Corría el año 2006 y encantada por la idea de poder conocer a otras niñas de su edad, jugar, bailar y cantar con ellas, Mariela Torres, que en aquel entonces cursaba el cuarto grado aceptó ir a una reunión que poco y nada sabía de qué se trataría.
“Recuerdo que una tía me invitó a ir a la reunión, acepte sin tener idea que iba hacer ahí”, rememoró Mariela, que actualmente ya tiene 22 años, sobre su primer encuentro con la Mater.
PASO A PASO
De a poco fue descubriendo Schoenstatt, y sin darse cuenta ese fue su primer gran SI. De allí en adelante la Mater se encargó de acomodar todo para que finalmente Mariela acepte tomar el mando de la Juventud Femenina de Ciudad del Este durante el 2019.
“Hice mi Alianza de Amor el 27 de octubre del 2013. Durante el proceso de formación pasé por varias pruebas… pero todo valió la pena. Ese 27, entendí que de ahí en más, ya no estaría sola. La Mater se volvió mi aliada hasta en las cosas más mínimas que hacía o tenía que decidir”.
Sobre lo que representa ser una JF para ella, refiere que es impactar en el mundo.
“Impactar tanto que donde me toque estar, pueda dejar una huella. Muchas veces, puede ser con nuestras opiniones o nuestro punto de vista, pero tanto más con nuestras acciones… con una mirada, una sonrisa o un abrazo también podemos dejar huellas”.

DESAFÍOS
Uno de los momentos más duro que le tocó pasar como Schoenstattiana fue luchar contra la falta de tiempo, ya que hace unos años fue catequista de un grupo de confirmación y el horario le coincidía con la reunión de su grupo de vida.
“Fue un año difícil porque lamentaba mucho no poder formarme. A veces, ya no me sentía parte del movimiento, porque tampoco podía ir a las misas del santuario, puesto que tenía que acompañar a los chicos a la misa de la capilla. Cuando estaba muy bajoneada y luego de una larga charla con la Mater, me llega un mensaje de invitación para la preparación al poder en blanco y para formar parte del círculo de miembros”, detalló la nueva jefa de la JF de CDE.
Con esto, la Mater le demostró una vez más que ella ya lo tenía todo planeado, luego de muchas oraciones de por medio, dio un nuevo SI a nuestra madre y en octubre del 2018 selló su poder en blanco y consagración al círculo de miembros.
EL ÚLTIMO GRAN SI
El último gran SÍ que dio al movimiento fue como jefa de la Juventud Femenina.
“Sin dudas es una gran responsabilidad que me hayan depositado la confianza. Uno nunca espera que le llamen para ser jefa, para mí fue una sorpresa. Después de mucha oración, di mi sí a la rama”.
Resaltó que la JF de CDE trabaja muy duro para todas las actividades que emprenden como rama.
“Tras cada actividad, nos damos cuenta de los tantos talentos que tenemos! Con nosotras, las manualidades, los bailes y los cantos no se quedan atrás. Por último pero no menos importante, la oración. Juntas estamos cultivando el alma y rezamos por las vocaciones, en particular de nuestra diócesis. Estamos felices por la Hna. María Felicia y esperamos ansiosas la próxima vocación”.
PROYECCIONES
En cuanto a los planes que tiene pensado llevar a cabo mencionó a busca que la JF se interiorice aún más de lo que pasa en el país y en la Iglesia. Pretende llevar a cabo charlas, debates, jornadas, actividades que las ayude a encontrar esa respuesta que todas necesitan para salir armadas al campo de batalla. Todo esto sin dejar de lado los apostolados y los momentos con Jesús.
“Vivimos en un mundo donde todo parece relativo, y ahí viene lo que más me gusta de la JF, la respuesta que puede dar al mundo. Una respuesta auténtica y valiente, que se hace palpable en nuestro día a día cuando hacemos ‘lo ordinario, extraordinariamente bien’. Anhelo una JF que busque un Paraguay comprometido con la verdad, la justicia y la vida”, concluyó esta joven con grandes ideales para hacer crecer aún más a la rama en el este del país.
¡UN POCO MÁS!
A Mariela le gusta el deporte y le apasiona el periodismo, se encuentra cursando el cuarto año de la carrera. Desde hace 2 años practica crossfit, “estoy en el intento”, nos cuenta entre risas. En su tiempo libre le gusta escuchar música, cantar, bailar y leer libros.
“Amó a la iglesia. Somos católicos y no podemos quedarnos fuera de ella. ¡Schoenstatt es para la Iglesia”, es la frase del Padre José Kentenich que siempre tiene presente.



