Hoy, Jueves Santo, conmemoramos la Eucaristía como el regalo de amor más grande, también toma gran protagonismo la institución de uno de los Sacramentos de entrega y abandono total al Señor: el Sacramento de la Orden Sacerdotal y la Vida de Servicio a los demás.
Este día, no solo marca el inicio del Triduo Pascual. También es propicio recordar las palabras de Dios Hijo en la última cena: “Hagan esto en conmemoración mía”. Por ello, recordamos a todos los valientes que dijeron sí, como su madre, María, que con esa mirada nombre y un gran corazón aceptó vivir una vida consagrada a Jesús.
Finalmente, con el gesto del lavado de los pies hoy tenemos más presente que nunca a todos aquellos que dedican su vida a servir de manera humilde y extraordinaria a los demás cumpliendo el último mandamiento de Cristo.
Como familia Schoenstattiana, nuestro Padre José Kentenich fue un claro ejemplo de ello. Fue consagrado a la Mater por su madre con apenas 8 años de edad y hasta su último aliento luchó por sus ideales y estuvo al servicio de los demás.


