Construyendo iglesia desde las Misiones MTA

A 5 años de aquel 1 de enero del 2015 en Santo Domingo (compañía de Juan De Mena), ver lo que MTA pudo alcanzar en este año nos hace dimensionar que verdaderamente esta misión es de la Mater, y que a través de ella, Dios se hace presente en todo momento y nos ayuda a responder a las voces del tiempo de la manera que él quiere.

Como todo nuevo proyecto, se requiere de un crecimiento orgánico para ir corrigiendo cada detalle y llevarlo a cabo de la mejor forma. En estos años MTA fue tomando su forma e identidad única, jugándose a grandes saltos y buscando siempre dar un poco más.

Como resultado la misión nos regaló encuentros inolvidables, vocaciones y testimonios vivos del amor de Cristo.

LOS DESAFÍOS DE UNA NUEVA MISIÓN

Personalmente me quedo muy marcado el año 2016, preparándonos para MTA 2017. Fui llamado como Rector de Comunidad, y como consejo tuvimos dos grandes desafíos que a la larga fueron parte de ese crecimiento.

Ese año iniciamos el ciclo en San José de los Arroyos y el primer desafío fue pasar a tener dos escuelas en el mismo pueblo, teniendo más marcadas nuestras dos comunidades de misioneros, que en números más reducidos podría fortalecer aún más los vínculos internos para empujar con mayor fuerza la misión que esperaba afuera.

Requirió un trabajo mucho más intenso en la logística que implicaba lanzarse a eso, pero por sobre todo mucho capital de gracias para conquistar espiritualmente la segunda escuela.

Y el segundo gran desafío, que creo que marca aún más la misión hasta hoy en día, era el de implementar un nuevo “modo misión”, que busque ir a lo más profundo de los corazones y la vida misma de las personas, que nos permita realmente ponernos en el lugar del otro para poder compartir un poco más y que nos ayude a hacernos lo más pequeños posibles para que Dios se haga presente en cada hogar a través nuestro.

Este nuevo “modo misión” consistía en que a cada trío misionero le corresponda solo una manzana o una zona del pueblo durante toda la semana, lo cual implicaba estar mucho más tiempo en las casas, volver a visitarla durante la semana las veces que nos reciba, y compartir el día a día con esa familia buscando además llevar la oración a la acción, tratar de hacer un pequeño apostolado aportando con lo poco que se pueda: limpiar el patio, ayudar en la cocina, arreglar lo que se pueda, etc.

A lo que apuntamos desde un principio era lograr una vinculación real y profunda con cada una de las personas del pueblo, para que así nuestro vínculo y el de ellos con Dios y María pueda hacerse más fuerte. Lo fundamental dejó de ser la cantidad de casas misionadas y los límites de horarios desaparecieron, porque lo central era misionar, buscando sacar todo tipo de barreras, poniendo a Dios en el centro.

“No me han elegido ustedes a mí, sino yo los he elegido a ustedes” Juan 15, 16

El miedo de que el nuevo “modo misión” no resulte, que no pueda lograrse el objetivo que teníamos o que las familias no respondan positivamente quedó atrás desde el primer día que salieron con esta tarea los misioneros, quienes con mucha audacia llevaron adelante la misión dando resultados increíbles: los misioneros pasaban medio día en una misma casa, las familias nos recibían para almorzar, desayunar, nos dejaban ayudarles, se organizaban rosarios entre las manzanas que correspondían a cada trío.

Una muestra concreta de que era Dios quien nos eligió para eso y en su plan ya estaba que MTA funcione así.

CERRANDO UN CICLO INCREÍBLE 

MTA 2019 se animó a ir a las compañías, a adentrarse al barro y a conquistar una tercera escuela, permitiéndonos llegar a más lugares y recibir a más misioneros. El testimonio más lindo que me llevo este año es ver en las experiencias de cada misionero la mano de Dios y la Mater, y el resultado de todo un proceso que vivimos como misión.

Particularmente tuve la bendición de conocer a la familia de Don Marcelo y Doña Clotilde.

Marcelo desde que nos vio caminando por la calle nos grita y nos invita a pasar. Felices nos sentamos y comenzamos a hablar con un jopara al estilo misionero, contándole quienes somos y que hacemos. Al rato se unen sus hijos Carlitos y Luján, y su nieto Axel Damián. Lo lindo de misionar en esta época es que es una época de reencuentros, como Carlitos que vive en Argentina y vino a pasar las fiestas.

Luego de un fluido compartir, contando sobre la familia, el trabajo, las historias de vida, de todo un poco, sale la linda invitación de Ña Cloti a almorzar. Fieles a nuestro modo misión aceptamos humildemente la invitación, con la particularidad de que eran aún las 9 de la mañana. En mi cabeza festejaba por haber asegurado toda una mañana compartiendo con esa familia.

Invitamos entonces a rezar un rosario en familia, aprovechando el tiempo que teníamos, donde cada miembro de la familia pudo compartir sus intenciones. Al terminar Ña Cloti se dispone a cocinar, a lo que se suma Luis, compañero de misión, para ayudar con lo que pueda. Mientras seguía la ronda de tereré y charla, Don Marcelo se acuerda de que toca traer a las vacas para que se hidraten, entonces me ofrezco a acompañarle.

Don Marcelo me muestra su chacra y me cuenta de que es cada plantación mientras nos adentramos a buscar a las vacas. Más que abrirme su casa, me invitó a su lugar de trabajo, compartiendo su día a día y su fuente de sustento para su familia. Un momento tan sencillo pero que para mí significaba demasiado.

Cerramos la mañana con un increíble almuerzo en familia, compartiendo la mesa y la gracia de Dios, como si nos conociéramos de toda la vida. Al día siguiente comenzamos por otra casa, pero al volver a pasar por su casa y sin que acordemos nada, ellos ya nos estaban esperando para almorzar. Nos volvimos prácticamente parte de la familia.

“Chau Luis, mi hermano, hasta la próxima”. Así se despide Don Marcelo, y con un fuerte abrazo de despedida sello esa nueva amistad, que nace de manera tan natural por el hecho de habernos sentido hijos del mismo Dios, hermanos en Cristo. Quedó la invitación pendiente para volver fuera del periodo de misión a quedarnos con ellos y que siga la amistad.

HISTORIAS QUE MARCAN

Estoy seguro de que miles de historias sencillas como está nacieron durante estos 3 años en San José. Que ese vínculo personal marcó profundamente tanto a misioneros como a sanjosianos. Que cada misionero se siente vinculado al lugar, a San José, y arraigado a su comunidad. Y que todos estamos vinculados a esa misma idea, la de sentirnos instrumentos de Dios y vivirlo con esa alegría de niños abandonados en los brazos del Padre.

Esa idea es la que unió a las tres comunidades en la misma sintonía para que verdaderamente ARDA NUESTRA MISIÓN.

Queda nada más que agradecer a todos los que empujaron desde atrás para que esto sea posible. Principalmente al Padre Pedro Miraballes, asesor y fundador de las misiones MTA, que cierra su ciclo con la juventud y por ende con nuestras misiones, habiéndonos dejado un legado increíble y muchas enseñanzas que se seguirán replicando a lo largo de los años.

Y a los rectores generales, Luis Quintana y Adri Abente que durante estos últimos 3 años vivieron por la misión y fueron el motor que movió toda esta locura que significa MTA.

 

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