Me dijeron una vez que debemos saber quiénes somos para avanzar. Pues yo, decidí ser un jardín para todos.
Cuando era niña, escuche que debemos darnos todo por amor a todos, y ese lema ha regido mi vida, me esforcé por ser la mejor en todo y estar para todos, ser dura pero no rígida. Aprendí a ver los errores de los demás como simples manchitas del paisaje, las pilas siempre tienen dos lados para funcionar uno positivo y el otro negativo. Y aunque ser fuerte siempre fue mi ideal no fui muy buena conquistando eso.
De cierta forma fui abriendo los muros más allá de aquel jardín en donde había lugar para muchos… la necesidad de los demás, me acerco de vuelta a Dios, y me vi pidiendo y suplicando por los demás sin darme cuenta que de esa forma me acercaba más y más a él. “la divina providencia es poderosa… es capaz de construir un majestuoso edificio con escombros”
Desde ese entonces, cada prueba, cada batalla es mi saludo al padre, es luchar por la vida, y vaya que he debido luchar…
A los 18 años comenzó a deteriorarse mi salud. Primero fue la gastritis, que me hizo estar 10 kg por debajo de mi peso normal, después fue la astenia (que más adelante sería mi peor enemigo) las infecciones respiratorias y las constantes visitas al doctor, todas eran para mí pruebas de vida, señor aquí estoy, tenes mi sí. Quiero vivir, voy a remar esta.
En el 2010 todo era imposiblemente “normal” facultad, trabajo, familia, catequesis. Era perfecto como nada en la vida, hasta que el 24 de mayo comencé a sentir mucho dolor en la espalda media, después de ese dolor comenzó el hormigueo en las piernas y el brazo izquierdo.
Fuimos de urgencia al hospital, me inyectaron algo para el dolor, no dormí nada esa noche, ni las noches siguientes (me rehusé a que me vieran en ese estado) tenía permiso laboral, deje la facultad, deje de atender a mis amigos, dejé a mi novio. Las visitas a los doctores sin respuesta se hicieron interminables, lo que más me dolía era dejar mi catequesis y mi grupo. Me hablaban de una esclerosis múltiple, sin tratamiento en el país, mi familia sufría con mis dolores y mis desplantes.
No quería que me vieran así, y todos mis esfuerzos por ser independientes eran en vano.
SEGUÍAN LAS BATALLAS
La parálisis duro 3 meses, y las fisioterapias, remedios interminables, visitas diarias todo eso eran pruebas que las iba llevando con paciencia, cada dolor era una ofrenda, me tomó 8 meses volver a escribir con normalidad y hacerme la idea que, aunque no supieran que tenía, yo podía continuar mi vida y volver a reconstruirla.
Un año después otra batalla personal y familiar, una cirugía de rutina apunta a un posible cáncer, un cáncer muy extraño. El día que me llama el doctor a mi celular citándome con mis padres ya era extraño, fue un 15 de diciembre, esa fue la navidad más dura de la vida.
El doctor no podía comprender mi tranquilidad, “podés perder la cara, podés perder la vida”, decía, y yo inmutable tenía dentro del corazón la certeza de que si venía de DIOS debía aceptarlo con alegría, abrazar mi cruz, a veces Dios no da paz en las peores tormentas. A 5 meses de ese momento a mi papá le diagnostican cáncer de colón, no iba a resistir la cirugía porque tenía muchas hemorragias internas, nos sostuvimos más fuerte que nunca de la Mater y de las oraciones.
Supero, a Dios gracias, la cirugía y la quimio, no tuve tiempo de caerme pues tenía que sostener a mi familia, contener a mi mamá, buscar respuestas, medicamentos, sangre, ayuda, no era momento para llorar ni quebrarme y ahí aprendí que puedo ser fuerte.
ME PROPUSE UNA NUEVA META
Después hubo una leve calma, había conocido gente increíble en mi caminar, conocí al padre Kentenich, el santuario, la misa de jóvenes, el movimiento. Tenía una nueva meta: ser JF, como ese año no pude formar parte, estaba la propuesta para hacerlo con un grupo nuevo en San Lorenzo, la cita era el sábado 26/04/14 a las 16:00 horas.
En el 2014 empezaron las molestias en la espalda y en el hombro, eran sesiones y sesiones de fisioterapias. Con el temor de caer de vuelta a la parálisis. Un sábado camino a la parroquia me desmayo al bajar de colectivo, tuve una fisura de tobillo y una lesión en el pie izquierdo.
Las visitas a los médicos se convirtieron en rutina, las sesiones de fisioterapias ayudan. Hasta que comenzaron los síntomas infecciones cada 3 meses del oído y laringe, problemas de sueño, debilidad muscular, rigidez, dolor articular, palidez, temporadas de sueño excesivo, falta de apetito, inflamaciones reumatológicas, cambios de humor, desgano y astenia eran más que síntomas aislados, el sábado 26 de abril fui a mi control traumatológico, el doctor me habla que las fisioterapias deberían haber hecho efecto y me cita ese mismo día con un reumatólogo, quien al analizar mis problemas traumatológicos me pide estudios, demás conocidos; los tenía conmigo.
Me habla del LUPUS. Y de un posible “brote” que se debería actuar con rapidez para que no afecte los órganos, sobre todo los riñones, el tratamiento va a ser agresivo pero en este caso es mejor prevenir.
Yo lo único que escuchaba era esa palabra “lupus” no bastaba todas las peleas que tuve, para Dios nunca iba a ser suficiente cuantas veces le demostraba que si quería mi vida… y me quebré.
Solo por un instante, sabía que mi mamá que me acompañó estaba tan mal o peor que yo. Los análisis no arrojaban un diagnóstico claro, mientras el tratamiento iba haciendo estragos (náuseas, dolores, malestares) no iba a poder ocultar por mucho tiempo. Era mi guerra, no quería ni compasión ni admiración de nadie.
Fue devastador, ese año había comenzado mi labor con mis chicos confirmados, debía conformar un grupo de misión para nuestra comunidad, no tenía idea, pero sí tenía ganas y amor, sabía que Dios pondría el resto. Mi familia no apoyaba tanto la idea así que cada salida de casa era una batalla más.
APRENDÍ A SONREÍR DE VUELTA
En resúmen el 2014 fue un año de aprendizaje, aprendizaje de mis límites, mis paciencias, mis debilidades. Aprendí a sonreír de vuelta, a acercarme a Dios, a comprender que sus tiempos no son mi tiempo, vivir la experiencia de la vocación. Por que si fue un año que quizás muchos desearían olvidar en mi lugar, pero con Dios había aprendido el talento de sacarle lo positivo a la vida, de mi sí, de mi fortaleza.
Cada día era un desafío, para mí el mayor desafío era poder bañarme, poder caminar, poder comer, poder terminar mi trabajo diario, poder ir a misa, poder salir de casa, poder estar con mi sobrino, poder alzarle. Y era así la forma en el que Dios me preparaba para las conquistas diarias, para los propósitos diarios y concretos.
En diciembre de ese año leo un post de padre Pedro, era la invitación a las misiones 2015, y como mis chicos no iban a poder ir, me lancé a esa aventura.
Esa semana, nos llega la noticia que se vendió la empresa para la cual trabajaba, pero tenía esa paz, esa paz que solo viene de Dios y de María que todo lo llena, yo había decidido ingresar en el 2015 a la congregación de las hermanas carmelitas.
Hice mis experiencias, mi proceso de discernimiento, lo único que me dolía dejar atrás después de todo este huracán era al padre KENTENICH, no me sentía hija del padre Palau, todo muy lindo pero había algo de filialidad con el padre José Kentenich, no podía hacerme la idea de dejar ir todo eso que aprendí con él y había cosas que debía dejar de lado con la filosofía del P. Palau. Pues, lo dejé nuevamente en manos de Dios.
2015 no había ninguna fuerza sobre la faz de la tierra que me hiciera desistir de la idea de ir a esa misión. Ni mi flia, ni novio, ni jefe. Como si fuera poco, la primera pregunta marcaría mi año ¿Qué haces acá? Esa fue la pregunta de uno de los jefes de las Misiones Tuparenda, sin miedo dije “no sé”.
No tenía idea del cambio que produciría en mí ese SÍ, la Mater siempre fue mi aliento, ser como ella, ser catequista como ella, hija como ella, el decir sí como ella, era una inspiración pero era ella allá a los lejos, no sentirle tan real, tan cerca, tan mía.
UN SALTO MORTAL, LLEVA A OTRO SALTO MORTAL
La mater hace eso, de sacar al rebelde que llevamos dentro, de violentarnos, de sacudirnos. Y a mí se me hace irresistible cuando me llaman a eso, a violentarme día a día por ella.
A desafiar mis propios límites. Comprendí que no son solo 5 días de misión, que no es lo que llevás para los demás sino el donarte vos mismo, el darle sí en todo momento, el ponerte a disposición de ella.
Todo era tan nuevo, tan asombroso para mí como con un niño en una feria, todo era llamativo y cada recuerdo es vivo hasta el día de hoy. Es dejar de llevar tu carga por completo para compartir el yugo de su hijo. Ser misionero no es recorrer calles, sino ser en esencia ese nexo entre él y los demás, ser misionero es salir al encuentro de alguien más, es una sonrisa, es un abrazo, es SER JARDÍN PARA TODOS.
Las misiones me mostraron que nuestra vida misma es un saludo al padre, que mis reacciones, eso que yo tomaba como “reacciones normales”, en realidad podían llegar a encender corazones. Uno no puede dar algo que no tiene, no puede dimensionar algo que no conoce.
Y por primera vez tenía un norte, un propósito. Ya no era solo mi lucha… sino que cada dolor me hizo más humana para ver y comprender el dolor de los demás, me regaló una familia, que poco a poco me ayudaría a podar mi jardín, a limpiar a enderezar algunas flores.
Yo no quise ni ser protagonista de mi propia historia y ahora ella, llegaba para cambiar todas esas cosas. Me probó con mis propios límites, yo que no podía dormir hace semanas en una cama, me mostró que pude dormir en el piso. Yo que hace años no podía hacer una caminata por Ñu Guasu, camine sin cesar día a día en esa misión.
Era una fuerza que poco a poco iba llenándome por dentro, cada historia, cada persona con la que compartí esos 5 días fueron mi motor, gente por las que pedía y entregaba mi día, mis esfuerzos.
Después comprendí que era mi “capital de gracias”. El ultimo día de misión, vi una peregrina “HÉROE HOY, NO MAÑANA” que lindo el que puso eso*… voy a hacer de eso mi lema de vida, ya no solo era protagonista de mi historia, era ser héroe.
CONQUISTAS
Ese año fue un año de conquista, en abril me llamó a ser su aliada… fuera de todos los estatus y cuadros, me costó aceptar.
Yo siempre queriendo hacer todo bajo las reglas pero “a la mamá no se le discute” el 26 de abril hago mi alianza, le entrego para siempre, siempre, siempre mi corazón (aunque a veces le pido de vuelta).
Al poco tiempo cuando me voy a mi control de rutina un tanto resignada me mira el doctor y me dice: el 26 de abril TE DIAGNOSTICARON pero te faltan estudios. Y yo… el 26 de abril no puede ser, me fijo en mi agenda y efectivamente fue un año antes de mi alianza.
Los caminos que Dios son misteriosos. En mayo cuando estaba todo para mi ingreso, me encuentro con una maína de misión, era un domingo, me insistió a que formara parte de la JF ya en las profesionales, accedí, me comprometí a decirle que SÍ A TODO, cuando comencé a ir ya se me hizo difícil seguir con las hermanas carmelitas.
Pero tenía una guerra interna mucho más fuerte, decidí seguir a pesar de todo, pero ya no con la frecuencia adecuada, gane gente increíble en esa experiencia.
Descubrir el servicio me cambió la vida, ahora sé que SE PUEDE ENCENDER AL MUNDO CON EL SERVICIO y con varias misiones después de esa misión aún me siento pequeña e indigna, y papito Dios no se cansa de darme muestras de su amor.
Hoy me voy un poco más liviana, voy arreglando de a poco esa pieza de cachivaches, deje de llevar conmigo la culpa de mi errores y de buscar ser perfecta para Dios.
Me siento un poquito más cerca de él, y empiezo a admirar un poco más mis batallas ganadas…
«Héroe hoy, no mañana»… es la frase que identificó a don Joao Pozzobon, el fundador de la Campaña del Rosario.
