Chiquitunga, la primera beata paraguaya

María Felicia Guggiari, “la Chiquitunga”, quien como religiosa adoptó el nombre de María Felicia de Jesús Sacramentado, será  desde el 23 de Junio próximo la primera beata paraguaya.

Nacida en Villarrica en 1925, desde su adolescencia  asistió a niños, jóvenes trabajadores y universitarios, pobres, enfermos y ancianos. “En todos los trabajos que estoy realizando trato de poner el sello de nuestro espíritu cristiano, porque quiero que todo se sature de Cristo y donde quiera que sea pueda dejar un rayito de luz”, escribió durante sus años de intensa vida apostólica. Su sed de entrega era indescriptible: “No sabría explicarle la ansiedad, el deseo intenso de trabajar exclusivamente, entregada en cuerpo y alma por causa de Cristo, al apostolado; sed, verdaderamente sed, tengo de una inmolación más efectiva”. “Ser apóstoles, Señor, que hermoso sueño”, escribió.

A los 30 años sintió el llamado a la vida contemplativa e ingresó como carmelita descalza en Asunción. Las Hermanas Carmelitas la recuerdan como alguien que se caracterizó por “su gran espíritu de sacrificio, caridad y generosidad, todo envuelto en gran mansedumbre y comunicativa alegría”. Su entrega y su amor por Cristo se reflejan en varias de sus poesías:

Ábreme, Jesús, la puerta;

golpeando estoy ha rato.

¿No me escuchas que no sales?,

¿o dormido estás acaso?

Ábreme, Jesús, que es tarde

y he salido así corriendo

de entre medio del barullo;

he querido estar con Vos.

Ábreme, abre, te ruego,

la puertita del Sagrario,

aun si duermes y descansas,

para yo velar tu sueño.

Tenía 34 años cuando enfermó gravemente, y poco antes de morir, clamó: “Papito querido, ¡qué feliz soy!; ¡Qué grande es la Religión Católica!; ¡Qué dicha el encuentro con mi Jesús!; ¡Soy muy feliz!; ¡Qué dulce encuentro! ¡Virgen María!”.

Los milagros de Chiquitunga

Lara María tenía 1 año cuando debió someterse a una operación en la cabeza. Sufrió un derrame cerebral que la sumió en un estado súbito de coma y casi no le daban esperanzas de vida. Si salía de esa situación, las secuelas serían irreversibles o quedaría en estado vegetativo.

Elisa, su abuela,  fue corriendo hasta la tumba de Chiquitunga  y le suplicó a la venerable que interceda para salvar a la niña…al día siguiente Lara abrió los ojos.  Su nieta, hoy con 3 años, está «normal y sin secuelas». Es un hecho «científicamente inexplicable» que se considera como milagro; así como sucedió con el otro caso admitido para la beatificación. Ángel Domínguez, de San Pedro,  perdió los signos de vida al nacer, pero unos minutos después de que la obstetra Blanca Duarte le encomendara a Chiquitunga, resucitó.

Cada vez más personas se encomiendan a ella y varios milagros empezaron a hacerse conocidos últimamente. “Muchas personas empezaron a comunicarse con nosotros para dar testimonios de los milagros que está haciendo Chiquitunga. Hay por ejemplo gente que se cura de cáncer terminal, o de enfermedades irreversibles”, según lo confirmó el padre Villalba, del monasterio Carmelitas Descalzas de Asunción.

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