Carta del 18 de Octubre

MTA

“Como tu Hijo, que durante su vida terrena, saciaba el hambre y traía consuelo y salud a los enfermos, así con Él pasa ahora entre nosotros bendiciendo en silencio, para darnos el inmenso poder de tus manos de Madre. Manifiéstate a todo el mundo como la gran Señal, ante quien desaparezcan la astucia del Demonio y la miseria terrena; en ti encuentren los pueblos amparo y auxilio y te proclamen alegremente como Medianera de la salvación” (PJK).

¡Feliz 18 de Octubre, Feliz día de Alianza para todos! Hoy celebramos nuevamente nuestro 18 de Octubre, día de Alianza, día de gracias y bendiciones, día de Familia. Celebramos los 106 años de la fundación del Movimiento de Schoenstatt, como también, los 39 años de la bendición de nuestro santuario de Tupãrenda. ¡Hermosos motivos para agradecer de rodillas a la infinita Misericordia de Dios! Volvamos a escuchar las palabras de nuestro Padre Fundador: “Sin duda alguna no podríamos realizar una acción apostólica más grande, ni dejar a nuestros sucesores una herencia mas preciosa que inducir a Nuestra Señora y Soberana a que erija aquí su trono de manera especial, que reparta sus tesoros y obre milagros de gracia”. ¡Sí, nos alegramos por esa bendita hora! ¡Nos alegramos por la iniciativa Divina, por el amor y predilección de nuestra Madre! ¡Nos alegramos por la fidelidad de Ella y por el Sí de las generaciones fundadoras y de miles de hermanos que renovamos cada día esta Alianza de Amor!

Sin embargo, celebramos este 18 de Octubre en un contexto histórico muy particular debido a la pandemia del covid-19. Este año no podremos peregrinar a nuestros santuarios cono normalmente lo hacemos. No podremos tener la alegría de reencontrarnos todos en nuestros santuarios y ermitas; no podremos asistir como todos los años a las masivas celebraciones eucarísticas en forma presencial, no podremos llevar físicamente nuestros capitales de gracias y entregárselos a nuestra Madre. Como ya lo hacemos desde el inicio de esta pandemia, peregrinaremos “virtualmente”, o nos uniremos espiritualmente a nuestros santuarios y a nuestros hermanos. Este año, a la mayoría de nosotros, nos tocará renovar nuestra Alianza de Amor desde nuestros Santuarios Hogares y Santuarios del corazón.

En estos momentos en el país hay miles de personas que padecen la enfermedad del covid-19 y asimismo tantas otras que padecen sus consecuencias familiares, laborales, económicas y sociales. En este 18 de Octubre 2020, a todos ellos queremos encomendarlos encarecidamente a nuestra Madre, Reina de la Salud. Asimismo, encomendamos a los médicos y al personal sanitario que están al límite de sus fuerzas en este esfuerzo heroico de combatir esta pandemia.

También podría mencionar a tantos otros que de muchas maneras están luchando a brazo partido en estos tiempos de pruebas y se esfuerzan en servir y darse a los demás. Después de varios meses de pandemia, también pensamos con dolor en todos aquellos que fueron llamados a la Casa del Padre y los encomendamos a la infinita Misericordia Divina… Somos “Todos hermanos”, como nos recuerda el Papa Francisco con su nueva encíclica, y sobre todo hoy, en que celebramos con alegría el origen de nuestra familia, tomamos conciencia de ser solidarios y corresponsables los unos por los otros, de ser todos hermanos, compañeros de viaje, peregrinos y miembros de la gran familia de la humanidad.

Queridos hermanos, el 15 de abril, uniéndonos como familia nacional también a tantos hermanos en la Alianza del mundo entero, coronamos a nuestra Madre como “Reina de la salud”. El 15 de Septiembre, en un gesto que también nos unió como familia nacional, en torno al santuario, realizamos nuestro compromiso con la Mater de asumir con generosidad la misión del Padre Fundador.

Esta misión, en un día como hoy, nos compromete a seguir entregándonos, a seguir ofreciendo nuestros Capitales de gracias, a seguir orando y luchando en nuestro camino de la santidad de la vida diaria. Esta misión nos compromete a seguir uniéndonos, a seguir siendo apóstoles, instrumentos, misioneros, servidores. Esta misión nos compromete a seguir forjando cada día, con esperanza y generosidad, la Nación de Dios, corazón de América.

“Amo a los que me aman, pruébenme primero con hechos que me aman realmente y que toman en serio su propósito…”, nos vuelve a decir nuestra Madre, nuestra Señora, nuestra Reina y Aliada. Hoy, nos volvemos a consagrar y poner totalmente, como niños pequeños, en las manos bondadosas de ella. Somos suyos, somos sus hijos, somos sus aliados, sus apóstoles, sus instrumentos. A ella le pertenecemos, en el tiempo, y en la eternidad. A ella le hemos consagrado nuestras vidas y por eso renovamos con alegría nuestra Alianza de Amor.

Desde Asunción, físicamente en aislamiento, pero unido a cada uno y a todos ustedes, y todos juntos en el corazón Inmaculado de nuestra Madre, les deseo a todos un feliz y bendecido día de Alianza y les imparto de corazón mi bendición sacerdotal.

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