Nuestro camino hacia el Santuario

Somos Olga y Héctor, nos conocimos en la Universidad donde fuimos compañeritos, después de unos años de novios (9 años)  nos casamos y de eso hace ya 17 años (casi 18). Frutos de nuestro matrimonio y regalo de Dios, nacieron Anahí (16) y Gaspar (14).

Ambos venimos de familias católicas, pero no éramos muy practicantes. Nos íbamos a misa el Domingo de Ramos, y a Caacupé peregrinamos el 7 de diciembre (con sol o lluvia, siempre), y algunas veces asistíamos a misa los domingos, eran nuestras prácticas. También algunas veces al año, pero no más de 2, visitábamos el Santuario de Tuparenda, donde sin duda, olíamos y respirabamos una paz que sin saberlo, ahora nos damos cuenta, era el eco sutil, de un llamado.

Cuando llegó el momento de buscar colegio para Anahí buscamos uno católico que nos ayude en su formación, delegando así inconscientemente su educación religiosa. Cuando Anahí se preparaba para su primera comunión, como parte de su preparación  y porque ella así lo sintió, nos pidió ir a misa los domingos.

Como en nuestro barrio la Iglesia más cercana es la Catedral de San Lorenzo y por alguna razón no nos sentíamos cómodos por, digamos lo grande de la comunidad que asistía a la misa y celebraciones, buscamos una iglesia más de comunidad pequeña, pero siempre sentíamos que algo nos faltaba. Empezamos a rezar en familia, lo hacíamos en el auto o al salir de casa rumbo al colegio, pero no era suficiente, teníamos que encontrar un lugar en el que nos sintiéramos cobijados. Nos gustaba mucho ir a Tuparenda pero nos quedaba lejos para ir seguido, por lo que empezamos a rezar en familia para encontrar un lugar al cual ir y encontrar ese llamado que nos haga sentir que fuimos, somos y seremos elegidos por él.

Una sobrina nos contó que conoció el Santuario Joven, por lo que decidimos ir un viernes de enero, la primera misa a la que asistimos la celebró  el Padre José Pontes, y realmente parecía hecha para nosotros, quizás, por primera vez, y en familia, escuchamos el llamado de nuestra Madre ¡y a ella, no se la puede ignorar, es imposible!

Decidimos que en familia, sin falta, nuestro día de ir a misa serían los viernes. Así empezamos nuestro camino hacia la Alianza de Amor, sin saberlo, un verano del 2.013, el primer viernes del año.

Cuando llegó la cuaresma, como íbamos los viernes al Santuario,  participamos del vía crucis, y con mucha emoción vivimos en familia una Cuaresma diferente. Al llegar la Semana Santa decidimos ir  a misa toda esa semana, realmente nos sentimos cobijados en el Santuario, nos sentimos en casa, y un poco, cerca de la cruz, con él, con su hijo.

De a poco fuimos conociendo a los Sacerdotes,  a las personas que ayudan en el Santuario en las misas (Sacristanes, Coordinadores, Ministros de la Comunión). Allí todos nos hacían sentir, como si siempre fuimos del movimiento. Varias personas, antes de los un año de asistir a misa todos los viernes,  nos invitaron a unirnos al movimiento, y finalmente hace 3 años el Padre Martín nos invitó (con suave violencia) nuevamente. Iniciamos en la Rama Familiar y  el año pasado hicimos nuestra Alianza de Amor con la Mater, con el grupo Sempiterno.

Así, conocimos hermanos maravillosos, y unos papás del corazón (Nila y Tito) que nos guiaron desde el primer paso y con quienes hemos pasado momentos y experiencias de alegrías y penas, pero siempre intentando servir y ser un poco cada día, a semejanza de nuestro Padre Fundador, a nuestra Madre y a su Hijo.

Nuestra historia de Alianza, es un camino sencillo, recorrido y vivido día a día y buscando en los pequeños detalles, lo que ella como Aliada nos regala. Muchas anécdotas y momentos han pasado, y solos, hubiese sido un camino muy difícil de recorrer, porque en los momentos difíciles, ella nos cobija, él nos sostiene. Y en los momentos de felicidad, ella nos sonríe, él nos apacienta.

Para nuestra familia, Schoenstatt es el camino a Jesús, un camino que estamos recorriendo todos los días, un camino iluminado por nuestros dos Aliados que desde aquel primer viernes de Enero, sentimos cada vez con más intensidad en nuestros corazones, nuestra Madre y Reina tres veces admirable Virgen de Schoenstatt y nuestro Padre fundador, José Kentenich.

Estamos muy felices que puedas leernos. Esta Plataforma es un nuevo formato de presentación de nuestra tan querida Revista Tupârenda, que con mucho esfuerzo un equipo de personas lo lleva adelante voluntariamente.

¡Apoyá a la Revista Digital con una donación! Todo aporte suma a cubrir los costos tecnológicos y de mantenimiento, para así seguir cumpliendo con la tarea de difundir la Alianza de Amor sin fronteras.

Otros artículos

Suscribite a nuestra lista de emails

Suscribite a nuestra lista de emails

No te pierdas de nada. Suscribite y recibí todas las noticias.

 

 

Te has suscripto a nuestra lista :)

Compartir esto