Cuando un anhelo que viene de Dios se imprime en el corazón, todas las fuerzas físicas y espirituales se unen para que pueda hacerse realidad.
El Padre Kentenich vivió en carne propia, en cada capítulo de su vida, el “Hágase tu voluntad” que le rezamos a nuestro Padre, tal como nos lo enseñó el propio Jesús. La ordenación sacerdotal de nuestro padre fundador no está exenta de esta consigna.
Y es que a los doce años, el pequeño José ya sintió el llamado a la vocación sacerdotal, durante su primera comunión. Así se lo manifestó a su madre, Catalina, quien sintió una gran preocupación por el cumplimiento de este deseo. Hijo de una madre soltera, aquel adolescente probablemente no sería recibido en cualquier seminario en una época distinta a la que conocemos actualmente. Sin embargo, el “hágase” comenzó a ganar lugar gracias a una comunidad que sí estaba dispuesta a recibirlo: la de los Padres Palotinos.
Así, el jóven José logró ingresar al seminario menor de los Palotinos donde comenzó su formación intelectual y espiritual, bajo el lema “Oración, trabajo y estudio”.
Este camino tampoco fue fácil para él. Aquel seminarista era distinto: buscaba descubrir la verdad en medio de un sistema pedagógico que no se acostumbraba al estudiante pensante, curioso y observador, y en seguida fue considerado por algunos profesores como un estudiante rebelde cuya capacidad de obediencia era puesta en duda. A esto se sumaron algunas crisis que el mismo padre José mencionaba sufrirlas, tal vez a causas de su salud física y también emocional.
En definitiva, a los ojos humanos, aquel joven no era un candidato ideal para el sacerdocio y cuando llegó el tiempo de realizar su profesión perpetua quedó fuera de la comunidad de los palotinos por decisión del consejo de superiores.
Sin embargo, el Padre Michael Kolb, superior de la provincia y asesor espiritual de José Kentenich vio en él a un novicio inteligente, capaz de hacer mucho por la iglesia e influyó decisivamente para que fuese aceptado. La historia se encargaría luego de demostrar que esa fue la decisión más acertada y que el “hágase” de Dios es infalible.
UNA ANHELADA ORDENACIÓN
Es así que el próximo 8 de julio nos volvemos a reunir alrededor de la figura del Padre Kentenich para recordar un aniversario más de su anhelada ordenación sacerdotal. Nos unimos todos los miembros de una gran familia que él mismo formó
Celebramos la ocasión en que la Iglesia recibió a un sacerdote lleno de ganas de servir a Cristo en los demás, un hijo de Dios que más tarde afirmará: “La riqueza más grande refluye sobre aquel que se esfuerza por poner todas sus fuerzas al servicio de las almas”. (11/8/1935)
Queremos celebrar juntos y agradecer como familia los 112 años de ordenación sacerdotal de nuestro Padre fundador.
El mismo Padre José nos indica que su vida sacerdotal es una razón importante para dar gracias: “Sí, también sé y admito con gusto que hay pocas vidas sacerdotales tan extraordinariamente bendecidas como lo fue la mía. Lo que yo he llegado a ser, lo que se ha generado a través de mí y lo que se ha generado a través de ustedes, se ha generado por obra de nuestra Madre tres veces Admirable de Schoenstatt” (11/8/1935).
Por eso, el Secretariado del Padre José Kentenich Paraguay invita a toda la Familia de Schoenstatt a participar de la Santa Misa en el Santuario Joven el viernes 8 de julio a las 19:30 h y posteriormente ofrecer un denario a la Santísima Virgen María.
Además, estaremos compartiendo un video acerca de la figura del padre Kentenich y su visión profética, con la presencia de la Hermana Georgina, quien hará una reflexión sobre el material y el sacerdocio del fundador.


