intimidad del Santuario. También nuestros hermanos en el Santuario Nacional de Tupãrenda y en el Santuario del Terruño de CDE. Y todos ustedes en sus propios hogares: en sus santuarios del corazón, en sus Santuarios Hogares y Santuarios Habitación, en tantos rincones y lugares de la vasta geografía de nuestra Patria. También en algunas Ermitas, como en la de Encarnación, lugar donde se levantará cuando Dios disponga, el próximo Santuario en tierra paraguaya. Me emociono al pensar e imaginarme el momento que hemos vivido: ¡En cuántos hogares, en cuántos corazones, familias y lugares del país, la Mater hoy ha aceptado una corona que nosotros le hemos ofrecido y preparado con tanto amor y cariño!… Ahora, si bien no nos hemos podido reunir físicamente para realizar esta coronación, hemos estado todos muy unidos en este acontecimiento de gracia. Y no solo como familia de Schoenstatt aquí en Paraguay, sino también nos hemos unido a miles y miles de hermanos en la Alianza que desde el Santuario original y desde tantos otros países del mundo hemos coronado hoy (miércoles 15 de abril de 2020) a la Mater. Ha sido muy emocionante ver hoy la coronación en el Santuario Original.

Queridos hermanos, con esta coronación, nos vinculamos profundamente a la historia de nuestra familia y de nuestro Padre. Recordemos que el 10 de Diciembre de 1939 la Familia de Schoenstatt hizo la primera coronación oficial a la Mater. Un curso de Hermanas le había regalado al Padre Fundador una corona para que él coronara su propio cuadro de la Mater. Y precisamente, en ese año, en que se cernía la amenaza del nacionalsocialismo sobre la vida de las personas,sobre el Santuario y el lugar de Schoenstatt el Padre decide que María sea coronada en el Santuario original, para que ella “aplaste la cabeza de la Serpiente”, el demonio. En un contexto epocal de pruebas y grandes dificultades, en que la familia experimentaba su desvalimiento y pequeñez, fue coronada nuestra Reina.

Y así sucesivamente a lo largo de los años se fue desarrollando esta corriente de coronación en muchos lugares y en circunstancias diversas. Nuestro mismo Padre presidió numerosas coronaciones en muchos Santuarios. Aquí en Paraguay la Mater ha sido coronada en los 3 Santuarios y también en numerosos Santuarios Hogares y Ermitas, ramas, comunidades… hoy, en un momento difícil que atravesamos como humanidad entera a causa de esta pandemia del “coronavirus”, nosotros también hemos coronado a la Mater. Obviamente, ninguno de nosotros, hace un mes atrás había “planeado” hacer esta coronación. Fueron estas circunstancias difíciles, que nos motivaron a ello. Ahora nos podemos preguntar: ¿Qué significa para todos nosotros coronar a la Mater como Reina de la salud? ¿Qué implica para nosotros? ¿Qué consecuencias tiene esto para nuestra vida?

1. Nosotros le hemos dado a la Mater una corona y eso implica primero un reconocimiento de que ella es Reina. Es la Reina del Universo y de nuestras vidas. Al ser la Madre del Rey de Reyes, ella es Reina, la Reina Inmaculada, coronada de estrellas, el Gran Signo mencionado en el Apocalipsis (Cfr. Ap 12,1ss). Y como decía nuestro Padre en el texto que leímos en el rito, al darle la corona y el cetro, reconocemos que ella es nuestra Reina, y que el destino de la humanidad, de nuestra familia, y de nuestras propias vidas está en sus manos bondadosas. Coronarla es reconocer con orgullo que ella es nuestra Reina y que nosotros somos sus hijos muy amados.

2. Coronar a la Mater es expresarle desde lo más profundo de nuestros corazones nuestra gratitud. Gratitud por su amor hacia nosotros, gratitud por su fidelidad inquebrantable a la Alianza que hemos sellado recíprocamente. Gratitud por su ternura maternal que siempre nos cuida y protege. Al colocar su corona en sus sienes purísimas le hemos dicho, no solo pensando en el pasado, sino también mirando al presente y al acontecer futuro: “Gracias por todo, Madre, todo te lo agradecemos de corazón…¿Qué hubiese sido de nosotros sin ti, sin tu cuidado maternal…gracias por que nos salvaste en grandes necesidades… gracias porque con amor fiel nos encadenaste a ti”(Cfr HP 559-560). ¡Gracias Reina tres Veces Admirable de Schoenstatt!; ¡Gracias Auxilio de los cristianos! ¡Gracias Reina del mundo entero!

3. Coronarla a la Mater como Reina de la Salud implica también reconocer nuestra pequeñez, nuestro desvalimiento y al mismo tiempo expresarle nuestra confianza filial. Coronarla es implorar su poderosa y maternal intercesión, como en Caná, para que Ella nos proteja y nos regale el don de la salud del cuerpo y del alma. Hemos cantado hoy el célebre Himno a la Familia: “Protéjanos tu manto, en tempestad y lid, tres veces Admirable, oh torre de David”. Al coronarla le decimos que confiamos en su protección y en su amor, por eso nos ponemos bajo su manto. Confiamos con los sentimientos y convicción que expresa nuestra canción: “Nunca nos abandonaste, en la guerra ni en la paz, desde tu humilde morada junto al cerro Caacupé, a tus hijos protegiste con ternura maternal”. Nuestra coronación se asocia así al acto de consagración que toda la Iglesia paraguaya hizo el 3 de abril a la Sma. Virgen de Caacupé. Como a San Juan Diego en Guadalupe Ella nos dice hoy: “¿Qué te aflige, no estás bajo mi sombra, no estás siempre en mi regazo?” ¡Sí, estamos siempre bajo su manto de Madre y Reina! El Padre Kentenich decía en su homilía en la coronación de la Mater en el Santuario de Bellavista: “Cada vez que alcemos los ojos a la Corona, ella nos recordará: ¡Hijo mío, no pierdas la calma, yo he asumido la responsabilidad! ¡Yo cuido de todo!” 1 .

4. Coronarla a la Mater como Reina de la salud del mundo implica también manifestarle, como estaba expresado en el rito, nuestros pedidos concretos: sobre todo, que ella nos regale el don tan preciado de la salud física, psíquica y espiritual; que pueda detenerse y terminar esta pandemia que aqueja a la humanidad. La Iglesia, durante siglos, ha invocado a María con el título de “Salud de los enfermos” y “Consuelo de los afligidos”. En esta hora de pruebas e incertidumbre, nosotros, al coronarla, – y cada uno lo ha hecho en su corazón en el momento de tener la corona en sus manos- le hemos hecho una serie de pedidos concretos. ¡Confiamos en su poder y en su bondad!

5. Coronar a nuestra Reina es también un acto de ofrecimiento. Para esta coronación le hemos ofrecido nuestros capitales de gracias. Cada uno de nosotros al colocar esta corona en las manos de la Mater, le ha ofrecido también en su corazón numerosos regalos de amor. Por eso, coronarla, es una forma de renovar y profundizar la Alianza de Amor que sellamos con Ella, como decía el Padre 2 . La jaculatoria que hemos escogido para prepararnos: “ruega por nosotros, cuenta con nosotros” expresa también nuestro aporte: La Reina necesita de nuestros ofrecimientos, cuenta con nuestra entrega, con nuestro esfuerzo cotidiano por la santidad. Y esto lo queremos seguir haciendo más que nunca: por ahora esta pandemia sigue, la cuarentena sigue, con todas las innumerables consecuencias para la vida que todos estamos pasando y que deberemos afrontar. Por eso, la Corona nos recuerda que todo lo debemos y queremos ofrecer a la Mater con amor.

6. Por último, coronarla a la Mater es renovar hacia Ella nuestra disponibilidad instrumental. Ella es nuestra Reina, nosotros somos sus instrumentos, sus hijos y apóstoles que nos volvemos a poner a su servicio. ¡Cada uno en el lugar en que está! Con la corona queremos volver a entregarle nuestras vidas sin reservas. Con esta corona queremos darle a Ella nuestros corazones y nuestras manos para dar, ayudar, socorrer, aliviar, servir, consolar, rezar, construir…Como nos decía el Papa en su mensaje de Pascua este domingo antes de su bendición Urbi et Orbi: “este no es el tiempo del egoísmo…ni el tiempo de la indiferencia… ni el tiempo de la división”3 . Coronar a la Mater, entonces, es ser instrumentos de Ella para amar, para pensar en los demás, y para ser artífices de unidad. –

Coronarla, todos nosotros, como familia del Paraguay, implica renovar el compromiso de forjar la Nación de Dios en este momento histórico difícil en el que estamos, para dar lo mejor de cada uno de nosotros para el bien de todos.

¡Madre Santísima, Mantén en alto el Cetro! ¡Reina de la salud, ruega por nosotros! ¡Reina de la salud, cuenta con nosotros! Reina de nuestras vidas, recibe la corona, acepta nuestros corazones que son tuyos para siempre.

Amén.

  1. P.J. Kentenich, 5 de junio 1949, en el libro María Reina, pág 36.
  2. P.J. Kentenich, 5 de junio 1949, en el libro María Reina, pág 26. 
  3. Cfr. Mensaje del Papa Francisco en la bendición Urbi et orbi, domingo de Pascua 12 de abril de 2020.
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