En este día recordamos cuando a Jesús le ofrecen un plato de comida en la casa de su resucitado amigo Lázaro y María lo unge con perfume.
Ante tal episodio la reacción de algunos fue la de criticar el hecho, diciendo que sería de mayor provecho vender el perfume y darle el dinero que se obtendría a los pobres.
Si nos ponemos a analizar nuestros actos ¿Cuántas veces nos convertimos en esa persona que no le gusta ni siquiera que se venere a Dios? ¿Cuántas veces criticamos incluso las cosas que están dedicadas al propio Jesús? Nos creemos muchas veces mejores que los demás y lo único que aportamos es la crítica despiadada.
Mucho podríamos aprender de nuestro recientemente fallecido Padre Antonio Cosp, a quien muchos recuerdan por siempre alentar a los demás y aportar un mensaje positivo incluso cuando correspondía tal vez lo contrario. Tomemos ese ejemplo, busquemos ser schoenstattianos y personas de bien que aportan sus opiniones y correcciones sin ofender, en el marco del respeto. Pero principalmente aportemos nuestro trabajo y ayuda, más que una crítica.


