Una realidad sociológica que deviene de una necesidad antropológica es que los seres humanos somos la única especie en tener y retener a los abuelos. ¿Por qué ese imperativo?
Porque somos los seres más y por mayor tiempo desvalidos de la naturaleza y ancestralmente, los segundos ascendientes tuvieron suma importancia en el cuidado de la familia; sobre todo cuando no se conocía el “control de la natalidad”.
Hoy, fiesta de los santos padres de la Virgen María, celebramos a los abuelos y es una oportunidad que Dios nos pone en bandeja para que como líderes que procuramos ser a favor de la vida y la familia, lo divulguemos en su apoyo.
He leído en las redes comentarios, por un extremo, a personas que en su criterio de religiosidad dicen que no se debería opacar la espiritualidad de la festividad con una celebración humana y por la otra punta de la opinión, a gente incrédula que sostiene que se manipula la figura de la santa pareja y la sensiblería para fines comerciales.
Nosotros entendemos que debemos difundir el aplauso a toda manifestación que muestre la existencia en el corazón humano y en la conciencia social de un saludable apego a las relaciones… y la familia está en la base.
Por eso, es bueno que celebremos con bombos y platillos esta fecha y todos los similares días de dedicados a los miembros de la familia y relaciones.
¡Seamos, como schoenstattianos comprometidos, líderes de opinión!
