A la generación fundadora de Schoenstatt en Paraguay

Queridos hermanos miembros de la generación Fundadora del Movimiento de Schoenstatt en Paraguay:

A modo de conclusión de esta hermosa noche de testimonios, quisiera decir sólo unas pocas palabras (ya nos hemos enriquecido bastante con todo lo que ustedes nos han compartido, cómo han abierto sus corazones; con los saludos que hemos escuchado; con las canciones que pertenecen a nuestra historia santa…). Con ocasión de las bodas de plata sacerdotales del Padre Fundador, en el año 1935, él pronunció una hermosa alocución en la que hace un largo agradecimiento (a Dios, a la Mater, a muchas personas vivas y difuntas) y también agradece especialmente a los que vendrán, a las generaciones futuras:

“Quiero agradecer a los que aún no viven, a los que vendrán. Porque ¿Qué será de Schoenstatt si las generaciones futuras no están colmadas y encendidas por este mismo espíritu que nos anima? En la Familia debería ser ley perpetua que cada generación reconquiste Schoenstatt para sí. Agradezco a las generaciones de los siglos venideros por la labor positiva que puedan desarrollar… Si Dios no nos da hombres que en cada nueva etapa histórica trabajen con los mismos medios, con los mismos objetivos y por el mismo camino, la obra será flor de un día, será efímera. Que Dios, que hasta ahora nos protegió, y que la Sma. Virgen, que hasta ahora nos cubrió con su manto, derramen sus gracias sobre nosotros; que por nuestra fidelidad en la trasmisión de los bienes heredados a las generaciones futuras, ellos nos regalen en cada época venidera, hombres que entreguen sus vidas por Schoenstatt. Desde aquí quiero agradecer cordialmente a esas generaciones futuras”1. 

Creo que estas palabras las podemos aplicar especialmente a todos ustedes miembros de generación fundadora del Paraguay (también a los que no han podido venir en esta noche, a otros que ya han partido a la eternidad…a tantos otros testigos de diversas horas fundacionales que fueron llegando después). Ustedes son esas generaciones a las que se refería el Padre que han vivido la fidelidad en la trasmisión de la herencia y han entregado sus vidas totalmente a Schoenstatt.

En la alocución citada, el Padre Fundador termina diciéndonos que debemos ser fieles a la Mater y a su santuario, ser fieles a su Obra y ser fieles los unos a los otros. Sabemos cuánto valoraba el Padre la fidelidad en una persona, y él la definía como esa “capacidad de mantener siempre puro, vivo y lozano la fuerza del primer amor”. En estos tiempos en que todo es efímero, en que los amores y los ideales son descartables y pasajeros…¡Qué hermoso es para todos nosotros, ver y constatar que los corazones de ustedes que hace 60 años atrás fueron “CONQUISTADOS” por la Mater, siguen latiendo con el mismo fuego, con la misma pasión, con el idealismo de entonces: siguen ardiendo por la Mater, por Dios, por Schoenstatt, por la familia!.

Si bien podemos decir con justa razón que gracias al Padre Kentenich, a la generación de los primeros congregantes y a otros que vinieron después, la semilla de Schoenstatt llegó al Paraguay, también debemos decir que gracias al Sí valiente, fiel y generoso de ustedes estamos nosotros hoy acá…(Como nos recuerda San Pablo: “no eres tú quien sostiene la raíz, sino que la raíz te sostiene a ti” Rm 11,18). En nombre de toda la familia de Schoenstatt del Paraguay queremos expresarles un profundo agradecimiento (nos quedamos cortos con las palabras) Gracias por su fidelidad probada, gracias por ese SÍ renovado día tras día, gracias por mantener “puro y lozano el primer amor ¡Gracias!

Termino recordando esa hermosa canción de Schoenstatt de la primera generación, que conocen muy bien y que se puede aplicar muy bien a ustedes:

“La primera legión, quién podría olvidarla,
entre miles y miles ella fue la escogida,
muchachada que alegre, victoriosa y gallarda,
por el Reino de Schoenstatt, inmolaran sus vidas:
Se entregó por entero, con audaz corazón,
sin preguntas ni quejas, la primera legión.

La primera legión, fue la más generosa,
en la fe y el amor y la entrega confiada
del fracaso supieron, de la sed y el cansancio.
Cuanto fue bendecida tanto así fue probada.
Se entregó por entero, con audaz corazón,
sin preguntas ni quejas, la primera legión.

La primera legión, fue la más victoriosa,
Acallar nadie pudo su cantar de esperanza,
Ni prisión ni destierro,
Ni la sangre ni el fuego,
ni el morir con la muerte que sellara su alianza
Se entregó por entero…
Todo todo, lo dieron por cumplir su misión”.

¡Gracias de corazón!

1. JK, Kentenich Reader Tomo I, pág 66.

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