En el camino de una peregrinación que hicimos por lugares santos, llegamos a Cambrai, ciudad y comuna francesa, con una población que no alcanza los 40.000 habitantes. Este fue el lugar donde, el 4 octubre de 1918, entregó su vida el soldado y seminarista pallotino- schoenstattiano José Engling. Fue durante la ofensiva de los cien días en la primera guerra mundial.
En su homenaje se construyó un Santuario de Schoenstatt en un lugar despoblado, frente al sitio donde se estima cayó abatido por esquirlas. José Engling fue uno de los congregantes heroicos a quien el Padre Kentenich lo consideraba como el “Acta de Fundación Vivida”, por su entrega y fidelidad. Aún en plena guerra, nunca dejó de cumplir con su horario espiritual. Nos decíamos a nosotros mismos: cómo me cuesta hacer esa tarea y él lo hacía en medio de las batallas. Todo eso porque él se consideraba y actuaba como entera propiedad de la Virgen y simplemente hacía suya la oración de consagración.
Estar en este lugar, donde un alma joven, quien entregó su vida a los 20 años de edad, oriundo de Polonia, fue algo similar a estar junto a él, sentir vibrar su ímpetu juvenil, con una pasión a ideal personal que ya lo dice todo “Quiero ser todo para todos y entera propiedad de María”. Era la entrega total a los demás, a través de la Mater. Nos venían enormes deseos de “traerlo” a Paraguay para encender nuestros corazones con ese entrañable amor a la MTA y a su Hijo.
Todos los peregrinantes sentimos una fuerte emoción y nuestros corazones ardían de entusiasmo y de amor en ese momento.
“Esta sería la esquirla de la bala que acabó con la vida de José Engling”, nos decía el sacerdote que gentilmente nos acompañó y atendió en todo momento, desde que llegamos, con una tenue llovizna, mientras nos señalaba ese pedazo de hierro que ven allí, fue el instrumento que llevó al joven José, hacia la casa del Padre eterno…
Comentábamos entre los peregrinantes, que cada lugar, cada pedacito de tierra que tocamos, es como acercarnos a quienes estuvieron en estos lugares, hace ya muchos años, y que vivieron de una manera extraordinaria su fe… y eso fue lo que hoy día, los tienen como modelos de estas generaciones…
Aprendimos mucho, pero fundamentalmente, que el ejercicio de la fe y de la vocación de cristiano, no es fácil, como no lo fue para José Engling y otros mártires…


