A partir de hoy, también San José nos recibirá en el Santuario

Queridos hermanos en esta Eucaristía correspondiente al 2º Domingo del Adviento haremos la solemne entronización de la estatua de San José en el Santuario Joven. Con esta celebración finalizamos este año dedicado al Patrono de la Iglesia que comenzó el 8 de diciembre del 2020 por iniciativa del Papa Francisco. El Espíritu Santo ha suscitado una hermosa corriente de vida entre nosotros, al hacer surgir este anhelo de hacer, conquistar y sobre todo entronizar la estatua de San José en el Santuario. Ha sido un gran regalo para todos nosotros, esta gran familia del SJ, una especie de preparación también para este año jubilar de los 25º años del Santuario que celebraremos el año próximo.

En este año dedicado a San José hemos podido descubrir, valorar y conocer mucho más a este gran santo. Hemos ofrecido 240 mil Capitales de Gracias en oraciones, sacrificios, rosarios, misas, visitas al santuario, etc… hemos dedicado tiempo para estudiar y reflexionar sobre la persona y misión de San José; se han hecho talleres, reuniones, retiros, cursos, charlas, vigilias en torno a San José. Nos hemos dejado inspirar por él en nuestra vida de cada día. Estoy seguro de que lo queremos más a San José al final de este año… (Estoy seguro que le hemos tomado más cariño) Y lo lindo también es que nos hemos unido como familia alrededor de su persona. Él, como un “Papá Guasú”, nos ha reunido a todos… la presencia de todos ustedes en esta misa es una concreción de esto. Todos aquí nos sentimos hijos queridos por este gran Padre que es San José.

A partir de hoy la imagen de este glorioso Patriarca estará por siempre en el Santuario. Ya estaba Jesús en el Sagrario, a imagen de la Mater, y desde ahora estará la estatua del Padre de la Sagrada Familia, que es también el guardián del santuario y el Patrono de nuestra Familia de Schoenstatt, como lo dijo el Padre Fundador. El Santuario nos recordará mejor aún que es nuestro Nazareth: “tu Santuario es nuestro Nazareth, donde el sol de Cristo irradia su calor” (HP nº 191). A partir de hoy, también San José nos recibirá en este Santuario, escuchará nuestras súplicas, intercederá por nosotros, hará suyos nuestros pedidos… Pero también, de modo especial, su imagen nosrecordará que debemos seguir su ejemplo y tomarlo como un modelo para nuestra vida. En una homilía decía el Padre José Kentenich: “Queremos ser imágenes vivas de San José y hacer de su misión la misión de nuestra vida….La tarea de San José se convierte en nuestra tarea. Queremos hacer posible que la Santísima Virgen lleve al Señor a todas partes”(1951).

Queridos hermanos, entronizar la estatua de San José en el Santuario implica para nosotros comprometernos cada vez más en ser “imágenes vivas de San José”, dejarnos iluminar por él y tomarlo como modelo y ejemplo de vida. San José es un gran modelo para nosotros en varios sentidos y podemos aprender de él muchas cosas:

San José nos quiere enseñar a decir Sí a la voluntad del Padre Dios, como él lo hizo en todas las circunstancias de su vida. San José no fue un hombre que se dejó llevar por sus caprichos o por su egoísmo. Él fue una persona que se orientó siempre por la voluntad de Dios y se puso como su instrumento en sus manos. Él fue audaz, supo aceptar la vida como venía, con sus luces y sombras, y ver detrás de todo la mano del Dios Providente.

San José es un ejemplo para nosotros de cómo debemos amar a Cristo. El vivió para Jesús, se entregó a Él, como su papá, se puso a su servicio; lo amó con un amor entrañable y generoso, con “corazón de padre”. Él nos quiere enseñar a amar a Cristo dándole todo nuestro corazón, arriesgando nuestra vida por Él. De él queremos aprender a tener una relación íntima y cotidiana con Jesús por medio de los sacramentos y por medio de una seria vida de oración.

San José es el esposo de María y vivió con ella en una verdadera y profunda alianza de amor. Él nos quiere enseñar a nosotros también a vivir en Alianza de amor con María, a quererla cada vez con más generosidad y cariño, a “demostrarle con hechos concretos que la amamos realmente y que tomamos en serio nuestro propósito” (Cfr. Acta de Fundación). De San José aprendemos a considerarla como nuestra Reina y a ponernos sin condiciones a su servicio. Él, el Santo de la vida diaria, nos inspira para vivir nuestra vida de alianza como un camino de santidad cotidiano y concreto en todos los ámbitos de nuestra vida.

José fue un hombre de familia. Amó a su familia, se entregó por ella, la cuidó; como padre se desvivió por cada uno de los miembros de su familia. Él nos quiere enseñar a amar nuestra familia concreta, la de cada uno de nosotros (papás, hermanos, hijos, abuelos, etc). Él nos quiere enseñar a entregarnos día a día para fortalecer y cuidar nuestras familias. Este es el sentido también de la consagración de nuestras familias y hogares a San José que haremos entronizando su imagen en nuestras casas (como nos preparado para ello en todo este tiempo).

San José es el patrono del trabajo y de los trabajadores. En la estatua que entronizaremos, vemos que un Jesús joven tiene un serrucho en sus manos. José le enseñó a Jesús el oficio de carpintero. San José nos quiere enseñar a tomar el estudio y el trabajo de cada día como un verdadero camino de santidad, a vivir los valores del esfuerzo, la laboriosidad, la responsabilidad y de esta manera contribuir a forjar un Paraguay distinto y mejor.

San José quiere ser un modelo muy especial para los jóvenes. Él como joven se enamoró de María, quería formar una familia con ella, pero también estuvo abierto al Plan de Dios para su vida. En este Santuario Joven, le queremos pedir a San José que los ayude a ustedes los jóvenes, a buscar y encontrar su vocación, el proyecto de Dios para sus vidas, y a comprometerse con generosidad de alma en esa aventura.

San José, el varón justo, nos quiere enseñar a vivir la justicia, la honestidad y luchar contra toda forma de corrupción, mentira, trampa e inequidad…

San José, el padre de los pobres y afligidos, nos enseña y moviliza a salir al encuentro de todo aquél que sufre y pasa cualquier necesidad; nos enseña a practicar la caridad y la misericordia con obras y gestos concretos sobre todos hacia los marginados, los enfermos, los excluidos… él nos enseña a ver a su Niño Jesús en cada prójimo, sobre todo en el más vulnerable.

San José, en esta cultura donde todo es descartable y efímero, nos enseña también el valor de la fidelidad a Dios, a las personas que amamos, a los ideales, a los valores y principios que rigen nuestras vidas. El nos enseña a luchar y perseverar en medio de las dificultades de nuestro camino.

San José, el varón puro y casto, es un modelo para nosotros de cómo debemos amar con pureza y bondad de corazón. A nosotros los varones, especialmente, nos ayuda a ver y tratar a cada mujer con esa nobleza y respeto como él lo hizo con María.

San José, el santo del servicio desinteresado y de la humildad, nos quiere enseñar a buscar en todo lo que hacemos no los “likes”, los aplausos de la gente, sino solo la gloria de Dios y el bien auténtico de los demás.

San José, cuya misión fue la de hacerse “cargo del niño y de su Madre”, quiere despertar en nosotros cada vez más el compromiso apostólico. En este año del laicado, San José nos moviliza para que llevemos a Cristo a todos los ámbitos de nuestra vida y forjemos de esta manera la Nación de Dios. Él implore para nosotros la gracia de crecer en el amor a nuestras comunidades y grupos, a nuestra Familia de Schoenstatt, a la Iglesia y a nuestro Paraguay.

Queridos hermanos. En el Evangelio de hoy resuena con fuerza la voz de Juan el Bautista: “en el desierto, preparen el camino del Señor” (Lc 3,4) Eso mismo nos dice hoy San José a nosotros: aquí en este Santuario Joven, en la ciudad, preparen el camino, abran y preparen sus corazones al Señor que viene y quiere nacer nuevamente en medio de nosotros.

Amén

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